La literatura en la superación del tabú sexual
La literatura oficializa el nacimiento del tabú sexual en la cultura occidental
El tabú sexual en Occidente encontró en la literatura su partida de nacimiento, acompañada con el sello de la divinidad, que le ha impreso durante casi cuarenta siglos la religión judeo-cristiana. Esto ha representado una de las características más dominantes de la cultura occidental.
Ofrecemos una serie de citas del relato que, en el Génesis, nos muestra el nacimiento del tabú sexual, con sus consecuencias dramáticas y traumáticas en la vivencia sexual y en todo el universo de las relaciones humanas en el mundo.
Así fuimos creados:
“Los dos estaban desnudos, hombre y mujer, pero no por eso se avergonzaban” (Gn 2,25).
Abrir los ojos y tomar conciencia de todo el cuerpo y ponerse unos taparrabos como creación cultural, protección, defensa y estética, ha sido una maravillosa y divina conquista humana. La Biblia lo presenta como la consecuencia del pecado.
“Entonces se les abrieron los ojos y se dieron cuenta que estaban desnudos y se hicieron unos taparrabos cosiendo hojas de higuera” (Gn 3,7).
Huir por lo anterior ante Dios, ante sí mismo, ante un ser igual o uno inferior, es haber perdido la conciencia de la propia identidad, dignidad y autoestima. Es haber degradado la naturaleza profunda del ser humano. Esconder el cuerpo desnudo ante Dios, ante sí mismo y ante la pareja, es una conducta estúpida. Esto no debía haber sucedido jamás y esto no debería continuar a través de tantos milenios:
“El hombre y su mujer se escondieron para que Dios no os viera, entre los árboles del jardín” (Gn 3,8).
Tener miedo por estar desnudo, por experimentar la libertad, la armonía, la imagen y palabra divina, que es el cuerpo íntegro; indiscutiblemente que fue una inmensa caída del Paraíso. Eliminar el miedo al desnudo es un acto de redención y recuperación del paraíso perdido. Así lo dejó grabado en la Cúpula de la Capilla Sixtina, el inmortal escultor, arquitecto, pintor y poeta italiano Miguel Ángel Buonaroti. Así quedó grabado en la conciencia de un pueblo esa desgracia:
“Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo, por eso me escondí” (Gn 3,10).
El parto sin dolor y el parto orgásmico vienen a descubrir, en el siglo XX, que el embarazo y el parto, así como la maternidad y feminidad, es una bendición de Dios y una oportunidad preciosa para disfrutar la vida y ser feliz. Toda la investigación sexológica contemporánea reivindica plenamente el derecho al orgasmo de la mujer; orgasmo de mayores posibilidades y riquezas que en el hombre. La literatura sexológica, y la literatura en general, están llamadas a borrar en el siglo XXI esa terrible mancha negra en la vida de la mujer, y con ella la del hombre y la humanidad. Desfiguración de la maternidad y parto que por mandato divino quedó así:
“A la mujer le dijo: multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos. Con dolor darás a luz a tus hijos, necesitarás de tu marido, y él te dominará” (Gn 3, 16).
Pedimos perdón a las mujeres por haber omitido dos aspectos fundamentales: está bien que ustedes necesiten de nosotros tanto, más o menos, como nosotros de ustedes; pero no estamos de acuerdo en que permitan seguir aceptando un día más la repugnante, dolorosa, injusta e inhumana dominación del hombre por ser hombre. Que gobiernen los más sabios, buenos, capaces y útiles. En la reciente Conferencia Internacional de la Mujer, que se realizó en Pekín, las mujeres del mundo asumieron este histórico y sagrado reto: la lucha por sus plenos derechos e igualdad con el hombre. Muchos hombres, más de los que las mujeres piensan, les apoyamos de corazón, por convicción, por necesidad e interés. Cuando el gobierno es servicio y no privilegio nacen, como dos resplandecientes estrellas en el firmamento: Igualdad y Justicia.
Hacemos la cita que nos muestra la respuesta remota de Dios en la confirmación del tabú sexual:
“Yahvé Dios hizo para el hombre y la mujer túnicas de piel y los vistió” (Gn 3,21).
Esas túnicas que Dios hizo a Adán y Eva se volvieron viejas e inútiles con los siglos. Dios mismo, vuelto Hombre en Cristo, vino a limpiar el alma y el cuerpo de los hijos de Adán y Eva, primero con la Palabra y luego con Sangre y Espíritu. Cristo realiza la Obra de Redención, en el madero de la cruz, desnudo. En Bogotá, en la Iglesia del Barrio “El Minuto de Dios”, se encuentra El Cristo Desnudo.
