Una visión moderna de la Grecia antigua • Sócrates Adamantios Tsokonas
Apéndice

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Atenea

Atenea, hija de Zeus, parida de su cabeza, es la diosa del sabio consejo, de la prudencia e inteligencia. Podríamos decir que a Odiseo se le llama “sagaz” y “prudente” debido a la protección y el resguardo de Palas Atenea, un calificativo que se le da como protectora de los héroes griegos legendarios, y en especial de Odiseo en sus errancias por los mares y océanos de Grecia. Aunque en seguida veremos que también protege a su hijo Telémaco, pues su intención es cuidar la casa de Odiseo, su gen o familia completa.

La búsqueda de Odiseo se conecta con la búsqueda de la continencia. Al contrario de la compulsión poseidónica, Odiseo requiere contención; por ejemplo, ante las sirenas de dulce cantar. El objetivo de Odiseo siempre será el regreso a casa, una vez que Troya ha sido tomada. Calipso lo retiene mal de su grado durante unos siete años. Mientras que Circe, la peligrosa hechicera, prácticamente lo obliga a acostarse con ella, para que todos sus amigos recobren la forma de seres humanos, pues Circe los ha convertido en cerdos.

Su deseo es llegar a Ítaca, continencia entre las líquidas aguas que lo sumergen en el olvido de la patria. Por tal razón, necesita el consejo de Atenea para luchar y conseguir su regreso, dilatado y demorado por Poseidón, el cual airado contra Odiseo lo mantiene casi como un náufrago, de isla en isla, pasando trabajo y muchos pesares en su larga travesía por el Helesponto, hasta que después de tantas y tan terribles errancias, llega el vigésimo año a su tierra patria, Ítaca, luego de estar anhelante por tanto tiempo de su hogar, mujer e hijo.

En este sentido, como normalizadora, Atenea es la diosa que dispone la acción en Telémaco, así como la concreción del regreso de Odiseo a la patria. Nos dice Rafael López Pedraza (Artemisa e Hipólito: mito y tragedia) que Atenea es el camino para que un paciente en psicoterapia supere el complejo materno, lo cual es palpable en la Odisea, ya que Telémaco sale de la casa materna, pues ya él ha crecido, en compañía de otros itacenses, sin mencionar a la propia Atenea transfigurada en un amigo de su padre Odiseo, quien es creído muerto o perdido.

Podemos pensar en Atenea como un ánfora o como un recipiente, que lo contiene todo en su interior, protegiéndolo del despilfarro y de la incontinencia. Según López Pedraza, Atenea y su psicología asociada evitan o le ponen freno a las emociones sin límite y sin medida.

Telémaco ha podido ser presa de la angustia y arremeter contra los pretendientes, pero su intento habría sido sin éxito; ya que a pesar de haber crecido, Telémaco se enfrentaría con muchos hombres, en condiciones desiguales, no sólo por tener invadido su palacio real de esta gente que pretende a su madre, sino por encontrarse solo y como decimos angustiado por no tener noticias de su padre.

Todo lo contrario sucede con los pretendientes, quienes viven prácticamente en un palacio ajeno, comiendo y bebiendo sin medida y sin coto, logrando que Telémaco ansíe el regreso de Odiseo, pues sabe bien que con su ayuda los echaría a todos, sea frontalmente o con dolo; es decir, con astucia.

Atenea también es diosa de la victoria, armada, que goza y se deleita en combates, estruendos bélicos y refriegas. Ella pone en marcha o dispone la acción de la Odisea, pues lo que le sucede a Telémaco es esencialmente algo ateneico. Él sale de su casa en búsqueda de noticias de su padre, visitando primero a Néstor Nelida (Pilos) y luego a Menelao Atrida (Esparta), gracias al sabio y oportuno consejo de la diosa de ojos de lechuza, símbolo de la sabiduría y protectora de la polis y del estado griegos.

Atenea guía a Odiseo por su consejo y prudencia hasta la tierra, a la patria, que aunque en griego ambas palabras sean de género femenino, la palabra patria proviene de “pater” o padre, quizá por la identificación de Atenea con su padre, de quien fue nacida por su cabeza.

Nos dice Walter Otto que Atenea es enemiga de los espíritus salvajes. Ella nació “en oro reluciente”, con una lanza y vociferando en un grito que hizo estremecer la madre tierra. Dado su carácter propenso a la batalla y a pesar de que se complazca en el ardor de la guerra, su espíritu es civilizador por excelencia. Pues existe cierta relación entre guerra y civilización, mantenida y sostenida por muchos años en la historia.

