La literatura en la superación del tabú sexual y la prevención del sida • Cruz Yayes Barco
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Fotografía: DaramaLa palabra escrita: un instrumento efectivo para la superación del tabú sexual

Hemos nacido en una sociedad y cultura que ha silenciado el tema sexual como condición positiva, digna y sana del hombre. Hablar de sexo en nuestra familia, en la escuela, en la calle, en la iglesia y aun en las universidades era considerado “grosería”. Se tenía una clasificación respecto al cuerpo de partes honestas y deshonestas. Desde niños nos llegó el sexo unido a la violencia, la agresión, la censura y la descalificación a través de expresiones como “puta”, “hijo de puta”, “coño de madre”, “marico”, “pajú”, “puñetero”, “toche” y otras. Se hablaba con mucha frecuencia y naturalidad de sádicos, pervertidos, violaciones y hasta de crímenes pasionales. Casi nadie hablaba de sexo positivamente en ambientes decentes. Coito, orgasmo, excitación, los órganos sexuales, con sus nombres científicos de pene, vulva, vagina, testículos, no se escuchaban jamás. Ni siquiera el nombre sexo. El resultado de esta realidad sociocultural, llevado a nuestro aprendizaje personal y a nuestra psicología, nos descubre que somos unos adultos mudos o tartamudos respecto al sexo. Esto se vive aun siendo escritores. ¿Cómo educar a niños y adolescentes sobre el sexo y la prevención del sida en estas condiciones? Solamente superando el tabú, y esto será posible en la medida en que el tema sexual alcance un lugar de dignidad y respeto. Una manera privilegiada nos la da la palabra escrita. Voy a compartir con ustedes algunas breves citas de un libro que me ha permitido desarrollar un efectivo trabajo en la superación del tabú.

 

La vivencia del orgasmo en la mujer según el libro Amor y responsabilidad, de Karol Wojtyla (1959)

“Existe en este terreno (la vivencia sexual conyugal) un ritmo dictado por la naturaleza que los cónyuges han de encontrar para llegar al mismo momento al punto culminante de excitación sexual. La felicidad subjetiva que experimentarán entonces tendrá los rasgos de frui, es decir de la alegría que da la concordancia de la acción con el orden objetivo de la naturaleza. El egoísmo, por el contrario —en el caso se trataría más bien del egoísmo del hombre—, es inseparable de uti, de esa utilización en la que una persona busca su propio placer en detrimento de la otra... Cuando la mujer no encuentra en las relaciones sexuales la satisfacción natural ligada al punto culminante de la excitación sexual (orgasmus), es de temer que no sienta plenamente el acto conyugal, que no embarque en él la personalidad entera, lo cual hace particularmente a la neurosis y trae consigo una frigidez sexual, es decir una incapacidad de sentir excitación, sobre todo en su fase culminante. Esta frigidez (frigiditas) resulta a veces de un complejo o de una falta de entrega total de la que ella misma es responsable. Pero, a veces, es la consecuencia del egoísmo del hombre, que al no buscar más que su propia satisfacción, muchas veces de una forma brutal, no sabe o no quiere comprender los deseos subjetivos de la mujer ni las leyes objetivas del proceso sexual que en ella se desarrolla... Para evitarla es indispensable una educación sexual... que no se limitare a la explicación”.

Consideramos personalmente, y así lo ha venido revelando una multiplicidad de investigaciones y eventos nacionales, latinoamericanos y mundiales, que en la vivencia sexual la mujer tiene un estratégico espacio para la conquista de la igualdad, dignidad y salud; un espacio que es transferible a las demás experiencias de su vida. Hace dos años, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, pronunciamos una conferencia en la Universidad Nacional Experimental del Táchira (Unet) titulada “La mujer en la superación del tabú sexual y la prevención del sida”, y el año pasado publicamos un material sobre la defensa de los derechos sexuales de la mujer. En la Iglesia, y particularmente en esta cita de Karol Wojtyla, encontramos una válida orientación para seguir trabajando a favor de la salud, vida y bienestar de la mujer, con quien nos encontramos felizmente comprometidos como hijo, hermano, esposo, padre, compañero de trabajo, profesional y fiel cristiano. Poder investigar, pensar y hablar sobre la mujer ha representado una maravillosa oportunidad para renovar el amor y admiración sobre lo bueno, bello y valioso que la mujer siempre nos ha descubierto; con toda su carga de misterio, luces y sombras dentro de una exigencia fundamental: luchar unidos por la defensa de los derechos humanos y dentro de éstos los específicos de la mujer que redundará a favor del bien de la comunidad humana concreta y universal.

