=========================================================================== Editorial Letralia * http://www.letralia.com/ed_let =========================================================================== EL LENGUAJE ADOLESCENTE CONTEMPORÁNEO Daniel Stack, selene@montevideo.com.uy Uruguay =========================================================================== Se debe admitir que el problema del lenguaje se ha convertido en una preocupación dominante en los últimos años si se compara con la más reciente de las filosofías clásicas que trató cuestiones sobre el mismo tema: el pensamiento hegeliano. La reflexión filosófica del último decenio, especialmente en Francia, se desenvuelve casi exclusivamente en el discurso sobre el discurso mismo. Si bien en la antigüedad el habla se consideraba esencialmente como una herramienta para expresar ideas y nada más, hubo notables excepciones que contribuyeron a la posterior creación de una ciencia reflexiva en la que se analizan algunos parámetros de esta capacidad. Esta ciencia es la lingüística, método que estudia los fenómenos referentes a la evolución y al desarrollo del lenguaje, su distribución en el mundo y las relaciones existentes entre las distintas lenguas. Ya en las obras de Platón y Aristóteles se perfilan las bases de una ciencia del lenguaje, pero se debe recordar que estos sabios estaban limitados a la estructura del griego clásico y, en consecuencia, las investigaciones surgidas en el viejo mundo de occidente se restringían a las gramáticas grecolatinas. Debido a que la lingüística ha obtenido ciertos éxitos estableciendo algunos resultados indiscutibles, puede considerarse, en el ámbito científico, el problema del lenguaje como un escollo superado; sin embargo, a la filosofía le tocaría esclarecer aquellos puntos que aún no han podido ser resueltos. La lingüística ha logrado definir las estructuras del lenguaje, es decir, ha analizado sus elementos y ha establecido las relaciones que tales elementos mantienen entre sí, exponiéndolos en la fonética, la gramática, la sintaxis, etc., pero no ha dado respuesta a una pregunta fundamental: ¿cuál es la naturaleza del lenguaje? Si bien éste se manifiesta como un conjunto de elementos con relaciones mutuas, su característica esencial es el sentido de lo que el sistema significa. Además, desde un punto de vista histórico, no está claro su origen; la falta de hechos y documentación sólo permite una argumentación teórica respecto a los inicios de la comunicación humana. La importancia del lenguaje crece vertiginosamente si se atiende a una muy posible realidad que está en auge en las concepciones de los científicos de este siglo; físicos, etnólogos, antropólogos, botánicos, neurocirujanos e incluso místicos comprenden que, de alguna manera, el mundo está hecho a partir del lenguaje. Esta proposición, por mucho que sorprenda, coincide con gran parte del pensamiento lingüístico actual y tiene una fundamentación estrictamente científica. En efecto, meticulosos estudios en diferentes campos de la ciencia relacionan esta preocupación del lenguaje con una transformación sensible del universo observable. Misia Landau, antropólogo de la universidad de Boston, afirma: "La revolución lingüística del siglo XX es el reconocimiento de que el lenguaje no es únicamente un instrumento para comunicar conceptos acerca del mundo, sino más bien, en primer lugar, un instrumento para crear al mundo. La realidad no se 'experimenta' o 'refleja' simplemente en el lenguaje, sino por el contrario, es producida por éste." De cualquier manera, el lenguaje es mucho más que un aspecto de la civilización; es una asociación directa de la conciencia de ser, de pensar, de existir y manifiesta una necesidad de saber, participar, comunicar, etc. Esta necesidad parece responder a un impulso motor inculcado en el ser viviente como un recurso de sobrevivencia. Sin embargo, no está claro si los estímulos que produjeron el habla y sus asociaciones respondieron únicamente a una consecuencia