La casa que me habita • Wilfredo Carrizales
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XIXI

Despliega la noche la mujer con su larga y negra cabellera y de sus dedos saltan al mínimo cielo de la casa abalorios de estrellas. El piso se siente enaltecido por el sublime brillo y un revelante espejo aparece para agrandar los besos que nosotros, los amantes, hemos seleccionado.

El ámbito donde descansa la casa se amplía en lo sensual, siendo la música su esencia y su deseo tiernamente contenido.

La mujer dice y afirma del encanto que siente. Yo me plazco en dejarme caer entre sus ojos y sorber la piel de su aliento. Mientras tanto, la casa no ha cesado de inventar instrumentos de brisas, de sombras y de innegable contento.

Para cerrar la noche despierta, la casa me ordena escribir sobre la cintura de la mujer de firme prevaleciente, versos hombres de versos, con mi barba amatoria y rica.