
Obviamente una encuesta que tenga como tema de discusión la creación artística no puede limitarse a una mera descripción de respuestas inmersas en la fría dicotomía del "cierto" y "falso". Las limitaciones de espacio de la versión texto de Letralia nos impidieron transcribir la totalidad de los mensajes recibidos, por lo que hemos preparado un espacio en nuestra versión gráfica, recién estrenada. Pulse aquí si quiere leer la transcripción íntegra de los mensajes recibidos.
No quisimos realizar esta encuesta pensando en números, sino en letras, razones, sensaciones, que es lo que al fin y al cabo priva en el arte de escribir. Cabe aquí entonces hacer una breve descripción de quienes participaron escribiendo a nuestra dirección electrónica antes del viernes 30 de agosto. Están alfabéticamente ordenados por su apellido.
Jordi Blasi, dice haber escrito
algunas cosillas, "nada espectacular, pero supongo que puede valer mi
opinión".
Milton Carrero, escritor
puertorriqueño.
Johan Derks, escritor
chileno.
José Catalán Deus, cabeza
visible del Proyecto Comunicacional Grround!
Víctor M. Dmytrejchuk,
estudiante de las carreras de Ingeniería de Sistemas y Educación, en las
áreas de filosofía y religión, moderador del foro Universidad Virtual en
Los Teques BBS, Venezuela.
Mirco Ferri, escritor
venezolano.
Daniel Gavidia, Maracay, estado Aragua, Venezuela (vía Bibliosoft
BBS).
Roberto Hernández Montoya,
periodista venezolano, columnista del diario "El Nacional".
Alejandro Luy,
escribe desde Relaciones Institucionales de la Fundación Tierra
Viva, en Venezuela. En su carta se describió a sí mismo como un "pichón de
escritor".
Jesús Morales,
desde México.
Jorge Claudio
Morhain, escritor argentino.
Luis Pasco Chávez,
desde México.
Carlos Ruvalcaba,
periodista y escritor.
Rui Miguel Santos,
escritor venezolano.
Carlos Sicilia, humorista
venezolano.
Con esta afirmación quisimos abrir la polémica respecto al medio empleado para crear literatura. Tal parece que la relación del escritor y el medio es una cuestión de empatía, y suele variar de acuerdo a la personalidad de cada individuo.
Para algunos de los autores consultados el estilo se enriquece. Luy explica en su carta que las funciones comunes del computador de cortar y pegar información permiten al escritor plasmar "primero ideas para luego armarlas". Pasco cree que la computadora le facilita el trabajo y le "permite pensar y escribir con fluidez". Ortega dice no tener cómo comparar uno y otro medio pues sólo ha escrito con el procesador de palabras, pero sí afirmó que encuentra dificultad "en seguir los vericuetos de mi propia ideación cuando no hay manera fácil de 'desdecir' lo escrito", o sea, escribiendo a máquina o con lápiz y papel. Derks dice que la herramienta no debería influir, pero "el computador como herramienta para escribir ofrece muchas facilidades de las cuales el escritor puede llegar a abusar un poco. El escritor... revisando el trabajo del día anterior lo puede hoy modificar, cambiando con esto la idea que le dominó en la escritura". Gavidia definitivamente cree no poder escribir con un medio distinto a la computadora: "lo poco que he escrito lo he hecho con mi PC. No puedo sentarme, como muchos, en algún sitio con un lápiz y un papel a escribir una historia o un poema. No sé si me he hecho dependiente de mi PC (lo cual, lamentablemente, es muy probable) pero mi inspiración aparece cuando estoy sentado frente al monitor".