darviniana o si existió una razón más profunda ligada, intrínsecamente, a la conciencia. Si fuera cierta esta posibilidad, el lenguaje estaría impulsando una actividad de otra naturaleza, distinta y anterior a la propia vida orgánica y a sus mecanismos. Lo que ciertamente se puede establecer es la condición inseparable que comparten el lenguaje y la razón; en efecto, es evidente una dependencia recíproca y un modus operandi similar en el manejo de asociaciones comparativas rescatadas de la experiencia, la cultura y demás bloques de información inconscientes que, en definitiva, rigen el comportamiento del hombre. Cabe señalar que las analogías del "lenguaje" del animal con el humano, cuyas similitudes analiza la psicología comparada, manifiestan un estado rudimentario de la lingüística basado en estímulos visuales (gestos, colores, señales, etc.) y auditivos (gruñidos, silbidos, gritos, etc.). Estas mismas coincidencias indican una tendencia de racionalización animal que, seguramente, fue luego heredada y perfeccionada en el hombre. Pero lo que llama poderosamente la atención es la asombrosa rapidez con que se produjo, en los primeros homínidos evolucionados, la eclosión del lenguaje. Esta germinación aconteció simultáneamente a un desarrollo cerebral. La masa encefálica evolucionó de un peso de 500 gramos hasta alcanzar el peso actual de aproximadamente 1.300 gramos. Este tipo de desarrollos, que se caracteriza por la implicancia de grandes mutaciones en los animales superiores, suele necesitar de períodos prolongados. Muy raramente, estos períodos son inferiores al millón de años y, más a menudo, de unos diez millones. Aun así, en apenas tres millones de años, se llevó a cabo la, para la mayoría de los científicos, inexplicable transformación del homo erectus que data de una fecha que oscila entre hace unos 100 a 150 mil años según los datos resultantes de la investigación paleoantropológica y genética. Algunos investigadores, como Philis Lieberman y Jeffrey T. Laitman, piensan que el lenguaje articulado no pudo aparecer antes del hombre moderno. Habría que añadir que, si bien el lenguaje es un complejo que tiene por objeto recibir y transmitir información, no puede considerárselo como un sistema estático y acabado; al contrario, las formas de expresión humanas comprenden un organismo indefectiblemente dinámico, sensible a las condicionantes que las determinan. El hecho de que exista todo tipo de diferencias en la inmensa gama de la comunicación se debe, precisamente, a esas condicionantes. No se puede aludir, por lo tanto, a la existencia de un lenguaje humano único y perfecto porque esta denominación estaría implicando una inmutabilidad muy similar al silencio que algunos místicos señalaron como la única explicación del Tao, empero, no estaríamos hablando ya de un vocabulario humano. Por otra parte, la lingüística no puede abarcar completamente las repercusiones que genera la palabra hablada o escrita en el espíritu humano; la carga significativa que excita a la emoción o induce a la acción pertenece ya a la poética o a la retórica. El lenguaje emotivo que enriquece la obra en el drama, en la poesía y, por qué no, en la música y la pintura (otras formas de expresividad); el ánimo, la decisión o el miedo que despiertan la oratoria y el discurso, conforman, sin lugar a dudas, el objetivo inmediato que persigue el autor. ¿Quién no ha oído hablar de Cicerón, el orador latino que destruyó al conspirador Catilina tan sólo con sus famosas arengas políticas (catilinarias)? ¿Quién puede dudar de la fuerza de la palabra si el mismo Evangelio enseña: "En el principio existía el verbo y el verbo era Dios"? (S. Juan 1). Es evidente que el objeto de la lingüística es el lenguaje como signo, es decir, como un sustituto simbólico de la realidad y no el del lenguaje como señal, es decir, como un estímulo capaz de desencadenar una reacción emotiva o activa. Lo que pretendo haciendo esta distinción es dar una idea de la amplitud del lenguaje y su