El sexo se presenta maravilloso en la poesía y literatura bíblica
Vamos a presentar, como piedras preciosas, las citas de los libros pertenecientes al género poético que forman parte de los 72 libros de la Biblia, en los cuales el sexo se presenta maravilloso, digno, bueno, sano y santo. Ojalá nuestros poetas se inspiren en ellos para recuperar el espíritu erótico allí prisionero; de manera distinta a lo que hicieron, en otras épocas, poetas místicos que, arrebatados al cielo, quedaron muy lejos de sus versos: el cuerpo y el sexo. Esto sería una forma eficaz de superar el tabú sexual. Hace falta contemplar el éxtasis de Santa Teresa de Jesús para encontrar caminos que nos revelen la Unidad del cuerpo y el alma en esas experiencias que hoy la neurociencia del comportamiento ubica en la región septal del cerebro límbico, unida a las profundas emociones.
“Bendita sea tu fuente y goza la mujer de tu juventud. Sea para ti como hermosa cierva y graciosa gacela; que sus pechos sean tu recreo en todo tiempo. Que siempre estés apasionado por ella” (Pro 5,18-19).
Creo que estarán de acuerdo conmigo para gritar con devoción, emoción, alegría y mucha fe: Amén. Pero sobre todo decirle a la “vieja” de hoy (“La mujer de nuestra juventud”), que es también verdad lo que canta Simón Díaz en “Caballo viejo”: “El amor no tiene horario, ni fecha en el calendario...” y “¡Después de esta vida no hay otra oportunidad!”.
El Amor que nos descubre el Cantar de los Cantares, con la fuerza de la eterna juventud de los amantes, como leemos en las siguientes citas:
“¡Que me bese con los besos de su boca!”.
“Tus amores son un vino exquisito. Suave es el olor de tus perfumes. Recordaremos tus caricias que son mejores que el vino...”.
“Mi amado es para mi bolsita de mirra cuando reposa entre mis pechos. Mi amado es para mí racimo de uva... Tus dos pechos como dos crías de gacela... Sus labios son lirios que destilan mirra pura... Tu ombligo es un cántaro donde no falta vino con especias...”.
Hemos hecho una picadura del Cantar de los Cantares para mostrar cómo intervienen todos los sentidos en el encuentro erótico del Rey Salomón y la Sulanita en un recrearse en el cuerpo de la amada y del amado. Es un encuentro de alma a través del cuerpo, en profunda relación ecológica. Perdonen los cortes de lo poético, sacrificado a favor de lo erótico. Les invito a leerlos una y otra vez, hasta que se sienta Salomón él y ella la Sulanita.
Y, dentro de la visión apocalíptica, no falta después del terror la figura erótica:
“Entonces miré la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, del lado de Dios, embellecida como una novia engalanada en espera de su prometido...”.
“Entonces el que se sienta en el trono declaró: ‘Ahora todo lo hago de nuevo’ ” (Ap 21,2 y 5).
Como el tabú sexual aparece unido a la noción de pecado y de lo sucio, su superación nos debe llevar a la comprensión y valoración del sexo desde una visión integral y completa del hombre, del cuerpo y del mismo sexo. Terminaremos con otra cita del último libro.
“Que el pecador siga pecando, que el sucio siga ensuciándose, que el hombre de bien siga en el bien y que el santo se santifique más” (Ap 22,11).
Mi deseo, al final de este viaje a través de la Literatura Sagrada, que ha servido a los enemigos del sexo de todos los tiempos para justificar y mantener el tabú sexual, es que pueda servir a todo escritor, creyente o no, para descubrir, en esa misma literatura, una fuente de inspiración para ayudar a crear una sociocultura capaz de asumir una vivencia sana, ordenada y feliz de la sexualidad. Romper el prejuicio históricamente establecido de que la religión cristiana es sinónimo de represión y tabú sexual.
Al otro lado del mundo: una literatura y cultura sexual erótica
Las investigaciones antropológicas han descubierto una multiplicidad de conceptos, valores, actitudes y comportamientos sexuales alrededor del mundo. Esta variedad vivida a nivel individual está profundamente condicionada por la cultura y sociedad a la que se pertenece. Así que nos encontramos con conductas y costumbres sexuales radicalmente opuestas:
| En X pueblo |
En Y pueblo |
| Los varones asumen el papel activo. |
Las hembras asumen el papel activo. |
| Se suspenden las relaciones sexuales durante el embarazo. |
Se mantienen las relaciones sexuales durante el embarazo. |
| Se habla libremente de sexo. |
Nunca se habla de sexo. |
Vamos a ofrecer una breve reseña de la introducción de un libro perteneciente al “otro lado del mundo”, el mundo oriental, que representa una muestra de lo que ha sido, a través de la historia milenaria de esos pueblos, la cultura y el tratamiento literario del sexo. Cada uno de nosotros establezca las diferencias entre nuestro mundo y el otro mundo. Desde niños escuchamos hablar de ese libro “raro” y “prohibido”: Kamasutra, cuyo autor es Vatsyayana. Nos dice: “Para alcanzar el estado perfecto, o sea la paz interior, es preciso mantener las trívagas, es decir, las tres cualidades importantes de la vida, como son:
- El Dharma: La culminación del mérito religioso.