Para otros la computadora o, en fin, cualquier medio empleado para expresar las ideas, no influye en lo que se escribe. Blasi, por ejemplo, nos escribe que la computadora no influye en el estilo, "se puede estar más o menos cómodo con ella, pero la creación es anterior e interior" y cree que "el que se ponga sobre el papel de una manera o de otra sólo afectará a la presentación". Para Sicilia, "todo está en la mente, independientemente del mecanismo que se use para plasmar las ideas". Dmytrejchuk dice que "el estilo y/o 'firma' particular de un autor se mantiene incólume en cualquier soporte, medio o forma de comunicación", y apoya el uso de la computadora pues ésta permite ahorrar tiempo en tareas como la presentación visual del mensaje. Roberto Hernández dice no creer que el estilo cambie. "Tal vez se haga más flexible acceder a recursos como el diccionario de sinónimos 'on-line', o corregir. Tal vez la rapidez pueda hacer variar el estilo en algo, pero no tengo evidencias sobre eso". Sánchez, por su parte, antepone el talento al instrumento en la creación literaria. El ha escrito usando los tres medios descritos en la afirmación incluida en el punto 1 de la encuesta, y dice que no ha observado cambios.
Para otros el estilo cambia, pero no para enriquecerse, sino para empeorar. Morales dice que "hay más intimidad en la pluma", mientras que el procesador de palabras le brinda "más rapidez y composturas". "Escribir", afirma, "no es sólo tener instrumentos para hacerlo, sino también un acto de pensar y sentir". Carrero agradece a la computadora el ahorro de grandes dolores de cabeza, pero "aun así no confío en ella ciegamente. Nada como el método tradicional del lápiz y papel", método que aseguró usar antes que la computadora. "Pero siempre es bueno tener la copia original a puño y letra. Así es como mejor se captura la inspiración". Ruvalcaba afirma que "el estilo sí cambia dependiendo de la herramienta que se use para escribir. El lápiz o bolígrafo siempre está más conectado al corazón, a las emociones, mientras que los medios mecánicos o electrónicos, llamémosles, los teclados, dan oportunidad a la revisión y el análisis". Para él, las revisiones rompen "con la intimidad de un momento, y en mi caso muy particular, me da pereza volver a escribir y poner en limpio algo que salió, digamos del corazón". El lápiz permite escribir sin errores ortográficos; los teclados le impiden, a su juicio, detenerse al cometer alguno; las máquinas eléctricas le obligan a mecanografiar una y otra vez el material. "Desde ese punto de vista, me quedo con las computadoras, son una verdadera maravilla, y pienso que para el escritor con cierta experiencia no le resulta tan difícil poder controlar sus ideas y manejarlas al ritmo del sonido del tecleo...". Pero, pese a que admite que, "con cierta destreza en los dedos se puede alcanzar la intensidad emocional que transmite escribir a mano, definitivamente el estilo entre una herramienta y otra afecta el estilo".
Morhain cree que el estilo sí cambia, aunque no especifica su opinión respecto a si es para mejor o para peor. El dice simplemente que "el estilo cambia cuando se dicta, cuando se escribe a mano con letra cursiva, cuando se escribe con letra de imprenta, cuando se lo hace a máquina mecánica, con máquina eléctrica, con computadora de escritorio o laptop". Agrega que, "en general, uno cambia siempre, cada vez que escribe". Para Santos es algo en lo que habría que pensar: "es posible que así sea. Es probable que al estar sentado frente a la computadora, no surjan las ideas de la misma manera que al estar escribiendo algo en lápiz y papel".
