Devuélvanme
Devuélvanme las manos
Con las que se construyen
Paredes de mi barrio,
De mi ciudad.
Con las que se cocinan
Ideas para compartirlas
Con ustedes o con nadie
Cuando sea preciso.
Los ojos
Con los que reconocen
La materia dócil
De la que estamos hechos
Los pasos que registran
Caminos que no llegan a ningún verso.
Devuélvanme las ideas
Con las que construimos
Mundos de azúcar y cristales
Donde construimos
Hombres estallados en llamas
En
(vacíos)
Profundos
Voces innecesarias a la boca
Cuerpos expuestos a la intemperie del recuerdo.
Devuélvanme la voz
El tiempo perdido sin brújulas y relojes
Las ideas sin pronunciarse
Los pasos enrojecidos por el olvido
Devuélvanme cada cosa
Que nos o me pertenezca.
Pero sobre todo
Devuélvanme la dicha
Donde habita la palabra
Y entonces
Desaparezco
Muero
Resucito Eterna
Y furiosa
En Ella.
De vez en cuando Sergio
A Sergio Bahr
De vez en cuando Sergio
se convierte en el tragaluz de un verso,
para no asfixiar la memoria.
No importa sonido,
forma,
llanto.
Colores,
tiempo,
o recuerdos que lleguen a esconderse
en la profundidad de sus manos.
Una sonrisa suya
Es la línea de fuego
Que consume el iceberg
Escondido en mis párpados.
Luxación del cualquier intento
para no llegar a cualquier parte.
Inquietante sonido
Parsimonioso sonido,
Lámpara de arena
que confunde
La sombra del tiempo en las paredes.
Historia desvelada en la orilla de mi boca,
Ráfaga silenciosa
Cuadrante de unas manos vacías
(las tuyas en ellas, a veces)
sumatoria de silencios corto punzantes
Jade que aplasta cuando se ausenta.
Que viene con fuerza cuando nos llega.
Que corta,
Que observa,
Que se vuelve a su antojo,
Que nos vuelve a su antojo
Y entonces,
vuelve a despertarme
En la profundidad
de un solo nombre.