Intelectuales peruanas
de la generación de José Carlos Mariátegui • Cecilia Bustamante
IV

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Estos son los antecedentes sin duda incompletos que prosiguen su germinación en las generaciones siguientes. La corriente indigenista se acentúa en época de Mariátegui, evidente en las artes plásticas que describen ahora el mundo andino y sus personajes hasta entonces ausentes de nuestro panorama cultural y estético. Si les faltó —como sostienen algunos críticos— formación técnica y un mayor conocimiento de los problemas económicos y políticos del país, llevaron con decisión a nuestro arte las imágenes de nuestro mundo mestizo y nativo. Ellos colaboraron valiosamente en la búsqueda de una visión integral de lo peruano.

César Arróspide de la Flor nos dice: “Un movimiento —suscitado en lo político y lo social por Mariátegui— que le dio en la plástica y la música rostro sensible a la literatura, es un caso evidente del compromiso de una generación con su contexto humano...”.13 El indio marginado y los valores de su tradición cultural emergieron al primer plano de la preocupación y análisis de los intelectuales y artistas. Dirigido por José Sabogal (1888-1956), este grupo de artistas contó con varias mujeres entre sus miembros. Julia Codesido, Teresa Carvallo, Leonor Vinatea Cantuarias, Carlota Carvallo de Núñez, Alicia Bustamante Vernal, Carmen Saco, las hermanas Izcue, entre otras.

Fue Sabogal quien escogió para la revista de Mariátegui el nombre de Amauta, voz kechua que quiere decir “maestro” (y que en el Perú se ha hecho sinónimo de Mariátegui). Sabogal y sus discípulos ilustraron frecuentemente las páginas de Amauta. Para que esta corriente en las artes plásticas encontrara su rumbo había sucedido en 1916 una acalorada polémica entre Valdelomar, Mariátegui y el pintor académico Teófilo Castillo. Se discutió la validez de la pintura académica en un medio como el peruano y las posibilidades de una posición renovadora en la plástica. Los resultados fueron positivos pues maduró de ello el Indigenismo como un estado de mente y de conciencia, relacionado a una corriente social e ideológica.

Las artes plásticas seguían siendo europeizantes hasta después de los años 20, siguiendo la huella de Ingres y Delacroix. Es José Sabogal quien inicia “la emancipación plástica”. José Sabogal se inició en la xilografía o grabado en madera. Después trabajó litografías. Entre 1932 y 1943 fue director de la Escuela Nacional de Bellas Artes y desde allí impulsó el grabado y el indigenismo en las artes plásticas. Con Julia Codesido, Teresa Carvallo y Alicia Bustamante V., fundaron el Instituto de Arte Peruano. Auspiciados por el historiador Luis E. Valcárcel, fundador del Museo de la Cultura Peruana y del Museo de Arte Popular Peruano, realizaron activa labor de investigación de las artes populares por todo el territorio nacional.14

Los pintores indigenistas trabajaron en coordinación con los escritores, desarrollando proyectos y encuentros. En la Peña “Pancho Fierro” fundada (1938?) por las hermanas Alicia y Celia Bustamante Vernal, se concentró en adelante, y por más de un cuarto de siglo, lo más importante del mundo cultural peruano, la vanguardia de su pensamiento creador.

Muchas jóvenes inquietudes fueron auspiciadas allí, con mayor generosidad y perspicacia que la de los críticos oficiales de entonces. Este grupo de artistas y escritores vive e interpreta un medio que Mariano Picón Salas en 1935 calificara con acierto como el “tumultuoso misterio sobre el que habíamos dormido, donde en las sombras de la amanerada y perezosa corte peruana del siglo XVIII, se descubre de pronto que todavía existen indios... se ve aparecer sus rostros venidos del fondo de América, de la oscura matriz de nuestra existencia colectiva”.15

Y continúa: “...la inercia de una oligarquía irresponsable y ociosa observa la tempestad que viene, el deseo de iniciar otra historia... pero el Perú no es aún un país nuevo... parece penar la tragedia que le significó la Conquista”.16 Y sobre Lima: “...la limeña, arquetipo de su cultura... Lima es más épica que lírica, ciudad lunar, sigue siendo el elemento femenino de la historia peruana... la crítica revolucionaria del Perú ha procesado a Lima precisamente por aquello que es el encanto de los turistas”.17

Y con aguda visión describe la raigambre nacionalista que podría tener el cambio político que materializaría más de treinta años después: “...grupos revolucionarios ...buscan inspiración en el colectivismo de los Incas... destruirían la estatua de Pizarro para erigir la de de Túpac Amaru...”.18

A esta Lima tradicional, ya conmovida por la demanda popular, la escritora puertorriqueña Concha Meléndez (1904-) evoca en su libro Entrada al Perú,y al pequeño grupo de artistas continuadores de Mariátegui que se concentraban en la Peña “Pancho Fierro”. “Es un sitio de reunión de las gentes de letras y arte en Lima... dirigida por dos muchachas jóvenes e inteligentes (Alicia y Celia Bustamante Vernal), conocí allí a Xavier Abril, Emilio Adolfo Westphalen, Peña Barrenechea, Alberto Tauro, Martín Adán, José María Arguedas; José Sabogal pintó el retrato de las dos hermanas en grupo...”.19 Y sobre el marginal poeta César Moro, amigo de André Breton y signatario del Manifiesto Surrealista, observó que “sus exigencias en el gusto... lo hacen desdeñoso y desarraigado de Lima”.20 Las hermanas Izcue también pertenecieron a esta Peña. Elena obtuvo fama en París, donde publicó en 1924 El arte peruano en la escuela, 2 vols., sobre el arte peruano prehispánico y su importancia para la formación artística escolar.

 


  1. César Arróspide de la Flor, Cultura y liberación, Lima. Instituto Nacional de Cultura del Perú, 1975, p. 187.
  2. El historiador Luis E. Valcárcel, del grupo Resurgimiento del Cuzco, perteneció al grupo de amigos de Mariátegui. Había constantes abusos contra los indios y con su grupo —en el que actuó notablemente Dora Mayer—, adoptaron la defensa legal de ellos en sus pleitos contra los hacendados. Existe correspondencia inédita de Valcárcel y Mariátegui en poder del señor Luis Pardo, en el Cuzco (entrevista de la autora con Valcárcel, septiembre 29, Lima, 1976).
  3. Mariano Picón Salas. Un viaje y seis retratos, estampas inconclusas de un viaje al Perú, Caracas. Asociación de Escritores Venezolanos, 1940. p. 18.
  4. Ibid. p. 28.
  5. Ibid. p. 39.
  6. Ibid. pp. 48-51.
  7. Concha Meléndez. Entrada al Perú. La Habana, 1941. pp. 48-49.
  8. Ibid. p. 7.