Pero no solamente, dice Otto, Atenea encarna el espíritu belicoso en el sentido propiamente guerrero. Esta diosa es la mente y el consejo antropomorfos. No le gustan aquellos que consumen su vida entera “en el tumulto del combate”; sino que inspira, incita y mueve a la acción práctica a los héroes. De esta clase de acción inspiradora es que también se obtiene la victoria.

A través de la acción práctica, el socorro e intervención oportuna, Atenea alienta en los héroes la compostura, la medida y la sensatez. Por esto podemos verla como madre del consejo, o madre al fin, más que como simplemente una virgen olímpica pura. Su consejo sabio es siempre la palabra necesitada por el héroe para continuar su camino.

¿Pero qué camino es ese? Es el gran camino recorrido por el hombre en la vida para hacerse digno de llamarse tal. Donde hay espacios todavía salvajes en la mente animal y virginal del hombre aparece con frecuencia una mente ateneica para fundar la razón sobre la sinrazón, el orden sobre el caos, el ánimo civilizado y civilizador sobre la barbarie.

Atenea es esencialmente la contenedora de los ímpetus irracionales y barbáricos del hombre y del ser. Ella es el freno y la brida. ¿Cómo puede existir una constitución de hombre civilizado allí donde reina el animal a sus anchas? Nuestra tarea es domesticar el animal, la bestia, el caballo y amansarlo, frenarlo e integrarlo cuidadosamente a los dominios propios de nuestra cultura, sea cual fuere; esta es mi opinión particular.

 

Sobre Psique y la envidia

Psique constituye una parte de los relatos narrados por Apuleyo en el Asno de oro. Con respecto a Aristóteles se puede citar el siguiente pasaje que sobre la envidia dice: “En cambio, puesto que con quienes rivalizamos es con nuestros antagonistas, con nuestros competidores en el amor y, en general, con cuantos aspiran a las mismas cosas que nosotros, necesariamente será a éstos a quienes envidiemos...”.

La relación entre Psique y sus hermanas es manejada por la envidia. Las tres provienen de una misma familia, tienen casi la misma edad, viven en un mismo escenario o lugar y son próximas entre sí. No obstante, Psique las aventaja en fama y fortuna, las cuales cosas suscitan la envidia de las hermanas.

Entonces serán la fama y la fortuna en el amor dones sujetos a la envidia de las hermanas de Psique. Se le envidiará mientras Psique logre exactamente las cosas dignas de ambición común. De esta manera, existe la envidia en cuanto haya una diferencia en conseguir lo ambicionado y no conseguirlo.

Nos dice también Aristóteles que se sentirá pesar (síntoma de la envidia) por quienes logran con facilidad o rapidez la cosa anhelada. Lo cual crea una comparación entre lo que los otros han conseguido con rapidez y lo que a nosotros, o a otros, nos ha costado conseguir con esfuerzo.

De igual manera, la envidia aparecerá una vez más en aquellas personas de espíritu poco esforzado, para quienes cualquier cosa es grande y casi imposible de conquistar. Además, aquellas personas que han perdido algo y ya no lo tienen se sienten envidiosas de otras que sí lo tienen. Por ejemplo, el caso de las hermanas de Psique y la figura de Eros.

Cuando llega Eros y atrae a Psique a su morada por medio de los vientos cierzos las hermanas sienten envidia. ¿Por qué? Porque ellas no han sentido a Eros y se quejan de tormentosos casamientos: una de ellas con un marido viejo y aborrecible y la otra con uno enfermo e igualmente detestable.

En Hesíodo la siguiente referencia arroja una luz sobre la envidia: “Si trabajas no tardará el perezoso en tener envidia de ver que te enriqueces”. Aquí el perezoso será quien envidia al trabajador por sus riquezas. En este contexto, la envidia no tarda en aparecer. Es un pathos que está allí en la imagen de Los trabajos y los días.

Del mismo modo, casi comenzando la narración de Hesíodo, éste dice:

“No hay una causa única de disensión, sino que hay dos sobre la tierra: la una digna de las alabanzas del sabio, la otra censurable. Obran en sentido diferente. Una es funesta; excita la guerra lamentable y la discordia, y ningún mortal la ama; pero todos le están sometidos necesariamente por la voluntad de los Inmortales”.

