Me he visto en la obligación de escribir esto. Primero, porque he sido plagiado por Mauricio Medo,i utilizando palabras mías producidas por años de lectura, además de dejar lo mío, mi pensamiento, como antiguo, quiere decir que no entendió nada de lo mío, o lo que es peor aun, no quiso voluntariamente entender. Segundo es que estando inserto en la antología Sur fugitivo, en la presentación de ella dice: “[...] lenguajes en permanente construcción y deconstrucción”.ii Por lo que me veo en la obligación de explicar lo que está visiblemente en mi poesía.
Poética constructivista
o Constructivismo poético
La poesía es el origen del lenguaje, toda vez que para que haya lenguaje debe haber una traslación, es decir, una metáfora, de lo paratético a lo apotético (fuera/dentro). Todo lo que está fuera de nosotros es el mundo, como dice Heidegger, lo que está fuera debe entrar a nosotros y ¿cómo lo hace? Única y exclusivamente a través de la palabra. El mundo sólo es mundo a través del nombre que le damos. Cuando somos pequeños lo primero que nos enseñan nuestro padres es el idioma, el lenguaje, el habla; herramienta necesaria, básica, para entendernos, comprendernos, comunicarnos. Por lo mismo el viejo filósofo alemán termina su filosofía llegando a la poesía, él termina siendo poeta, porque se da cuenta de que la poesía es la única herramienta que produce sabiduría, pues ella es la única que genera lenguaje, es decir, realidad, mundo, o como dirían los sociólogos: sociedad.
“El poeta no escoge sus palabras. Cuando se dice que un poeta busca su lenguaje, no quiere decirse que ande por bibliotecas mercados recogiendo giros antiguos y nuevos, sino que, indeciso, vacila entre las palabras que realmente le pertenecen, que están en él desde el principio, y las otras aprendidas en los libros o en la calle. Cuando un poeta encuentra su palabra, la reconoce: ya estaba en él. Y él ya estaba en ella. La palabra del poeta se confunde con su ser mismo. Él es su palabra”.iii
Como dice Paz “el poeta no escoge sus palabras”, él construye una realidad.
Pero detengamos en algo que ha surgido como atisbo muy novedoso, la deconstrucción. Derrida realiza su pensamiento dialogando con Heidegger, para el primero la historicidad, cuestión que para los filósofos es muy importante, viene de la escritura, escribir es demarcar el tiempo, lo que para mí es muy cierto, pero deconstruir es algo que ya lo he pasado por alto, porque al deconstruir lo que realmente se está haciendo es construir, nada más que construir.
“Y, ¿qué es lo que pasa por alto ala metáfora? Nada, en consecuencia, y habría que decir más bien que la metáfora pasa por alto cualquier otra cosa, aquí a mí, en el mismo momento en que parece pasar a través de mí. Pero si la metáfora pasa por alto o prescinde de todo aquello que no pasa sin ella, es quizá que en un sentido insólito ella se pasa por alto a sí misma, es que ya no tiene nombre, sentido propio o literal, lo cual empezaría a haceros legible tal figura doble de mi título: en su retirada (retrait), habría que decir en sus retiradas, la metáfora, quizá, se retira, se retira de la escena mundial, y se retira de ésta en el momento de su más invasora extensión, en el instante en que desborda todo límite. Su retirada tendría entonces la forma paradójica de una insistencia indiscreta y desbordante, de una remanencia sobreabundante, de una repetición intrusiva, dejando siempre la señal de un trazo suplementario de un giro más, de un re-torno y de un re-trazo (re-trait) en el trazo (trait) que habrá dejado en el mismo texto”.iv
La retirada de la metáfora como lo expliquév no puede ser posible, sólo es posible, factible, en la teoría y no en la práctica, puede llamarse re-pliegue y no retirada, pues ella siempre está, pues el filosofo francés no está seguro de la retirada: “La metáfora, quizá, se retira [...]”. Es en está duda que su pensar tambalea, pues la base de su pensamiento no está sólido.
