Intelectuales peruanas
de la generación de José Carlos Mariátegui • Cecilia Bustamante
Flora Tristán y Moscoso (1803-1844).
II
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La condición social de la mujer peruana ya había sido criticada en 1833 por la precursora del socialismo, la franco-peruana Flora Tristán y Moscoso (1803-1844), y a la cual por línea materna soy vinculada (C.B. Flora Tristán: A Woman of Vision. Paul Gauguin’s Astonishing Grandmother, Forerunner of Feminism & Workers’ Organization. ISBN 0-944181-00-7). Sus observaciones sobre la mujer en la sociedad peruana quedan registradas en su obra Peregrinaciones de una paria (ed. en francés, 1838. ed. en español, 1946).
Describe allí condiciones que apenas a mediados del siglo XX empezaron a cambiar. Aun hoy, la idiosincrasia femenina limeña, la mentalidad y conducta de las mujeres de clase media y de la alta burguesía peruana, son profundamente conservadoras, y sus pautas permean también la conducta social y política de la mujer de las clases menos favorecidas. Las primeras lo son por conservar sus privilegios de clase y raza, las otras por protegerse y por temor de abandonar tradiciones de su otra realidad provinciana, andina, que les dan algo de seguridad, protección, cohesión, en una sociedad básicamente injusta hacia lo andino.3
Flora Tristán escribe: “...en el Perú la alta clase está profundamente corrompida, por satisfacer el afán de lucro, el amor al poder y las demás pasiones, su egoísmo los lleva a las tentativas más antisociales... el embrutecimiento del pueblo es extremo... y da vida a la inmoralidad de las altas clases”.4
Visitó el Perú en 1833 y recorrió a lomo de bestia el camino de Lima a Arequipa (750 km), la ciudad natal de su padre, a donde llegó trayendo en su largo viaje a su pequeño nieto Paul Gauguin de compañía; desembarcan en Islay en busca de su herencia, que era ingente dada la elevada posición política y social de su familia. Su tío Pío Tristán fue efímero Virrey del Perú, poco antes de iniciarse la República, y fue fracasado candidato a la primera Presidencia. Su herencia le fue negada a Flora por su condición de hija natural pero, con característica conducta, sus parientes en la capital de la colonia española y en la aristocrática ciudad de su familia, la acogió al mismo tiempo con fineza y mezquindad.
En Peregrinaciones de una paria publicó sus opiniones descarnadas sobre esa realidad teñida por las múltiples manifestaciones de su paternalismo y jerarquías sociales inflexibles. Flora nos dice que “Lima es una ciudad muy sensual. Las costumbres se han formado bajo la influencia de otras instituciones. El espíritu y la belleza se disputan el imperio... los sentimientos generosos y las virtudes privadas no pueden nacer cuando se sabe que a nada conducen y la instrucción primaria no está lo bastante desarrollada como para que las altas clases puedan temer mucho a la libertad de prensa”.5
Hoy, siglo y medio después, del total de analfabetos que hay en el Perú, cerca del 70% son mujeres, y sólo recientemente para las elecciones presidenciales de 1980 le fue concedido el voto al analfabeto, gracias en parte a la presión de escasas mujeres con percepción política que participan en la política esta última década.
Esta notable precursora del feminismo y el socialismo fue una paria en su tiempo. Su genio y carácter indómito hicieron de su vida una acción apasionada que conoció la admiración de sus más ilustres contemporáneos en Francia. Y la diatriba y el ensañamiento del resto. La animaban una visión precursora y una profunda conciencia del sufrimiento y la injusticia, especialmente hacia la mujer y los trabajadores. Escribió: “...mi patria es el Universo y mis compatriotas, todos los hombres del mundo”.
Paradójicamente ella no es todo lo conocida que debiera ser entre las mujeres feministas y liberacionistas. Lo que es más desconcertante, tampoco entre las intelectuales. Para definir su dimensión señalemos que es ella quien primero enuncia la necesidad de organizar las fuerzas trabajadoras el 13 de febrero de 1843. Antes de que Karl Marx y Federico Engels lo hubieran convocado en el Manifiesto Comunista. Ambos se ven comprometidos a hacer su defensa en la obra La sagrada familia (1844) cuando dicen: “...en la proposición de Flora Tristán es donde por primera vez encontramos esta afirmación (la necesidad de la organización de los trabajadores): ella pidió lo mismo y su insolencia al haberse atrevido a adelantarse a la ‘crítica crítica’ es lo que le significó ser tratada de ‘canaille’ ”.6
Ella murió en Burdeos agotada por la lucha y en la pobreza, el 14 de noviembre de 1844. Los obreros le erigieron más tarde, con su contribución voluntaria, un monumento en forma de columna trunca en dicha ciudad. Pensamos que en cualquier proyecto de reivindicación social de la mujer feminista o revolucionaria, éste pierde mucha validez y perspectiva histórica si no establece su enlace con el pensamiento emancipatorio y precursor de Flora Tristán y Moscoso. Su visión revolucionaria y utópica forma parte de la herencia cultural de las escritoras peruanas quienes, en uno u otro momento de su desarrollo intelectual o participación política, han escrito su valoración personal de la figura de Flora Tristán.7
Las escritoras peruanas, aunque escasas en número en comparación con los hombres, son y han sido elemento captador de las necesidades de esa minoría a la que pertenecen; además, su desafío a las convenciones de una inflexible sociedad cortesana y a la autoridad del poder político establecido agranda y equipara su contribución. Silenciadas, anatemizadas por la sociedad y sus instituciones y también por los críticos del status-quo, el oficialismo cultural, su acción y obra creadora, no pueden dejar de emerger casi como extrañas figuras cuando nos acercamos a la cultura peruana.8
Ver observaciones y conducta de esta tendencia en el voto en La mujer peruana ante las elecciones de 1980. Cecilia Bustamante, El País, Madrid, 20 de enero, 1980. p. 8.
Flora Tristán, Peregrinaciones de una paria. Traducción de Emilia Romero, 2ª ed., Lima. Moncloa y Campodónico, 1971. pp. 485-486.
Ibid. p. 37.
Karl Marx y Frederik Engels, Collected Works, vol. IV. En esta sección Engels analiza y cita un comentario de Edgard Bauer en Allegemeine Literature-Zeitung, Heft IV, de abril de 1844, de la obra de Flora Tristán Union Ouvriere, París, 1843. International Publishers, New York, 1976, Chapter IV, p. 19.
“Una figura como la de Flora Tristán... mereció ser recordada por Marx y Engels, representa una personalidad excepcional, desprovista en su patria del ambiente político y cultural adecuado, está ligada más bien al desarrollo del socialismo utópico francés”. Antonio Melis en José Carlos Mariátegui. Crítica literaria, ensayo preliminar. Editorial Jorge Álvarez, Buenos Aires, 1974.
Para algunas otras observaciones sobre efectos de la política autoritaria en la obra creadora femenina, v. C.B. “El poeta y su texto”. Socialismo y participación, Nº 8, Lima; septiembre, 1979. pp. 108-110.