Los atardeceres
El sol ha cambiado de color
Sigue rojo-naranja
Pero no el mismo de mis atardeceres en La Habana
Romántico, seductor, coqueto
Ahora es uno más indiferente
Frío como pantalla de cristal líquido
Que muestra lo que debía ser
Un bello atardecer sobre Bagdad
Pero sin aclarar si ese rojo-naranja es obsequio
De la arena del desierto
O es sangre-fuego
O llanto-muerte
O dolor-odio
Sólo una fría voz (a veces simula sentimientos)
Narra como si fuera un juego de baseball
Y los muertos contaran como anotaciones
Los nativos son números para estadísticas
(daños colaterales anotan los apuntadores)
Los “visitantes” valen más
Pero conviene menos anotarlos
Ironías, quizás digan
¿ironías? No!
¡Es la muerte!
No importa si visten sencillas telas
O imponentes trajes militares
¡Es la muerte, coño!
Y ya ni el sol del atardecer de mi querida Habana
Puede cambiar el color de desespero
Mientras el noticiero vespertino relata:
“Nueva jornada de muerte en Irak”
“Tres carros bombas estallan
matando soldados estadounidenses”
“El alto mando de las tropas de ocupación
ordena bombardeos en represalia”
“Mueren cientos de civiles”
“El General en Jefe, ante las cámaras
lamenta las bajas”
“Daños colaterales, dice”
Entre el encanto y el temor
Entre el encanto y el temor me quedo
Con la razón que tus labios me indiquen
No importa cuál mientras en mí se achique
La ansiedad que prevenir no puedo.
Decide mi razón y brota
Cual agua fresca vertiente de mis sueños
No me resisto desecho mis empeños
Y planto ante tus pies mi espada rota.
Consciente que luchar es obra vana
Ante las armas que tu amor convoca
Acepto las migajas de tu boca.
Navego nuevamente entre las rosas
Desnudo al fin de las razones vuelo
Y pongo a mi canción la justa nota.
No llegas
Mortal como la lluvia a adagios de pesares
Es el goteo de segundos en mares ya ausentes
Presagios de congojas no matan pero quiebran
Trastocan lumbre mansa en chinescos desvelos
Suerte de mi nostalgia que ya el dolor no escuece
Sólo inserta remiendos en puentes de horas muertas
Inútil tu aflicción presente en mí te empeñas
Seguir el viaje nunca fue sorna del pasado
Presiento que tus pasos navegan sobre rosas
No escucho tus adentros cuando en mí te adormeces
Reclamo mi silencio la soledad no llega
Entre tantas verdades solo sé que me anhelas
Perenne es tu extravío y real tu presencia
Destrozas mis quebrantos fluyendo en agua buena
Destilas la cordura me das licor de sueños
Añejos egoísmos me turban y desbordan
Persigo tu locura me aferro a tus fantasmas
No te evoco te vivo girando entre siluetas
Regreso a ti y me alejo hago ronda en tu vera
Cansado me adormezco y te espero
No llegas.
Fruto de los cielos
Todo sentimiento ahogado en maridajes
Inculpa los requiebros en hebras de quimeras
Poniendo sinrazones al trance de la alquimia
Que mezcla desconciertos argucias de impotencias
Lleva grilletes de ocio el alma que no vuela
Se disfraza el heraldo del amor que no llega
Mas no vale la astucia tras versos y canciones
Detrás de los que aman nunca el sol se adormece
Insulso el sol poniente o la luna agorera
Que traza los caminos de sueños presagiados
En eriales de coplas sólo crecen nostalgias
Repletas de oquedades donde anidar anhelos
Amar es más que un grito lanzado cual vertiente
Nace de los misterios y no pretende dones
El alma que lo engarza enalza sus fronteras
Es fruto de los cielos que retoña en la tierra.
Desvelo de amor
Anochece
La luz que imperceptible se atenúa
Trae al recuerdo la lumbre
Inocente y sutil
Que se enciende en tu interior
En cada encuentro.
El ocaso del día
Siempre coincide
Con el resurgir de los deseos:
Telúricos, aquellos que vienen de la carne
Celestiales, los otros nacidos desde el alma.
Ha transcurrido tiempo
Mucho tiempo
Hemos vivido ocasos
Incontables ocasos
Y el resurgir de la magia sigue siendo
Vez tras vez
La maravilla del reencuentro.
No es pasión increíble
Quien nos ata
Tu amor
Y mi amor
Vive del credo
Sobre la tierra entrelazamos las raíces
Y dejamos espacio a los sueños.
En nuestra historia no hay hadas
Y los príncipes
Siguen buscando princesas en los cuentos
Fuera de ellos tú y yo
somos felices
Compartiendo el pan de nuestros besos.
Hoy no hay luna, amor, que nos observe
Y los astros son lindas frialdades
Me iluminan tus ojos
Y nuestra estrella
Son los hijos que adentro
Ahora duermen.
Miro al negro infinito
Y me da frío
Tomo tu mano
Y su calor parece
La tibia hoguera que mi alma apetece
Y es en tus labios donde mi sed alivio.
Ya es tarde, amor
Durmamos nuestros sueños
En ellos juntos también siempre estamos
Mañana un beso será nuestro “hasta luego”
Y en otro beso también nos reencontramos.