“Utilizado por Derrida hacia finales de los años 60, el término ‘deconstrucción’ no puede por menos que insertarse perfecta aunque polémicamente en el campo de ese discurso estructuralista que, en esos años, domina el panorama cultural francés: «El estructuralismo dominaba por aquel entonces. ‘Deconstrucción’ parecía ir en ese sentido, ya que la palabra significaba una cierta atención a las estructuras(que, por su parte, no son simplemente ideas, ni formas, ni síntesis, ni sistemas). Deconstruir era asimismo un gesto estructuralista, en todo caso era un gesto que asumía una cierta necesidad de la problemática estructuralista. Pero era también un gesto antiestructuralista. Y su éxito se debe, en parte, a este equívoco» (Psyché, p. 389). No resulta, pues, extraño que, a menudo, se recurra a operaciones como la desedimentación, el desmontaje o la desestructuración para explicar y/o entender cómo incide la deconstrucción en las estructuras logofonocéntricas del discurso tradicional de Occidente, en los entramados conceptuales de todo gran constructo de pensamiento. Dichos procedimientos no son, sin embargo, más que aproximaciones —y no siempre muy exactas— a la tarea deconstructiva pues lo que (con) ella (se) pone en marcha no es una operación negativa. Deconstruir consiste, en efecto, en deshacer, en desmontar algo que se ha edificado, construido, elaborado pero no con vistas a destruirlo, sino a fin de comprobar cómo está hecho ese algo, cómo se ensamblan y se articulan sus piezas, cuáles son los estratos ocultos que lo constituyen, pero también cuáles son las fuerzas no controladas que ahí obran”.vi
Como deriva de un pensar estructuralista, no estoy en contra de ello, pues para mí el pensamiento estructuralista está muy lejos del tiempo y del espacio en que habitamos, en otras palabras es ya pasado, al igual que estas palabras ya lo son. Lo que no estoy de acuerdo con ello es que como dice Cristina: “Deconstruir consiste, en efecto, en deshacer, en desmontar algo que se ha edificado, construido [...]”. Porque desmontar es montar, desarmar es armar, deconstruir es construir, ya que lo que se desarma nunca es desarmado como fue armado, por tanto, es armado de otra forma o, como comúnmente se dice, es desarmado.
Habitar y pensar
Estar en un lugar nos demarca el tiempo, por lo mismo, tiempo y espacio están unidos, si bien el escribir, el hablar, demarca el tiempo, también lo hace del espacio. Escribir, por tanto, es habitar, es estar dentro del espacio, real e imaginario, pero estar en él, ser parte de él.
“Desde la Cuaternidad, el construir toma sobre sí las medidas para toda medición transversal de los espacios y para todo tomar la medida de los espacios que están cada vez aviados por los lugares instituidos. Las construcciones mantienen (en verdad) a la Cuaternidad. Son cosas que, a su modo, cuidan (miran por) la Cuaternidad. Cuidar la Cuaternidad, salvar la tierra, recibir el cielo, estar a la espera de los divinos, guiar a los mortales, este cuádruple cuidar es la esencia simple del habitar. De este modo, las auténticas construcciones marcan el habitar llevándolo a su esencia y dan casa a esta esencia”.vii
Pero ¿dónde está la esencia? Sólo dentro de cada uno, es sólo en el interior de cada ser humano que podemos encontrar la respuesta. Por lo mismo, la poesía está cerca de llegar a la esencia, pues podemos hallar en ella una parte de la profunda esencia humana, una parte no es todo, pero al menos podemos alcanzar una parte.
Pensar, por lo mismo, es habitar dentro del lenguaje, pues sólo se puede construir pensamiento habiendo lenguaje. Para Valéry “la poesía es un arte del lenguaje”, pero encuentro que lo que dice no llega a la verdad, la raspa, la toca, pero no alcanza a llegar a ella.
Finalizando, lo que el copión peruano Mauricio Medo dice: “Este nuevo sujeto, el antiyó, si bien procede del Constructivismo, desde el sentido de la relación simbiótica entre el “yo y el mundo”.viii Lo que dice es que el antiyó deviene de mi pensar, lo que no sé, tal vez, pero el error más grave, más que plagiar mi pensar y copiar y pegar palabras mías como si fueran de él es: “Creer en la especificidad textual de Zurita como producto de un constructivismo ortodoxo es una relatividad”. En ningún caso lo que postulo es un constructivismo ortodoxo, no me interesa el constructivismo cognitivo, sólo me interesa el constructivismo como lo que es, de dónde viene, del lenguaje y éste viene de la poesía, la poesía nunca puede llegar a ser ciencia, sólo arte, no arte del lenguaje porque es la madre del lenguaje, sino arte de la esencia, arte profunda, pero arte al fin.
28 de julio de 2005.
Notas
- http://www.escaner.cl/escaner71/invitado.html en línea el 28/7/2005.
- Quezada, Gerardo: Sur fugitivo. Temuco. Jauría Ediciones. 2004. Pág. 6.
- Paz, Octavio: El lenguaje. En línea el 28/7/2005 http://www.enfocarte.com/3.21/poesia5.htm.
- Derrida, Jacques: La retirada de la metáfora. En línea el 28/7/2005 http://personales.ciudad.com.ar/Derrida/metafora.htm.
- Ver: http://www.realidadliteral.net/palabrassinvoz3.htm.
- De Peretti, Cristina: Deconstrucción. En línea el 28/7/2005 http://personales.ciudad.com.ar/Derrida/peretti_2.htm.
- Heidegger, Martin: Construir, habitar, pensar. En línea el 28/7/2005 http://personales.ciudad.com.ar/M_Heidegger/construir_habitar_pensar.htm.
- Las cursivas y negritas son parte del texto mío que me plagia; la copia sigue, es más extensa.