En alguna época, particularmente a principios del auge de la computación personal, afirmaciones como ésta tuvieron sus seguidores. Suele encontrarse una y otra vez en ciertos círculos donde la computadora aún es vista como parte del imaginario futurista y no de nuestra realidad actual. La respuesta unánime de los escritores que participaron en la encuesta fue un rechazo rotundo a esta afirmación. Blasi, por ejemplo, dijo que, a pesar de escribir en la computadora, "escribo cosas que intento sean reales". Pasco ubica la ciencia ficción "en el talento, imaginación y creatividad del escritor, no en el medio que utiliza para escribir" y para Dmytrejchuk la computadora sirve para "irradiar todo género de mensajes, que van desde lo sutil, lo pragmático, lo técnico... hasta lo vulgar o de mal gusto". Sánchez rechazó también la afirmación expresando que "se escribe lo que se siente, lo que se quiere, lo que se piensa". Ortega también estuvo de acuerdo en esto, aunque piensa que "las personas quienes son más entusiastas de los adelantos tecnológicos suelen ser, a menudo, también aficionados a la ciencia ficción". Morhain no afirmó ni rechazó la aseveración propuesta, y su opinión fue que "vivimos en medio de la ciencia ficción. Cualquiera que la haya leído por los '50 sabe que este es el mundo entonces descrito". Tampoco Ruvalcaba apoyó la aseveración: "a través de cartas escritas en mi computadora estoy a punto de realizar mi sueño de casarme con un amor que creí imposible. Mi computadora me ayudó a enamorar a mi prometida, algo absolutamente real y humano que nada tiene de ficción". Comenta que ha escrito con su computadora mucho material que nada tiene que ver con la ciencia ficción.
De nuevo sobre el tema, y preparando a los encuestados para la cuarta afirmación, quisimos hurgar un poco más en las relaciones entre temas y medios. La respuesta absoluta fue que no. Blasi anotó acertadamente que la ciencia ficción es un tema probablemente más cercano a aquellos que entiendan lo que está ocurriendo en materia de nuevas tecnologías. "A mi abuelo", continúa, "hablarle de temas como Internet, robots y demás modernidades puede resultarle absurdo". Dmytrejchuk recordó que la ciencia ficción es un tema anterior al desarrollo de la computación personal, al igual que Sánchez. Morhain respondió con ironía: "sólo para quienes tienen computadora Silicon Graphics, con 20 gigas de rígido y pantalla de 100 pulgadas. O sea...". Explica Ruvalcaba: "las computadoras han dejado de ser una ficción... se usan para todo... Digamos que es algo que cada vez se hace más normal, como tener un auto para ir a trabajar o como hablar por teléfono en un aparato celular mientras viajas en el metro en un vagón repleto de gente... Eso ya es una realidad, no una ficción, y por eso no creo que la ficción sea sólo para quienes tienen computadora, pues el padre de todos los escritores de ciencia ficción, Ray Bradbury, escribió sus primeras historias a máquina". "La ciencia ficción es un género abierto a todo el mundo", nos escribe Santos. "Para escribir y/o leer ciencia ficción no es en absoluto necesario tener una computadora".
La respuesta a este punto fue, como en el primero, variopinta. Apartando el hecho simple de que es difícil definir lo que es un tema serio, lo es también establecer la seriedad de un tema de acuerdo al medio empleado. Pasco recomendó revisar las experiencias de García Márquez, Vargas Llosa y José Saramago, "quienes utilizan modernas computadoras". Para Dmytrejchuk, los temas serios pueden abordarse usando para ello cualquier medio, "sin embargo, un punto crítico es el momento, el instante psicológico del público receptor, que puede o no dar validez al tema abordado". Morales afirma que esto depende de la familiaridad del escritor con los medios. Ortega repregunta sobre lo que es un tema serio. "Para Aristófano", comenta, "lo absurdo era tema serio. ¿Es la comedia un tema serio? ¿Y acaso la vida, por lo serio que sea, no tenga su perspectiva ridícula?". Santos remite a los foros y listas de distribución en Internet que abordan temas serios. Hernández alude a lo que él denomina "la leyenda negra de la computadora": "la idea de que deshumanizan, de que sólo sirven para el cálculo frío, etc. Sucede a menudo con toda nueva tecnología. La computadora es un instrumento, formidable, pero instrumento". Para Hernández, las preguntas 2, 3 y 4 representan a esta leyenda negra.