significación, que acarrea, indiscutiblemente, una reacción, y que, por lo tanto, no se alcanza a definir con la semiología y ni siquiera con la lingüística. Corresponde, entonces, si se pretende lograr un juicio medianamente objetivo del desarrollo contemporáneo del lenguaje en nuestro país, determinar las funciones prioritarias que cumple el atributo de la comunicación, en general, teniendo en cuenta la relativa libertad humana, en particular. Como ya hemos visto son muchos los factores que determinan el idioma, la cultura y demás características que convierten, al lenguaje, en un área fecunda y fluctuante que viaja desde la jerga, usada por grupos individuales, hasta las más sutiles formas de expresión artística nacidas, según el eminente médico austríaco Sigmund Freud, de las oscuras aguas del inconsciente humano. Algunas de estas condicionantes, que diversifican las formas de la lengua y la semántica, son evidentes: época, lugar geográfico, cultura individual, clase social, profesión y religión del sujeto, etc. Existen, también, otras disposiciones más difíciles de identificar que, no obstante, forman el bloque rector de mayor importancia; me estoy refiriendo a los fenómenos de naturaleza inconsciente que rigen la conducta del hombre y que, en última instancia, gobiernan, entre otras cosas, la expresión humana desde el recóndito mundo subyacente y responsable de los orígenes psíquicos del lenguaje. Para comprender la incidencia del lenguaje en la imagen del universo, es decir, en nuestra realidad existencial y de la forma en que, a su vez, el mismo es afectado por ésta, propongo exponer un breve análisis de los modelos de pensamiento oriental y occidental. Este análisis intentará demostrar que la relación es válida y que, por ende, no se puede ignorar la equivalencia existente entre esta propiedad filológica del hombre, el pensamiento y la visión general del mundo que nos rodea. En Oriente, desde la antigüedad, existe una tendencia panteísta que une todos y cada uno de los fenómenos en un absoluto e indiviso Dios trascendente cuya fragmentación es sólo una forma de ilusión. Esta ventaja de la que goza la mayoría de las concepciones indochinas se pone de manifiesto en el aspecto religioso. Lao Tse, Confucio y Buda, que enseñaron, entre otras cosas, la ilusión del yo (maya), la cadena de vidas repetidas (samsara) y la idea de la totalidad (el Tao), a diferencia de la religión judeocristiana, no seccionan ni ponen límites a la realidad. Superan, por el mismo hecho, las paradojas que ha planteado la ciencia en los últimos tiempos a la mayoría de los cultos de Europa y América e incluso a las propias pautas científicas clásicas. Las, no tan viejas, teorías newtonianas del siglo pasado han tenido que ser modificadas en función de las recientes observaciones de la astronomía y de la física cuántica. Esta diferencia religiosa supuso un largo período de obstrucción en el pensamiento de Occidente. La quietud científica y filosófica que ocupó unos mil años de nuestra era, durante la Edad Media, se debió a la tendencia excesivamente racional, ya manifiesta en los pensadores griegos, politeístas y antecesores de las ciencias empíricas, de dividir la naturaleza respondiendo a una visión subjetiva de la realidad. Al parecer, la presión que ejerció la Iglesia en la ideología occidental perjudicó el progreso intelectual del continente de manera tal que recién en el siglo XVII una concepción tardía quiso independizarse de la vergonzosa conclusión geocéntrica: una astronomía adoptada de las teorías aristotélico-tolomeicas que concordaban perfectamente con las escrituras bíblicas. Sin embargo, el sabio italiano Galileo Galilei fue obligado a abjurar por apoyar la teoría heliocéntrica copernicana que describía los movimientos de la Tierra sobre su eje y en la órbita alrededor del Sol. En este sentido, el pensamiento oriental gozó de una historia religiosa lo suficientemente libre que le permitió, desde el principio, suponer que el ser humano no era, ni remotamente, el