La envidia, y no la emulación, es censurable para Hesíodo. Nos dice que es funesta, excita la guerra lamentable y la discordia, y ningún mortal la ama. No sólo la envidia era censurable para Hesíodo en su época sino para el Clero en la Edad Media. La envidia como pecado capital.

Los aspectos psicológicos de la envidia no son únicos en cuanto a su aparición. Existen también los aspectos somáticos o, más propiamente, psicosomáticos. La envidia como pasión o pathos, padecimiento que se expresa vívidamente en el cuerpo de quien envidia. Pueden ser gestos, muecas, caras monstruosas, ligeros desfallecimientos, abruptas conmociones. Como nos dice Hesíodo, todos estamos sometidos a la envidia por decisión de los dioses. Por lo tanto, es una emoción que está en nosotros.

El caso de las hermanas de Psique aparece de nuevo en este sentido del pathos de la envidia. Si hacemos un pequeño esfuerzo recordaremos las palabras de Psique cuando pierde a Eros y visita a sus queridas hermanas. Algo así como: “Perdí a Eros pero él ahora quiere casarse con ustedes”. Tras lo cual ellas terminan tentando a Eros debido a la envidia que padecían por Psique y despeñándose por un precipicio.

No se podría hablar de la envidia sin hablar del cristianismo. En el décimo mandamiento queda la codicia o la envidia como aspecto moral indeseable. Hay quienes afirman que por la envidia murió Jesús. Según esto, la envidia de algunos judíos hacia Jesucristo se debía a sus milagros. Este es un aspecto interesante de quien padece envidia. Existe dolor en esa persona cuando ve cómo otro va haciendo maravillas en el mundo. Los comentarios de aprobación y alabanzas sinceras y gritadas a viva voz para Cristo, hacedor de milagros, enferman embarazosamente al sujeto envidioso.

Baste con decir que la envidia es considerada dentro de los Pecados Capitales. La envidia figura como la misma maldad del demonio en lo que se refiere al cristianismo. Para san Agustín la envidia es el pecado capital por excelencia. Interesa cómo la envidia corroe el corazón de quien la padece y en qué medida no llega a procurar el bien envidiado.

Generalmente quien envidia es el que sale más lastimado. Un perfil de una persona envidiosa es el siguiente: se duele del bien ajeno y de la felicidad del prójimo. El éxito del otro lo lastima en demasía. Es susceptible por la prosperidad del vecino. Cabizbajo, siempre presa de sus pasiones, ensimismado y apesadumbrado ante las cualidades en la otra persona, se resiente en su desnudo ser por la vida jovial de sus semejantes.

 

Prometeo

Prometeo encadenado es una tragedia en la que se ve la ira de Zeus y el respectivo castigo hacia Prometeo por haber robado el fuego sagrado. Alguna versión del mito recoge que Prometeo se apropia de las mismas artes de Hefesto para consumar el robo. Sin embargo, no sería justo decir si la envidia está presente en esta tragedia. Más bien Prometeo se gana la ira del jefe de los dioses olímpicos y es castigado en consecuencia.

Según una de las versiones acerca de Prometeo éste no es liberado por Zeus. En la tragedia griega Las suplicantes Esquilo escribe la trilogía sobre mujeres extranjeras en Cadmos o en Tebas a causa de afrentosas bodas. Se habría cometido incesto de no ser por la decisión de las hijas de Dánao, quienes se acogen a la protección del rey y los pobladores del reino para no ser mancilladas por sus primos venidos desde Egipto.

Esta versión dice claramente que del linaje de una hija de Dánao nacerá posteriormente el salvador de Prometeo. No obstante, las otras dos obras que junto a Prometeo encadenado componen la tragedia completa están perdidas. Resultaría un asunto de sumo interés saber cómo concluye el destino de Prometeo. Así, de esta manera se podría cotejar con las luces arrojadas en Las suplicantes. Recordemos que eran cincuenta las hijas de Dánao y cincuenta los varones primos. Sólo bastó con que una de ellas deseara unirse con su primo para que generaciones después apareciese quien libertara a Prometeo.

