Deshojando calendarios
Una mañana, un crepúsculo, una noche,
Y el reloj desgrana el tiempo.
Pasan estaciones, que pesan,
colgando y descolgando sueños en atriles
Sueños que terminan,
sueños que comienzan.
Péndulos de diciembres viejos.
Soy esclava del rigor del tiempo
que se reparte en retazos de edades,
en secuencias, en instantes,
en partículas de terrón de azúcar,
salpicadas con pizcas de sal.
Calendario, fileteador de recuerdos,
de fotos amarillas,
de adúlteras lunas.
Desde que orilla
Brilla la luna
Que se asoma
Con su mueca pierrotesca
Descorre de sus ángulos
Las tentaciones incompletas
En la noche íntima
De su fiesta orgiástica.
Se revuelca en el mar
Y penetra
En oleadas calientes
Con el bramido bestial
Que se desboca.
Gruñido de crestas blancas
Seducción de la marea
Agitando plumas
bocanadas de pájaros se relamen el pico
Apeteciendo revolotean desnutridos
glotones o viciosos.
Paladeo de aves
bramido de buque embrutecido
Profundo clava el arpón
en el ojal goloso
Ojos desabrochados
atrapan sortija
Tirantes cabriolas
desesperan coletazos
Suicidio de escamas
Destellos de lentejuelas en la arena
vomitan borbotones de espuma salobre
entre enredos de algas
y líquenes gelatinosos
Esqueletos cáusticos
deja el sol moribundo.
Se han abierto las jaulas y las rejas
Gravitan rugiendo cuadrúpedos salvajes.
Buitres, anfibios, manojos de jilgueros
Soplan herejías desplumadas
Giran jadeantes alrededor de la sortija pasajera
El enjambre de la jungla
En cardenal punto incierto
Juega y finge a su antojo un naufragio
Y vertiginoso se descuaja
En la virginidad de una playa
Barriendo geométricos guijarros jades,
Y elevando túrgidos géiseres,
En un gestáltico mar adormecido.