centro del universo. Los chinos, ya en el año 183, descubrieron la aparición de una estrella en el firmamento; tal hallazgo implica que los orientales veían al universo como un sistema en movimiento, fluctuante; esta visión del entorno difiere notablemente de la concepción estática que defendió la cultura occidental hasta fines de la Edad Media. Durante La Ilustración, en el siglo XVIII, los llamados enciclopedistas se encargan de despertar a una Francia adormecida en el poder de la Iglesia, el rey y la nobleza; Montesquieu, Voltaire y Rousseau, entre otros, imponen la idea de ilustrar. Es este un período de gran optimismo cultural que empujó la rebelión contra las viejas autoridades y que consigue el triunfo en el año 1789 con la Declaración de los Derechos Humanos, producto de la Revolución Francesa. Sin embargo, aunque este logro significó una cierta emancipación, más que nada, de la Iglesia y de la monarquía, el racionalismo, legado por Renato Descartes, persistió. Sólo se descubre una excepción que, si bien no se rebela contra la creencia religiosa, sí lo hace contra la razón humana. El filósofo alemán Immanuel Kant, nacido en el año 1724, publica sus obras: Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica, Crítica del juicio. Pero la época no estaba preparada para cuestionar los límites de la venerada diosa razón; al contrario, la Ilustración, así como los científicos, se amparó plenamente en la lógica cartesiana y, en el aspecto teológico, muchos prefirieron el deísmo al ateísmo radical. El deísmo, también heredado del filósofo y matemático francés que hiciera su famosa disquisición: "pienso, luego soy" en su Discours de la méthode, considera al universo creado por Dios, al principio; sin embargo, entiende, que el sistema continúa su curso, independientemente, de una forma mecánica. Después de la Ilustración y la catálisis que pudo haber operado en ella el pensamiento kantiano y la posterior aparición del Romanticismo, surge, ya en el siglo XIX, una corriente naturalista mezclando en tiempo y en espacio a tres grandes detractores del orgullo humano: Carl Marx, Charles Darwin, Sigmund Freud. El primero afirma que toda ideología es producto de la base material de la sociedad; el segundo demuestra que el ser humano es el resultado de una evolución biológica: el tercero muestra, con su estudio del subconsciente, que los actos de los hombres derivan de ciertos instintos animales. Muy lentamente, y ya en el tiempo moderno, el occidental empieza a plantearse las primeras dudas acerca del "yo" existencial; ese "yo", que cinco siglos antes de Cristo, Buda, el iluminado, había refutado como una ilusión de los sentidos en su célebre sermón de Benarés. Pero existe un punto, en la ciencia moderna, que se acerca de forma extraordinaria a las paradójicas descripciones de las experiencias místicas: la física cuántica. Ciertamente, después de los nuevos descubrimientos, los investigadores de la materia han tenido que recurrir a un lenguaje estrictamente matemático; pero, las matemáticas, aun siendo un sistema de símbolos mucho más escueto y preciso que el lenguaje alfabético, no alcanza, en ocasiones, para describir el comportamiento de las partículas subatómicas. Finalmente, podría decirse que el lenguaje actual, así como el lenguaje mítico de los pueblos indígenas, modela la cultura y la realidad de los hombres, conduce a la conciencia en pos de la aventura que es, desde un punto de vista ontológico, la libertad de Dios. Hoy, la palabra se ha convertido en un factor casi fundamentalmente social, cosa totalmente justificada si se tiene en cuenta la gran cantidad de diferencias que han proliferado entre los hombres de nuestro tiempo. Y aun, en un mismo continente, en un mismo país y hasta en una misma ciudad se observa esta heterogeneidad lingüística; tan sólo basta escuchar hablar a un individuo para hacerse un juicio, aproximado, de la edad, cultura, religión, posición económica, etc. En los países americanos de habla hispana, que se