 

Un clásico ejemplo de la retórica prometeica

Miren lo que yo, Prometeo, he hecho por ustedes, los mortales. He conseguido el fuego de los dioses por ustedes y para ustedes. De ahora en adelante, si alguien les preguntara quién ha sido el salvador de su raza no me mantendré callado. Hablaré y diré que he sido yo, Prometeo. Por lo tanto, tened en sus mentes fija la idea sobre quién les alumbró y quién les ha calentado. Por su causa, viéndoles a ustedes los humanos en penas llenos, Zeus me encomendó les ofrendara dones para que seáis más esforzados. Pero mi hermano, Epimeteo, por equivocación suya, incumplió el mandato de Zeus. Yo me vi obligado pensando siempre en ustedes y por su bienestar a tomar la caña olímpica encendida del sacro elemento. Sin embargo, Zeus, al darse cuenta de mi fechoría, no halló para mí mejor castigo. Uncido a una roca como si de bestia a carro se tratara Zeus me condenó. Conmigo a ustedes, para que veáis por treinta mil años, y su descendencia con ustedes, los castigos crueles a que he sido condenado. Para mayor desventura suya, ustedes los humanos verán cómo aparecerán y desaparecerán generaciones enteras sin que florezca varón alguno que me libre de este tormento. Pero durante ese período de tiempo, verán cómo sufro yo, Prometeo, por haber sido bueno con ustedes. Deseando que sea de día, crecerá mi hígado para que en la noche sea presa de la rapiña y los buitres. Alimento para la peor calaña de entre los animales que moran entre ustedes. Así, viviré con la esperanza de que caiga el terrible e injusto Zeus de su trono. Sin embargo, llegará el día en que alguien cambiará su destino por el mío y seré libre. Hasta entonces seré angustioso recuerdo para ustedes, que de nada valdrán sus esfuerzos porque éste ha sido el destino escogido por Zeus para mí. Él, indignado contra mí, no retrocederá ante sus súplicas. Sin embargo, todos sabrán de mí por boca misma de ustedes y quedaré por siempre como su más valioso aliado.

 

Penteo en Las bacantes

En Las bacantes de Eurípides aparece la represión y todo lo que ésta conlleva para el ser mortal. Dionisos en la cárcel es la pesadilla de alguien que comprime sus pasiones. El paseo por los delirios extáticos de Dionisos será la venganza del dios. Tanto la venganza como la retoma de su majestad divina. El llevarse de nuevo a su pedestal olímpico acarreará para los mortales como Penteo un choque frontal con sus emociones más crudas y, por lo tanto, más arcaicas. Destajado por su misma madre, Penteo será sujeto iniciático en las fiestas orgiásticas a las cuales no acude sino por intervención de Dionisos. Su pase a las reuniones secretas era, por obligación más que por invitación, debida a este dios. Por falta de los votos y de la adoración hacia la divinidad la tragedia de Penteo finaliza con su propia muerte en los ritos. Todo cuanto combate y rehúsa se le vuelve en contra. La revancha del dios Dionisos caerá sobre él como un gigante aplastaría a una mosca. En este sentido, la avalancha dionisíaca le aplasta con ímpetu divino.

Hemos hecho alusión al castigo mortal de Penteo en la tragedia euripídea, en la que su cabeza rueda por el suelo; ya que se excede y padece un destino trágico por olvidar rendirle culto al dios y por desafiar la autoridad, si se pudiera llamar así, de la divinidad de Dionisos.

 

Lo demoníaco asociado a Pan y a Dionisos

“12 Moisés derramó óleo sobre la cabeza de Aarón y lo ungió para consagrarlo. (...) 14 Después hizo traer el novillo para el sacrificio por el pecado, y Aarón y sus hijos pusieron las manos sobre la cabeza del novillo.

”15 Moisés lo sacrificó. Mojando sus dedos en la sangre, untó con ella las esquinas del altar, para consagrarlo. Después derramó el resto de la sangre al pie del altar; de esta manera lo consagró, haciendo por él la expiación. 16 Moisés tomó luego toda la grasa que cubre las entrañas, el hígado y los dos riñones con su grasa y la quemó sobre el altar. 17 En cuanto al novillo con su piel, carne y excrementos, los quemó fuera del campamento, como Yavé lo había ordenado”.

Levítico. Capítulo 8.