En este punto parece haber consenso. Los escritores que participaron se mostraron conformes en que, sea cual sea el medio para expresar las ideas, la forma como éstas están expresadas depende del escritor y no del medio. Luy, al respecto, dice que "cuando existe la necesidad de escribir o, en general, de expresarse, se buscan los recursos". Sicilia estuvo también de acuerdo con esto. Blasi reduce la importancia del medio: "la creatividad dependerá de otros factores, entre ellos lo a gusto que esté el autor con esos medios". Pasco estuvo de acuerdo, advirtiendo sin embargo que "la computadora facilita el trabajo del escritor". Morales ejemplificó: "hay servilletas que dicen más que una novela". Ferri apoya el empleo de la computadora. Cuenta que en una película sobre Dashiell Hammett se observa al escritor terminando una novela, rodeado de hojas arrugadas. "En ese momento me dirigí a mi esposa, que me acompañaba, para decirle: 'si no fuera por el procesador de palabras, yo nunca hubiera empezado a escribir'. Más adelante, la trama se complica, y Hammett pierde el manuscrito que le había costado tanto trabajo producir... ¿Es más noble el trabajo que nos cuesta mayor esfuerzo? ¿Qué cuenta más, el resultado final o los medios utilizados para lograrlo? En mi opinión, un escritor es bueno o malo independientemente de la técnica que emplee para producir su trabajo". También Ruvalcaba apoyó la afirmación: "uno de los principales placeres que he sentido es escribir un poema de amor a mano sobre la mesilla del respaldo del avión, mientras viajaba entre las nubes". Para Santos esto podría ser cierto, aunque admite que "es probable que cambie en algo la 'inspiración' dependiendo del medio que utiliza".
Deus propone un punto para la polémica, ajeno al expresado en la afirmación. Para él, no es "producción" el término adecuado: "¿que produce? Que crea, quizás es mejor". Ortega también optó por profundizar en otro punto: "el escritor auténtico produce", dijo, "pero no lo hace auténtico el hecho de que produzca sino que saque de su vida literaria algo que ataña a la condición general del ser humano". Morhain plantea algo similar: "suponiendo el avatar de que exista ese 'auténtico', sí. Partiendo de la premisa de que 'auténtico' no existe, pues nada".
La computadora es una tecnología relativamente nueva. Para muchísimas personas a nivel mundial sigue siendo un objeto de lujo o un artificio duro de domesticar. Los escritores participantes dieron más importancia al producto que al aprendizaje. Al respecto, Blasi afirma que "si eso fuera así nuestra mayor expresión artística sería un bisonte dibujado en una pared". El individuo está en un constante aprendizaje, y en esto se incluye al escritor cuando se enfrenta a la informática. Concluye con una pregunta: "¿desde cuándo el conocimiento y el aprendizaje hacen al hombre estéril?". Sicilia ironiza: "¡Sí, porque manejar Word es peludísimo!". Dmytrejchuk dijo que "los medios informáticos, como todo elemento en la Tierra, tienen sus ventajas y limitaciones propias. La creatividad está presente desde el mismo nacimiento de la obra, e interviene en el proceso de ajuste, adaptación... prácticamente el proceso de ajuste y adaptación son el sustento de la creatividad". Sánchez tampoco cree que el aprendizaje limite: "es una herramienta que se debe aprender a manejar, como aprender a escribir, o saber teclear en máquina". Ferri cree que la esterilidad de un texto no depende de los medios empleados para crearlo: "ahora cualquiera se puede sentar delante de una pantalla de computador, y decir: 'Ahora sí. Aquí voy a escribir la obra maestra de este siglo'. Hipotéticamente, pudiera darse la posibilidad de que el mercado pueda inundarse de material técnicamente correcto, pero intelectualmente escaso. Personalmente yo no creo mucho en esta probabilidad, ya que todos conocemos lo difícil que es lograr el acceso a las editoriales. Y literatura mala siempre ha habido, porque también tiene sus lectores. A mi modo de ver, si alguien sabe escribir, lo hará mucho mejor si utiliza los medios que nos brindan los avances tecnológicos en el área de la computación".