consideran en vías de desarrollo, se aprecia claramente la influencia de los países más desarrollados. Esta alienación cultural, que es una consecuencia inevitable de la expansión del sistema del "laissez faire, laissez passer", socava la idiosincrasia autóctona de los pueblos. Esto significa que las naciones poderosas, por medio de la filtración política, económica y publicitaria, transforman el idioma, la mentalidad, la imaginación y muchas otras circunstancias de la gente que habita en las regiones con una economía de mercado débil y consumista. Es un hecho, principalmente en las expresiones usadas por la juventud de nuestro país, el incremento de anglicismos y términos de origen estadounidense. La transformación que afecta, en este sentido, a los pequeños y grandes "pueblos" de América latina, no se la puede vincular a una consecuencia del desarrollo cultural. Al contrario, parecería, más bien, un rasgo de decadencia. En efecto, desde el punto de vista sociológico, esta intromisión extranjera daña la tradición, manifestando, a su vez lo discutible que se torna la premisa que alude a la autonomía de las naciones, en estas circunstancias. De todas maneras, más allá de cualquier intencionalidad que pueda alimentar el deseo de dominación y el manejo psicológico de las masas, estos tigres rugientes disponen de muchos recursos para introducirse en el vocabulario habitual de la gente: la moda, la televisión, el trajín tecnológico, los productos importados y, principalmente, el estilo de vida que ha ido imponiendo, en prácticamente todo el mundo occidental y parte de Asia, un materialismo desenfrenado. La fuerte corriente que arrastra, a las personas, a una modificación de la expresión hablada es, por lo general, de carácter, si no inconsciente, al menos semiconsciente. El joven suele estar más propenso al impacto de estos cambios; parecería que existieran ciertas etapas, en la vida humana individual, en que el sujeto se halla más vulnerable a cambiar. La adolescencia es uno de estos períodos de transición y es preciso, si se pretende una opinión ecuánime, profundizar acerca de los esquemas psíquicos que lo identifican. En primer lugar, podemos observar que este trance evolutivo, como todos los "términos medios", se caracteriza por una no definición. En este caso, respecto a los atributos socialmente aceptados por y para el ser humano: estudios, trabajo, sexo, religión, etc. A la gran incertidumbre, que acosa al joven, en la elección del "rol" que le tocará vivir dentro de la comunidad, se suma el fenómeno de libertad y rebeldía que congrega a los muchachos en círculos aislados de las personas mayores. Esta postura, que puede interpretarse como un tipo de aversión a los predecesores, puede tener origen en una reacción contra la autoridad, reforzada por el vehemente deseo de autonomía. El movimiento psicofísico que establece la transición de niño a adulto determina la existencia de diferencias notables entre el lenguaje del adolescente y el resto de la gente. Los jóvenes y adolescentes en el Uruguay son, en su mayoría, liceales, es decir, que se agrupan, principalmente, en los institutos de secundaria. De esta manera es como pueden adoptar modismos y palabras, cuyos significados no son comprensibles para los que no están relacionados con ellos. A continuación, transcribo un relato representativo del habla adolescente. De esta forma narró Fabián, de 19 años, su experiencia del fin de semana: "En la semana anduve resalado con el tema de las minas, y anoche, en la disco, parecía que no iba a poder enganchar, así que encaré con un litro, estaba buena la cerva, al toque nomás me puso en una onda de fin de semana. El loco que estaba chupando conmigo se piró a hablar de motos y se colgó en una que ni te cuento; pero yo estaba en otra, se me entró a podrir el bocho con una que ya estaba bastante zafadita y que hacía rato hedía en la vuelta. Mirá, la gata no era una bestia pero estaba muy bien, así que me curtí una de romántico que, realmente, mató; la conversé