Éste es un pasaje de la Biblia donde se expone la manera como es llevado a cabo el sacrificio de un novillo. También se nos habla en la Biblia del sacrificio del macho cabrío cuando todo el pueblo de Israel ha cometido pecado. Digamos que ésta es una introducción a la figura de la cabra y su simbología. Justamente es un novillo o macho cabrío objeto de expiación para la comunidad, como si matando a este animal se purgaran todos sus pecados. También llama la atención el hecho de expulsar fuera de los límites del asentamiento los restos del animal. Allí podríamos darnos cuenta de la suciedad, quizás, del novillo con sus entrañas y excrementos. Después de haber proyectado sobre él las culpas por el pecado, mediante la imposición de manos, es muerto y despedazado. Lo que de él queda es llevado fuera del campamento, de la ciudad o del poblado.

Otro hecho en la narración del Levítico es la imposición de manos en ceremonia de expiación por el pecado. De esta manera se liberan las culpas o se redimen de alguna forma, por lo menos simbólicamente. Asimismo, aunque no sea expresado de manera directa, el animal, en este caso un novillo o macho cabrío, es utilizado como objeto de expiación o como objeto en el que residen y se proyectan las culpas del pueblo de Israel. Por esto y según la tradición cristiana, el macho cabrío encarna algo de lo prohibido o censurado en la comunidad por la autoridad o jefes de tribu. Pero, como nos dice el doctor Alfonso Fernández Tresguerres en la cita que sigue a continuación, la mitología griega es pionera en cuanto a daemonización de lo carnal, o lo carnal como daemon.

El doctor Alfonso Fernández Tresguerres, de la Universidad de Oviedo, en uno de sus libros publicados nos muestra una conexión que nos interesa entre el Diablo o Satán y Pan y Dionisos:

“Ahora bien, Dios tal vez pudiese haber creado al Diablo de la nada, pero el hombre (que es quien realmente lo ha hecho), no. Y por eso la figura de Satán no surge de la nada, sino del resto de figuras demoníacas presentes en las formas anteriores de religiosidad. Esas figuras confluyen en el Diablo siguiendo dos líneas fundamentales: Ahriman, por un lado, y Dionisos y Pan, por el otro (con la importante asistencia y apoyo, desde luego, de otras entidades divinas y demoníacas).

”En realidad, casi podría afirmarse que el Diablo judeocristiano es prácticamente un calco del persa, porque el segundo ámbito al que aparece asociado Satán, esto, la fecundidad y el deseo sexual, son patrimonio también de Ahriman. Sin embargo, en este segundo aspecto, que consolida plenamente la figura del Diablo, más importante que la mitología persa parece haberlo sido la griega. Satán será enseguida asimilado a todas aquellas divinidades ctónicas o subterráneas que los cristianos seguramente percibían, sin más, como demonios (no olvidemos que, en el peculiar dualismo cristiano, el cuerpo y la materia son el reino del Diablo). Y entre esas divinidades resultan absolutamente claves las griegas: Hermes, desde luego, el dios del falo y mensajero de los dioses (recordémoslo), al igual que lo fue inicialmente Satán; pero sobre todo Dionisos y Pan. A imagen de Dionisos, el Diablo será una entidad cornuda, símbolo de la fecundidad (como lo han sido siempre los cuernos, ya desde el Paleolítico), más bien de la orgía, la lascivia y la vida instintiva. Por su parte, Pan transmite al Diablo el deseo y el impulso sexual sin límite alguno, así como su aspecto cabruno, pezuñas y cuernos incluidos”.

(Alfonso Fernández Tresguerres: Satán. La otra historia de Dios).

De esta forma, contamos con una exposición breve pero verosímil acerca del origen de lo demoníaco. Según lo que recién hemos leído, podemos deducir que el Diablo es producto fundamentalmente de las figuras de Pan y Dionisos, figuras paganas de las que veremos un tanto sus convergencias y divergencias.

Según la mitología griega, Zeus llevó a su hijo Dionisos fuera de Grecia, al país llamado Nisa, y allí se lo confió a las ninfas. Además, para impedir que su mujer Hera le reconociese, lo transformó en un cabritillo.

Esto suena quizá a los amoríos entre Pan y las ninfas campestres en la novela Dafnis y Cloe de Longo (II siglo d.C.). Ya aquí una semejanza entre Dionisos y Pan.