- El Artha: La prosperidad terrenal.
- El Kama: La satisfacción erótica.
Vatsyayana escribió: “Para conseguir y gozar plenamente del Dharma y del Artha, era preciso que se sintieran sexualmente satisfechos, pues de otro modo las frustraciones le llevarían por mal camino”.
El principal de los males provenientes de las mencionadas frustraciones era el adulterio, que atraía la mala suerte, la enemistad de los dioses y muchas cosas más, igualmente perniciosas... proponía la satisfacción plena con sus respectivos cónyuges, dentro del matrimonio... la elección de la esposa tiene mucho de cálculo, hay que tener en cuenta la futura felicidad, el amor no es ni puede ser una actitud estática, puesto que la rutina y el repetirse son sus peores enemigos, que acaban por matarlo... El amor, como él lo ve, es un continuo ejercicio de superación, un preocuparse constantemente por la otra persona y un ininterrumpido esfuerzo de ingenio para mantener la llama tan despierta como al principio... La satisfacción física proviene, en cierta manera, de una actitud anímica para vencer la monotonía y el desinterés, de modo que se mantenga vivo ese sentimiento que nadie ha podido explicar ni tampoco definir... Por su parte Vatsyayana no lo intenta... Propone cada caso en sus diferentes aspectos para comprobar lo que es lícito, conveniente y eficaz.
Todo lo que se detalla sin ambages, y que se expone más claramente, resultaría obsceno en manos de otro, pero no de Vatsyayana. Se sitúa siempre por encima de ella, sin participar, igual que si se tratara de un manual de botánica o de relojería.
Su léxico fue uno de los aspectos más difíciles de conservar en las traducciones europeas, puesto que, tratándose de ese tema, resultaba sencillísimo caer en la grosería. “Después de siglos de no hablar de sexo, mas que en secreto, se carecía incluso de términos adecuados” (¡qué desgracia histórico-cultural!).
En 1972, cuando comencé en la Universidad del Zulia (LUZ) los estudios de filosofía, entré en contacto con la obra literaria de Hermann Hesse, Premio Nobel de Literatura, quien abrió un puente de contacto entre oriente y occidente; ejerciendo una profunda influencia en los movimientos juveniles de la década de los sesenta con el libro Siddharta, escrito en 1923. Esta obra descubre la cultura y la concepción oriental sobre el sexo; de ese libro comparto con ustedes unos diálogos sobre el sexo entre Siddharta y Kamala (experta cortesana), ya que el sexo, como vimos anteriormente, en el Oriente ha sido un arte y una ciencia.
“Te rogaría que fueras mi amiga y maestra, pues todavía no sé nada del arte que tú dominas... Quiero que sepas que Siddharta se ha propuesto cosas más difíciles que esas pequeñeces, y lo ha logrado. ¿Por qué no voy a conseguir lo que me propuse ayer, ser tu amigo y aprender los placeres del amor? Podría forzarte, bella muchacha. Robarte, hacerte daño. —No, samana, no temo de eso. ¿Alguna vez un samana o un brahmán ha temido que alguien le pudiera robar su sabiduría, su devoción o su profundidad de pensamiento? No, pues es suyo, y sólo da lo que quiere dar y a quien quiere dar. Lo mismo pasa con Kamala y las alegrías del amor. La boca de Kamala es bonita y encarnada, pero intenta besarla contra la voluntad de Kamala y no disfrutarás ni una sola gota de la dulzura que sabe dar. Tú tienes facilidad de aprender, Siddharta, pues aprende esto: el amor se puede suplicar, comprar, recibir como obsequio, encontrar en la calle. ¡Pero no se puede robar!... Siddharta en el amor todavía era un chiquillo, inclinado a hundirse con ceguera insaciable en el placer, como en un principio. Kamala le enseñó, desde el principio, que no se puede recibir placer sin darlo; que todo gesto, caricia, contacto, mirada, todo lugar del cuerpo tiene su secreto, que al despertarse produce felicidad al entendido. También le dijo que los amantes, después de celebrar el rito del amor, no pueden separarse sin que se admiren mutuamente, sin sentirse a la vez vencido y vencedor; de ese modo, ninguno de los dos notará saciedad, monotonía, ni tendrá la mala impresión de haber abusado o haber padecido abuso... continuaba sus visitas a la bella Kamala, aprendía el arte del amor, se entrenaba en el culto del placer, donde más que en ningún otro asunto el dar y el recibir es una misma cosa”.