Siguen ahora las informaciones que recogió el jesuita peruano Rubén Vargas Ugarte:
Antes de que la colección de Moxó fuera desaparecida entre los clérigos patriotas, quedando solamente un catálogo de la misma en poder de las autoridades ecleciásticas, en su biblioteca personal se distinguían: un Quaderno del Testamento de Hernán Cortés, ejemplar valiosísimo por ser copia única (hecha por Moxó) del original, una historia de España por el mismo Cortés, unos Cantos de las musas mexicanas del siglo anterior y del XVIII en los que Sor Juana era una entre varias, la oda del Conde de Revillagigedo, La Galatea de Cervantes, Memorias de Tipoo Saib, Rebuscos del Padre Isla, Día grande de Navarra y las cartas de Juan del Encina, El Rollín, una historia de Xenofonte, un tratado de Iriarte sobre música, unos Establecimientos ultramarinos de Malo de Luque, un Diccionario Geográfico de Alcedo, una historia de Julio César, El Metastasio, una Guía de forasteros del Perú, el Lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos hasta el Perú de Carlos Inca alias Concolorcorvo, un Discurso y explicación del cementerio general de Lima por un tal Devotti, un cuaderno del compendio estadístico del Perú, una Introducción de la historia natural de Cochabamba por Tadeo Haencke y con dedicatoria del mismo, una colección de vaciados de estampas y otra de grabados sobre instrumentos musicales de los indios, la Iliada, un Teatro de los griegos muy manoseado de anotaciones al margen y gastado por los bordes, los Viajes de Cook, un manuscrito titulado Diario de la expedición de Viedma contra los Chiriguanos, la Medicina de Buchanan, la Historia natural de Plinio, una magnífica edición a cuatro tomos de La celebrada flora peruana y chilena, ó descripciones y pinturas de las plantas del Perú, y de Chile, según el sistema de Lineo..., las Vidas de los filósofos ilustres de Diógenes Laercio con los comentarios de Isaac Casaubon y otros sabios, Retrato de españoles ilustres con un epítome de sus vidas, un catálogo de las curiosidades del gabinete de un tal Sr. Dávila, un monetario de antiguas medallas de plata grabadas en México por el entonces célebre D. Gerónimo Gil, unos dibujos copiados de un antiguo palacio de Montezuma, el Uso de las pasiones, y un Conocimiento de la pintura, aparte de un Atlas Universal (157-58).
“Por desdicha”, continúa diciendo el P. Vargas Ugarte, “el Museo [de Moxó] debió dispersarse”, según una nota hallada en el Tesoro Público de Chuquisaca: “Expolios del Ilmo. Sr. Dr. D. Benito María de Moxó... 7 cajones clabados que contienen el museo de dicho Sr. Ilmo. cuyas preciosidades y piezas constan de su primer inventario” (158).
Si no se hubieran perdido los expolios del Obispo Moxó, habría aparecido entre ellos una pequeña figura hecha de baldres, de natura de hombre, y un libro sin tapas, desconchado. Y estaría alguno de ustedes los leyentes escribiendo la última parte de El Taisnerio.
María Eugenia Sáez, 1994