y la mina todo bien. Terminamos chapando y bueno, por ahí la semana que viene... Por eso digo, hay días que ligás, yo que sé, a mí esa vuelta se me dio. Te podrás imaginar, todo ok. Pero yo también, he tenido cada historia que no sabés". Como se puede apreciar en el texto anterior, los mozos tienen un dialecto propio. Las chicas y chicos de hoy manejan mejor esos términos, que las gramáticas castellanas. Estas palabras, frases, expresiones, etc. que usan las nuevas generaciones son una mezcla de dichos criollos, vocablos ingleses, modismos argentinos, representaciones y asociaciones ingeniosas, abreviaciones, apodos, creaciones, etc. Por ser bastante amplia, no pretendo analizar toda la gama de expresiones que utiliza, generalmente, el joven de esta zona del mundo. Sin embargo, algunas de las palabras y frases de la narración de Fabián fueron marcadas con negrita con el fin de poder llegar a definirlas lo mejor posible. A continuación una interpretación aproximada de las palabras señaladas: resalado Esta palabra, como se observa, esta compuesta por el prefijo inseparable "re" y el adjetivo calificativo "salado". El prefijo, en este caso, no quiere señalar exactamente una reiteración, como se usa normalmente: reelección, reivindicación, reinstalación, etc. Parece, más bien, sustituir al adverbio superlativo muy: "resalado, rebuena, reonda, retarado, reloco, etc.". Además, al sustantivo sal, se le da una acepción distinta de la que tiene en la Real Academia. Se le utiliza aludiendo a la mala suerte, a la desgracia. Finalmente el término "resalado" indica el hecho de andar "con mucha mala suerte". minas Deriva este término del americanismo que se usa para designar a la mujer concubina. Se estila asiduamente en el lenguaje porteño, lunfardo; como en el recitado del tango "Lloró como una mujer" de Cele Flores y J. Aguilar: "Cotorro al gris. Una mina ya sin chance por lo vieja que sorprende a su garabo en el trance de partir..." encaré Si bien el diccionario dice al respecto: encarar, mirar cara a cara o de frente a una persona; la juventud uruguaya acostumbra conferirle a este verbo un atributo más extenso; se emplea como estar dispuesto a..., atreverse a..., hacerse cargo de... "No podía encarar en el trabajo después de la farra del domingo"; "prefiero quedarme a estudiar porque el lunes tengo que encarar con un escrito". cerva Indica cerveza. "Una cerva bien fría". al toque Esta expresión es una de las tantas derivadas del lenguaje popular del fútbol, muy comunes en el Río de la Plata. Al igual que "no me dio bola", "tiene cancha", "cortita y al pie", "me tiró la pelota", etc., la misma pertenece a un conjunto de términos de uso vulgar, que desnudan una característica singular de los pueblos de esta zona: la acentuada importancia que goza este deporte. Cabe señalar que los modismos futbolísticos no están reservados a los jóvenes en exclusividad. En este caso, "al toque", se usa como un sinónimo de "enseguida". "Me sacó al toque" (se dio cuenta de mi situación en el mismo momento). onda La interpretación que por lo general se le adjudica a esta palabra va más allá de la definición que aparece en el diccionario relativa a onda material y onda electromagnética. Se refiere, más bien, a un halo, intención, actitud, condición, estado de ánimo, etc. y en particular, tiende a expresar una vinculación de persona a persona: "nunca me dijo nada, pero creo que me tira onda", "tiene mala onda", "es de una onda buena de amor y de paz". loco(a) Este vocablo tiene una aceptación general y es usada como sustituto de "sujeto": "habían unos locos mirándose a la loquita de enfrente", "ese loco está requemado". También, a esta palabra, seguida de la preposición "de", se la interpreta como un adverbio superlativo (muy): "loco de viejo", "loco de vivo". chupando Término popular que se refiere a la acción de ingerir bebidas alcohólicas. Es común entre los jóvenes, jornaleros, peones, etc. Las palabras "chupado" y "mamado" representan, popularmente, lo que el idioma