Los participantes dieron algunos temas que se agregaron al propuesto. Deus, Morales y Morhain estuvieron de acuerdo en que el problema no es el aprendizaje en sí. Habla Deus: "el aprendizaje es sencillo, los problemas son otros; por ejemplo, la infinita posibilidad de corregir y corregir". Morales afirma que esto "depende de las manías del escritor... Tengo la manía de corregir demasiado, por eso utilizo la máquina de escribir, pues no tengo la posibilidad de corregir una y otra vez", lo cual para él es, como para Deus, un gran inconveniente. Morhain le resta importancia al aprendizaje de la tecnología. "No se trata del aprendizaje, sino del placer de probar nuevo software, nuevos medios, nuevos amigos. Exactamente lo que este escritor hace ahora en lugar de estar trabajando", afirmó en alusión al hecho de encontrarse respondiendo su correo electrónico en ese momento.
Otros explicaron que el aprendizaje podía ser un problema temporal, como Pasco, para quien el problema existe "quizás al principio, mientras aprende la tecnología". Ortega estuvo de acuerdo: "posiblemente esta aseveración sea correcta al principio, cuando el escritor todavía está tratando de aprender la tecnología informática, pero como toda herramienta del escritor, una vez que la domine, no obstaculiza la musa creadora". Santos apoya esta posición: "creo que un escritor usa este tipo de tecnología una vez que se siente cómodo". Para Ruvalcaba, "los medios informáticos no esterilizan la creación literaria; por el contrario, le abren la puerta al mundo de la cibernética y el futuro. El aprendizaje del manejo de la tecnología siempre será algo mucho más fácil de adquirir, que la capacidad que un escritor haya alcanzado para desarrollar sus ideas. El aprendizaje del manejo de las nuevas tecnologías lo enriquecerán y lo mantendrán al día sobre lo que está pasando en el mundo, como me sucede ahora que estoy exponiendo mis ideas para una bella revista de Venezuela".
Internet ha entrado en escena y, con ella, la posibilidad de un futuro completamente conectado a las redes. La misma definición que enmarca a Internet, una red de información, propicia la posibilidad de difundir la creación literaria por un medio que en el futuro inmediato tendrá más alcances que ningún otro. Sin embargo, muchos de los participantes albergan dudas en el hecho de que los medios informáticos no son un medio masivo todavía. Luy respondió de una manera simple: "no necesariamente", pero Blasi afirmó: "obviamente". Las demás opiniones no fueron menos diversas.
Deus le da una gran importancia a ciertas facilidades que brinda la difusión por medios electrónicos: "¿se refiere a su difusión? Sí, es teóricamente mayor, pero sobre todo más fácil y posible sin intermediarios (editores)". Pasco duda de la cantidad de potenciales lectores: "no estoy tan seguro. ¿Cuánta gente tiene acceso a estos medios?". Para Dmytrejchuk la presencia de los medios informáticos es un hecho afortunado, no sólo por la facilidad para la difusión, sino además por el valor implícito en la posibilidad de tener un resguardo múltiple de la obra: "no en un solo sitio, sino en miles de sitios distintos, permitiendo así la permanencia y recuperación no restringida de ideas, conceptos y hasta de sueños". Sánchez se muestra satisfecho por la difusión que ha podido darle a su obra. "Mis pequeños escritos pueden llegar a mucha gente que desconocía, y que se identifican con mi obra". Para Hernández, Internet, que califica "el invento más importante en la difusión de la información desde la aparición de la imprenta", tiene "la misma importancia civilizatoria que tuvo el alfabeto. Son tres momentos claves: alfabeto, imprenta, Internet. Es una suerte estar viviendo uno de ellos. Internet elimina los costos y el peso muerto del papel, hace la información más accesible, más universal. Elimina los problemas de distribución y el contacto con el autor es más inmediato a través del correo electrónico a grandes distancias. La Aldea Global es ahora más aldea que global". Autocalificado como un principiante en materia de Internet, Ruvalcaba afirmó sin embargo que ve con asombro cómo se puede masificar su obra gracias a la informática. "Tengo cinco novelas que han dado la vuelta al mundo buscando editor y no he conseguido publicarlas. Hasta hace poco estaba a punto de claudicar en mi tarea literaria, pero Internet me ha abierto las puertas a la difusión pues ahora ya no dependeré más de las editoriales. Cada vez hay más revistas y editores como tú, que nos están abriendo las puertas a los escritores desconocidos. Para mí no es importante vivir de las novelas que escribo, para eso tengo mi profesión de periodista, donde sí vivo de escribir. Lo importante es que mi obra se lea y desde ese punto de vista sí puedo decirte que la masificación de la obra de un escritor se presenta muy prometedora". Santos se limitó a responder: "cierto. Un claro ejemplo lo tenemos en Letralia".