Voy a hacer a todos ustedes la pregunta que he hecho a quienes han leído o escuchado las anteriores citas: ¿quién creen ustedes que es el autor? Hasta ahora nadie ha acertado en la respuesta. Pueden intentarlo...

Se trata de Karol Wojtyla, el actual papa Juan Pablo II. El libro se titula: Amor y responsabilidad (Pautas de ética sexual) y fue publicado en 1959. Este papa fue diez años profesor de ética sexual en una universidad comunista polaca. Enseñó y escribió sobre sexo sin hacer una sola referencia a Dios, que era el tema tabú en Polonia dentro de las instituciones educativas. Ahora saben el impacto que ha tenido en mi vida esta obra. Por eso, en los programas de orientación sexual que hago por radio, a cualquier hora del día, termino con el saludo: “Feliz orgasmo a quienes viven su sexo en pareja”. El autor, en el mismo libro, establece un criterio fundamental para la vivencia del sexo: lo sano es bueno y lo bueno es sano. En muchas conferencias sobre educación sexual, el obispo de San Cristóbal, monseñor Marco Tulio Ramírez Roa, citando a San Agustín ha dicho: “No debemos avergonzarnos de hablar de algo que Dios no tuvo vergüenza en crear”. Esto exige un cambio radical de nuestra cultura sexual, favorecida desde una permanente acción literaria, comunicacional y educativa. En el presente siglo no ha sido fácil esta tarea en el ámbito católico, ni siquiera a los papas. En 1931 el papa Pio XI, cuando publicó la encíclica Castii Connubi, produjo fuerte oposición en los sectores conservadores de la Iglesia. El tabú había silenciado a los predicadores modernos a pesar de la explosión científica y literaria del tema sexual que advino a finales del siglo XIX con Freud y su teoría psicoanalítica.

 

Contraposición de dos poemas presentados en el III Encuentro de Escritores Colombo-Venezolano

Enriquecemos nuestra ponencia con dos poemas que me obsequiaron, para tal fin, los poetas colombianos doctor José Antonio Tolosa Cáceres, nacido en Bochalema (Colombia) el 11 de abril de 1924, autor de “Contrición”, y el joven psicopedagogo Roberto Araque, nacido en el Zulia pero educado y nacionalizado en Colombia, donde ejerce como educador; es autor de “Tentación”.

Contrición

José Antonio Tolosa Cáceres

En un mórbido lecho perfumado,
una noche sutil de primavera;
de mi cuerpo de niño inmaculado
robó la castidad una ramera.

A media luz en la penumbra fría,
su cuerpo blanco, lascivo e incitante;
una rosa de carne parecía,
o una estatua de mármol palpitante.

Asióme con sus brazos tentadores,
besóme con sus labios afiebrados;
y, en una floración de mimos pecadores,
rodamos por el lecho consternados.

Bebí las mieles letales de su boca,
con un ansia indecible, inusitada;
mi casta timidez tórnose en loca,
pasión de su presidio libertada.

Pasada ya la tempestad y orgía,
vuelta a mi corazón la dulce calma,
sollozando noté que la alegría
había muerto en el fondo de mi alma.

Maldije entonces la infeliz ramera,
que robó de mi vida la fragancia;
una noche sutil de primavera,
en la tibia penumbra de su estancia.

 

Tentación

Roberto Araque

Te siento más mía
como la misma sangre,
tu vientre palpita al aire
esperando mi mano,
tus piernas se erizan
al tocado suave de la carne,
los pechos se levantan
a la caricia leve de mis
labios,
la mirada se cierra,
el orgasmo tranquilo
y suspirado,
la espalda se contorna
en el alivio de lo
provocado.