entiende por beodo, borracho, alcoholizado. Puede ser que el origen de estas expresiones sea de índole criolla. Ya en el año 1870, José Hernández, en su conocida obra de poesía gaucha, "Martín Fierro", relata: "No hay cosa como el peligro / Pa refrescar un mamao: / Hasta la vista se aclara / Por mucho que aiga chupao". piró Se embarcó en una explicación, se dejó llevar. Se fugó, se fue. "Yo piro escuchando rock". se colgó en una que ni te cuento El significado de esta frase es similar al de la palabra anterior. La emplean, a menudo, los jóvenes, refiriéndose a la excesiva atención, que una persona manifiesta por un tema determinado. (se colgó): Se utiliza el verbo "colgar" como "ligado a..", "entusiasmado en", etc. "se colgó en un terrible viaje", "se cuelga en cualquiera". (en una que ni te cuento): Expresa el carácter desproporcionado o extraordinario del acontecimiento que se pretende describir. En este caso en particular, Fabián se refiere a un tema exageradamente extenso, denso o aburrido. "Se armó una que ni te cuento". También, de la misma forma en que se emplea el dicho: "en una", se utiliza la variante: "en otra". "se fue en una de violencia pero yo estaba en otra". podrir el bocho Traducido a la lengua castellana clásica, significa: "desear lascivamente". Otro ejemplo es: "vos sabés que se me pudrió el bocho con la profe". zafadita Indica desprejuiciada. Otro símil de este adjetivo de uso vulgar sería: "regalada". En general, se utiliza el verbo "zafar", como alusivo a "salirse de la rutina, del lugar correspondiente", "hacer algo fuera de lo corriente". "El otro día me zafé de lo lindo", "¡No te zafés conmigo!". hedía en la vuelta Esta frase, de carga despectiva, se usa como sinónimo de "aparentar lo que no se es". También, es de uso común en el medio rural. "hedés a podrido", "es la tal hedionda". la gata no era una bestia En otras palabras, "la muchacha no era hermosa". "Tu prima es una bruta bestia, está refuerte". curtí Se interpreta como: "viví una historia", "experimenté como..". Son ejemplos: "el día está como para curtir una de balneario", "Fede se curte una de poeta". que mató Alude a una acción que "impresionó", "embelesó", "sorprendió". De esta manera, se conjuga el verbo "matar" como si fuera un sinónimo de "impactar". "Me mataste, no me la tenía a esa", "El recital del sábado la verdad que mató". todo bien De uso masivo, el "todo bien" de los jóvenes y de algunos adultos que lo usan, evidencia un sentido de despreocupación o, al menos, pasividad. Corresponde al "O.K." de la lengua inglesa. Algunos ejemplos son: "vos sabés que conmigo está todo bien", "las cosas están un poco feas pero, de última, está todo bien". chapando Expresión vulgar que describe una situación de acercamiento físico entre dos personas: "A la mayoría de las minas le gusta chapar en la disco", "está bravo el chape por acá". ligás De ligar, que tiene buena suerte. Recibir o percibir algo. "Anduve ligando lindo en la quiniela", "Así que el chiquilín se ligó una paliza". esa vuelta se me dio Este "dicho" está generalizado en el país, de manera que no sólo hace uso de él la muchachada, sino que, también un gran número de la población, independientemente de la edad. A continuación, la correcta interpretación de la frase en cuestión: "en aquella oportunidad obtuve un excelente resultado". Otro ejemplo de los giros que toma la expresión: "por más que busco en la vuelta, hasta ahora, no se me ha dado". ...cada historia que no sabés En esta ocasión, Fabián apeló a una "salida" típica y de "onda". "Historia", lo mismo que viaje, aluden a experiencia; bien podría "traducirse" de la siguiente forma: "...ciertas experiencias que no te puedes imaginar". Como se ha podido ver en la exposición que presentó Fabián, para un lector u oyente que, habiendo recibido una educación habitual, no se relaciona a diario con los adolescentes modernos, comprender su vocabulario es prácticamente imposible. Sin embargo, pese a la crítica que pueda suscitar el hecho de una notable