Aparece la figura de la cabra; o cabritillo, tal como es nombrado. Parece que era común en la mitología griega la figura de la cabra, no sólo para celebrar a Pan sino también para narrar historias de Dionisos. Si recordamos en Dafnis y Cloe hay un episodio en el que es raptada la joven Cloe por unos piratas. Ante las súplicas de Dafnis, amante de Cloe, Pan aparece en el barco de los piratas y los atemoriza infundiéndoles pánico, hasta que ellos entienden que el dios quiere la devolución a su tierra de la pastora Cloe. Ahora veamos un poco la relación de los piratas con otra divinidad, esta vez una divinidad olímpica, Dionisos, que es tomada de una vieja leyenda griega:

“Narra otra leyenda que cierto día Dionisos fue raptado por unos piratas que navegaban a lo largo de la costa. El dios se hallaba descansando en un promontorio cuando fue apresado por los piratas y conducido al barco. Pero el piloto, reconociendo en el raptado a un dios, aconsejó a sus compañeros:

”Desembarcadle al punto si queréis evitar grandes males.

”Pero los piratas se rieron de él, aunque no por mucho tiempo, pues Dionisos empezó inmediatamente a hacer de las suyas. Primero hizo correr por la cubierta de la nave olas de un vino exquisito que exhalaba un olor embriagador. A continuación vieron trepar por el mástil y enroscarse una viña que comenzó a invadirlo todo con sus ramas, junto a una hiedra fresca y pujante.

”Los piratas, aterrados al contemplar tanto prodigio y comprendiendo al fin que el piloto tenía razón, le instaron a que hiciera regresar el barco a la costa.

”Pero Dionisio se transformó en un león y creó incluso una osa, con la que sembró el espanto entre los piratas, que corrían aterrados a refugiarse junto al timonel. Entonces el león saltó sobre el jefe de los ladrones; los demás, al huir, enloquecidos, se tiraron de cabeza al mar, donde fueron transformados por el dios en delfines. Dionisos salvó al piloto por haber reconocido su naturaleza divina”.

Igualmente que en la narración de Dafnis y Cloe, en este caso es sólo el piloto del barco quien descubre o siquiera intuye la naturaleza divina de Dionisos. Ya hemos visto cómo la fecundidad está asociada a Dionisos mientras que el impulso sexual ilimitado está asociado a Pan. Hemos hallado cierta semejanza y diferencia en ambos dioses. No solamente Dionisos es terminado de concebir en el muslo del Gran Padre Zeus sino que, al igual que Pan, tiene una conexión con las ninfas que, en el caso de Dionisos, se llaman bacantes, y en el caso de Pan se llaman así: ninfas. Se cuenta que Dionisos fue criado por Sileno, que era un dios campestre hijo de Hermes o Pan y de una ninfa o Gea, según las diferentes versiones. Indistintamente la versión que se utilice aquí, existe una relación simbólica de parentesco entre los dos dioses implicados; o sea, Dionisos y Pan.

Finalmente, existe una similitud en la forma como la doctrina cristiana fue asimilada en los primeros años de la cristiandad y cómo fue decayendo el fervor en los adoradores de Pan y Dionisos. Recordemos un poco que al principio el pensamiento de Jesús fue censurado por la mayoría, aun cuando los milagros hechos por él nos hablaban de su divinidad. Mientras que el chivo expiatorio fue en el siglo V a.C. un macho cabrío o un novillo, más adelante en tiempos del Mesías, Jesucristo fue quien lo encarnó. Con la figura de Redentor se fundieron la antigua teoría religiosa judía y el revolucionario pensamiento del Señor Jesucristo, enviado divino por excelencia. Lo que ocurrió fue un cambio del objeto en el que recaían los males cometidos por el pueblo. Por ejemplo, según la mitología:

“Se dice que Orfeo introdujo la expiación de los crímenes y el culto de Baco” (Dioses y héroes de la mitología. Edicomunicación. Barcelona, 1996).

Del culto de Baco o de Dioniso Baquio es que sucede un hecho bien conocido. Se da un sincretismo o asimilación entre los antiguos rituales órficos, báquicos y pánicos con la incipiente promesa cristiana. La masa sin levadura como símil e ideal del cristianismo entre su pueblo escogido. La figura del diablo va a ser representada desde entonces como un macho cabrío, cornudo y con la corporalidad de los antiguos dioses grecorromanos. Como hubo para los griegos un dios Pan, así también para los romanos Fauno y otras deidades campestres. Pero retomando un poco lo dicho anteriormente hubo un tiempo en que se prohibió el culto a Dionisos así como durante buena parte de nuestra historia lo fue el cristianismo. Pero no hay duda al respecto, los dos cultos arrastraron masas ingentes de personas. Asimismo, los dos se asemejan por empezar con pocos adoradores.