Hubo quienes no estuvieron de acuerdo. "No. Tal vez el renombre, pero no la obra. Leer en pantalla es muy incómodo; un libro es otra cosa"; tal fue la opinión de Morales. Ortega dice que esto sería cierto, "si por masificación nos limitamos a las personas que tienen accesso a una terminal con Internet. Pero las masas que no tienen, ni tendrán acceso, quedan al margen". Morhain no cree que todos los usuarios de computadoras aprecian la literatura. Para él, la masificación por medios electrónicos podría ser una realidad, pero "para eso habría que enseñar a leer también a quienes usan los medios informáticos. Y, como no se la pongas en binario...".
Algo que se convierte en esperanza para algunos escritores, y en imposible para otros, es vivir de lo que uno escribe. Los derechos de autor son uno de los factores que determinan en muchos casos la ventura o desventura de un escritor, aunque hay también quienes nunca se han preocupado por esto.
Para la mayoría de los escritores participantes, los derechos de autor no son algo de qué preocuparse. Luy admite que la divulgación de la obra literaria por medios electrónicos podría debilitar el respeto a los derechos de autor, "pero también abre las puertas a que un mayor número de personas conozcan tu obra". También sobre la difusión como beneficio más importante que los derechos de autor, explicó Blasi: "es probable, pero si un escritor vende cien libros y hay veinte personas que lo leen sin comprarlo y tras una difusión mayor vende mil y hay doscientos que se lo leen sin comprarlo, ¿está perdiendo o ganando?". Igualmente opinó Sicilia: "sí lo debilita, pero creo que el nivel de difusión que se puede alcanzar compensa con creces esa pequeña molestia técnico-legal". Pasco se mostró indeciso, aunque admitió que existe cierta posibilidad; por su parte Dmytrejchuk nos escribe que el irrespeto a los derechos de autor no es algo exclusivo de los medios informáticos: "es una realidad cultural, psicológica. La misma no es generada ni aupada por los medios electrónicos". Sánchez admite también cierta posibilidad: "si todos supiéramos que una obra intelectual es propiedad de quien la crea, y aun al copiarla porque nos gusta incluyéramos al autor, o no abusáramos de la obra, entonces no debilitaría nada. Lamentablemente creo que no es así. Abusamos del trabajo de otros para nuestro beneficio". Ortega dice que ahora los derechos de autor dependen de éste. "El libro publicado en Internet no devenga derechos al autor, excepto que el pórtico esté diseñado para limitar acceso sólo a las personas que hayan comprado la obra". Ruvalcaba comparte la idea de que importa más la difusión que los derechos de autor: "ya de por sí están bastante pisoteados ahora, pero como te digo, mi prioridad, más que los derechos, es que la obra sea leída. Creo que cuando un escrito se publica, deja de pertenecer al autor y cobra vida por sí mismo... luego entonces, es propiedad de todos y desde ese ángulo no es demasiado importante que se dé credito al autor, sino que el autor se esfuerce por enviar mensajes que ayuden a la humanidad a buscar mejores caminos".
