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Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 34, del 20 de octubre de 1997

Las letras de la Tierra de Letras


Poemas

Ernesto Fidel Domínguez Mederos

Futuro

Algún día viviremos
de besos ceñidos al cuerpo,
de dedos bajo la lluvia,
y sabremos entonces
por qué no anidan las golondrinas.

Algún día palparemos
con mano de suave vidrio,
con lágrimas sobre el espejo
o con tu pelo en mi espalda.

Algún día nos querremos
con todo el amor del mundo,
de mareas infinitas
y del color de tus ojos.


Así fue como el horizonte se hizo eterno

Sólo necesito eso, no más.
Verter mi mano en tu vientre
y fundir el cielo a tu espalda
en vísperas de año nuevo.
No más.

Hurgarte en la penumbra
y yacer aspirando tu aroma
a lirio desvirgado y a musgo de montaña.
No más.

Cegarte las ganas de volar a Venus
y anidarte entre mis labios de tierra,
y así poder, juntos,
tallar nuestros nombres
sobre la corteza de mi cama desnuda.
No más.


Aroma

Supe de ti por el viento,
no creas que por la gente.
Supe de ti por el viento
y por la niebla, y por la lluvia,
y por la culpa
que siento, de no haberte
mutilado antes.
No creas que por la gente.

Supe de ti por un sueño,
y por un ciego, y por un tonto,
y por las ganas
que tengo de verte
sudando deseos.
No creas que por la gente.
Supe de ti por tus ojos.


Fue entonces que nos conocimos

Nada hay más delicioso
que violarte la mirada en una noche de enero.

Sentarte sobre mis sueños
y enseñarte uno por uno los deseos de estar vivo
y de embriagarme con ásperos recuerdos.

Refugiarte entre mis manos
y apretar hasta quebrarte
y sentir el húmedo sabor de tus vidriosas caderas.
Fue entonces que supimos de aquella canción.


Noche blanca

La noche no pudo ser mejor.
Bastante hizo ya
que parió palabras de enamorados
y rosas punteagudas para tus manos.
Y que además de dolernos,
supo arrancarnos las ganas de mirar el alma
y convertirnos en polvo.
Bastante hizo ya que nos partió en dos mitades.


En la tierra de nunca jamás

Quiero que vengas conmigo
al otro lado del mundo
donde el cielo es púrpura y el río fuego.

Aquel lugar de temblores y siemprevivas
donde un día perdiste el aliento,
haciéndome ver
por qué trina el arcoiris.

Aquel lugar donde aprendiste
a dibujar mi mirada
sobre el verde de tu cielo,
aquel lugar de piernas abiertas
y de gemidos litúrgicos
del que no debimos de haber salido jamás.


Remembranza

Y volvieron las oscuras golondrinas,
sólo que esta vez
no posaron sus trinos sobre tu balcón,
esta vez...
dieron vida de alientos
a una de esas noches sin luna
pero de miles de estrellas,
que caen aun sin pensarlo
en el reflejo del mar,
y que buscan suspiros
con los que puedan, cautelosamente,
tejer la intimidad de un beso.


Encuentros

I

Encontróse cierta vez
entre pétalos de rosas,
una pizca de amor verdadero
y una gota de loca pasión.
Y juraron ante la luna
amarse sin extremos,
besarse hasta el horizonte,
y encontrar bajo la lluvia
la razón de sus miradas.

II

Encontróse esta vez un beso,
con una tierna sonrisa
Y subieron al cielo de noche,
y juntaron sus mapas de espuma
para allí, junto a las estrellas,
ultrajar la cintura del tiempo
y vislumbrar desde lo alto,
lo anchuroso de sus sueños,
y lo tenue de sus almas.


LV

Errante como los astros
en el mágico universo,
pasaban tus níveas manos
entre caricias y besos.

Tejían lánguidos secretos
en vastos algodonales,
cubriendo todo mi cuerpo
de vidrios y pastizales.

Esas manos de doncella
si yo pudiera, te juro,
las llevaría hasta el cielo
entre susurros y arrullos.

Vaciaría sobre ellas
todo el amor del mundo,
para a solas encontrarnos
sin lirios, ropas, ni rumbos.


Ellos

Él: Toma el amor
con cuidado
cíñelo en tus adentros,
bébelo siempre hasta el fondo,
tiéndelo ansioso en tu
                                     pecho...
cuida de no perderlo.

Ella: Tómalo ahora
         sin prisa,
         vístete de él por dentro,
         suéñalo entre tus brazos,
         destrózale sus pesares,
         oye el sonido del viento,
         trenza con él una cuerda...
         cuida de no perderlo.