 

El dios Pan

El ámbito del dios Pan es oscuro. Hijo de Hermes, fue repudiado por su propia madre; es el dios que habita las cavernas. Por ejemplo, en Dafnis y Cloe surge Pan como el protector de los pastores, de cabreros y ovejeros.

Sale en apoyo de Dafnis ante las súplicas de éste por el rapto de Cloe. Pan atiende su súplica. Este dios se deleita con la música y en especial con la zampoña, que es una suerte de organillo. Los piratas en Dafnis y Cloe son apoderados por el pánico y deciden restituir el rapto y el saqueo. Arcadia, siempre joven, es el escenario del goce y la exaltación de los amores. Pan y las ninfas eran venerados allí, en Arcadia. El territorio psíquico de este dios abarca el instinto corpóreo en su generalidad. La siesta del día, la atracción sexual desenfrenada y el posterior recogimiento de la noche se entienden por el ritmo vital del dios cabra Pan. Nos dice el profesor Jaime López-Sanz que los límites de la acción de Pan se hallan entre el deseo y el pánico.

Sobre la alusión a Pan y el origen del pánico derivado de este dios, véase lo siguiente:

“Pan, hijo de Hermes y de Penélope, fue el dios de los pastores. Un día que perseguía a la ninfa Sirinx, llamó ésta en su socorro al río Ladón, su padre, quien la convirtió en caña; de ella cortó Pan un pedazo e hizo la primera flauta o caramillo, instrumento compuesto de varios cañones en disminución, en forma de organillo, y cada vez que la tocaba se henchían de leche las ubres de las ovejas. Le representan con cuernos, barba de chivo y pies de cabra, cubierto con una piel, algunas estrellas en el pecho y tocando su instrumento. Los galos mandados por Breno penetraron en la Grecia; iban a saquear el templo de Delfos, y los habitantes de aquel país invocaron el nombre de Pan: se apoderó un terror repentino de los galos, que huyeron precipitados sin que nadie los persiguiese; y desde entonces se llaman terrores pánicos los que proceden de una causa desconocida”.

Dioses y héroes de la mitología. Edicomunicación, S.A. Barcelona (España), 1996.

La Enciclopedia Barsa dice al respecto que Pan, “según cierta tradición, ayudó a los griegos en la Batalla de Maratón al infundir el pánico entre los persas, por lo que se instituyó su culto en Atenas. También Plutarco relata que, durante el reinado del emperador Tiberio, cierto marino que se hallaba en ruta a Italia escuchó una voz misteriosa que le pidió que propagara la nueva de que Pan había muerto, leyenda que se ha relacionado con el nacimiento del cristianismo y el fin del paganismo”. Esto nos dice con claridad que Pan es símbolo de paganismo y su culto fue naturalmente decayendo a través del tiempo. Al igual que en el caso de Dionisos, el culto a estas divinidades enfrentó la oposición de algunos emperadores romanos.

Por ejemplo, el Senado Romano prohibió la realización de fiestas dionisíacas el año 186 a.C. aunque estas celebraciones seguían siendo populares para el siglo I d.C. e incluso hasta el tercer siglo.

El dios Pan está también relacionado con las estampidas de animales y con su huida ante el acecho de los cazadores. Si hacemos una conexión con el mundo pánico vemos que existe una admiración por lo natural, lo instintivo, lo mistérico y lo rústico. Sobre todo esto último, lo rústico, a mi parecer forma parte de la psique de Pan.

También quiero señalar que tanto Dafnis y Cloe como Pan son criaturas expósitas. Creo que ser abandonados por la madre tiene cierto significado. El hecho de ser adoptados, todos ellos, indica una acogida, pero al mismo tiempo rechazo, repudio y separación de su progenie original. En Dafnis y Cloe aparece Pan como protector del mundo virginal y, paradójicamente, del mundo carnal. No hay duda de que por esto se asimiló la figura de Pan o macho cabrío en Satanás o el demonio cristiano. Mitad cabra, mitad hombre, Pan es expuesto por su madre por su aspecto temible o terrible. Su faz barbuda, sus patas caprípedas y sus cuernos bestiales hacen que Pan sea “desagradable” ante los ojos de su madre. Asimismo Pan es rescatado de la muerte por Hermes, según el mito, al igual que Dafnis y Cloe son asimilados por los padres bienhechores, originarios de Arcadia.