En el otro extremo se situaron quienes, al margen de expresarse acerca de si se debilitan o no los derechos de autor, opinan que en el futuro nos aguardan algunos cambios al respecto. Así opinó Deus: "los derechos del autor deberán reformularse para el ciberespacio". Morhain cree que el tema "puede ser serio". Para él, "sería hora de que la Unesco se ocupase de alguna forma de protección universal de las propiedades. Por ejemplo, un registro universal único ubicado en Internet al que uno enviase los trabajos: el que primero canta 'es mío' quedaría registrado como autor, independientemente de pagos, regalías y otros intereses. ¿No es una buena idea?". Sin ser tan específico, Hernández apoya esta posición: "cierto. Habrá que crear un nuevo esquema de derechos y de propiedad intelectual. Creo que es más un problema comercial que intelectual, pues al autor literario primordialmente lo que le interesa es que su obra se difunda. Si tiene éxito, sin embargo, hay mil modos, bueno, unos cuantos modos de ganar dinero vendiendo un libro a través de Internet".
Generalmente se ha entendido la lectura como una ocupación ligada al papel, a la circunstancialidad. El apasionado lector se aferra al placer de la lectura en cualquier sitio: en el transporte público, en la cama, en el baño. La lectura en una computadora es para algunos difícil, no así para otros. Hay quienes opinan, como Blasi, que existe una dificultad ajena al tiempo: "no nos importa pasarnos cuatro horas delante de un libro, pero después de ese mismo tiempo delante del ordenador la cabeza estará a punto de estallar". Morhain apoya esta opinión: "leer una obra literaria en la pantalla es difícil. Casi todos la bajan a papel para leerla. Con lo cual volvemos paradójicamente a los orígenes". Carrero tampoco favorece a la lectura directamente de medios electrónicos: "la literatura es algo que se disfruta en un lugar grato, tranquilo, al que muchas veces no se puede acceder cargando un computador. Por esto el computador limita la lectura electrónica a lugares donde éste pueda funcionar de una buena forma, además las pantallas de los computadores resultan muy extenuantes para la vista. Personalmente no me resulta agradable leer información de un alto contenido de la pantalla de un computador, preferiría imprimir esta información y luego leerla". Deus calificó la afirmación sencillamente como "absurda" y Sicilia ironizó nuevamente: "Sí, claro, es verdad; por eso yo ahora no estoy leyendo 'Letralia' sino que me la están contando por teléfono". Hernández nos escribe: "El que quiere leer lee. Con computadoras o con papel carbón o con fotocopias o con libros viejos o como sea. Yo leo mucho en mi PowerBook, y en libros también". Dmytrejchuk agrega un nuevo elemento a la discusión: "aproximadamente el ochenta por ciento de la información se transmite por correo electrónico". Para él, el WWW está limitado a quienes dispongan de un módem rápido, por lo que "los usuarios prefieren la modalidad de texto ASCII...". A este criterio se sumó Sánchez: "a veces paso por alto estas partes literarias porque el tiempo al 'aire' cuesta y prefiero invertirlo en otro tipo de búsquedas. Si puedo copiarlo para leerlo con calma lo hago". Ortega lo rechazó por completo: "esta aseveración es equiparable con decir que la persona que sepa escribir no va a leer porque no tiene tiempo. ¡Vaya argumento! El tiempo para leer o para reflexionar no se encuentra... se hace". Ruvalcaba, aunque desecha la idea de que desaparezca el libro de papel, opina que "el futuro de los lectores está en los ordenadores. No creo que los libros de papel lleguen a desaparecer, pero sí me agrada la idea de que Internet haga que las editoriales replanteen sus posturas respecto a lo que dan a los consumidores y respecto a la manera desdeñosa como tratan a los nuevos autores".
Esta primera encuesta de Letralia, Tierra de Letras, fue un pequeño experimento. Nos ha dado varios parámetros para el desarrollo de nuevas encuestas que serán anunciadas a su tiempo. Igualmente ha servido para, de alguna manera, establecer un nexo vivencial entre los escritores que participaron y los centenares de lectores de nuestra revista.
Pero principalmente ha reiterado la convicción que nos impulsó desde un principio a crear Letralia: Internet es un terreno fértil para la discusión constructiva, para el encuentro, el enfrentamiento de posiciones, la exposición de logros, el intercambio de experiencias.
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