decadencia del idioma, que pone en peligro la riqueza de la lengua tradicional, es indiscutible que el asunto puede mirarse desde otros ángulos no tan convencionales. En efecto, existen autores que cuestionan la disciplina lingüística en relación a la utilidad práctica de la comunicación. Entre ellos se destaca el colombiano Premio Nobel de 1982, Gabriel García Márquez, quien argumenta su opinión alegando que, más allá de los errores ortográficos, el lenguaje posee una función explícita. Esta tarea es, para estos defensores de la palabra libre, la de hacerse entender. Surge, empero, un conflicto difícil de zanjar y que se puede expresar mediante una simple pregunta: ¿de qué manera y hasta qué punto afecta este trance social a la realidad presente y futura de los hombres? A mi juicio, este problema es mucho más profundo de lo que aparenta. Entiendo que el lenguaje, verdaderamente, cumple una función prioritaria; pero esta prioridad va más allá de la simple comunicación. Es, más bien, un atributo de la conciencia. Por otro lado, existen determinados factores que la ciencia ortodoxa no ha tenido demasiado en cuenta. Esos mismos factores pueden estar desarrollando un papel decisivo en la "evolución" del lenguaje humano. Tal es el caso de la relación que tienen ciertas plantas o sustancias en el metabolismo humano-cerebral. Quizá después de vislumbrar el ser humano su naturaleza esencialmente inconsciente, por vez primera, puso en duda las estructuras de su propia mente. Al mejor estilo kantiano, algunos investigadores de este siglo manifiestan, prudentemente, sus miedos y recelos, por cierto muy justificados, en lo que concierne a las verdades racionales. También la física, de la mano de Einstein, Heisemberg, Pauli, Bohr, Bohm, Capra y muchos otros, ha relativizado los triunfos de la razón humana. La hipótesis de que el lenguaje, asociaciones comparativas, preocupaciones religiosas, etc. puedan tener un origen químico-energético; sumada a las enormes coincidencias del trance chamánico y su uso ritual de las plantas sagradas, pone de manifiesto una tendencia holística que aúna a místicos, científicos, filósofos y,lo que es más importante, naturaleza y universo. Todo en todo, como si se tratara de una concepción panteísta de Oriente. Al parecer, nuestra realidad existencial deriva de la dieta de los primeros homínidos omnívoros, que tras haber incluido en su alimentación el hongo psilocybe cubensis, despertó espontáneamente al florecimiento de la conciencia, tal como hoy la interpretamos. En este punto se entiende que el cerebro construye, en el caótico universo sensible, un sistema de ordenamiento. La serotonina es la sustancia endógena que mantiene, actualmente, el diálogo interno de los neurotransmisores y es, precisamente, una sustancia muy similar, la psilocibina, el elemento activo, inofensivo (no se conocen dosis peligrosas en la naturaleza) y creador que se encuentra en dicha seta, la cual ha mantenido una larga y estrecha relación con el hombre. Vale decir, como conclusión, que, en gran medida, parte de nuestra juventud tiende al reencuentro con la naturaleza. Este proceso incorpora, en el lenguaje, el deseo ecologista y rebelde que no rinde homenaje a las estáticas reglas que impulsó a la vieja razón cartesiana y que culminó, ya en nuestro tiempo, en la invención de la bomba de hidrógeno. Existe, entonces, un impulso que lleva al hombre hacia la aventura en aras de nuevas interpretaciones del universo posible, aquel que está ahí, y que apenas vislumbramos. La tecnología, si no apunta hacia la idea de la totalidad, es sólo una torpe imitación de lo que la vida produce y reproduce. De cualquier manera, el ser humano es un producto de esa gran naturaleza, y su conducta, lejos de ser libre, parece determinada por movimientos de su inconsciente; por ello, no debería ser puesta en tela de juicio. En el adolescente se manifiesta un gran interés por la búsqueda de la sensación, que surge, casi instintivamente, de los recónditos designios genéticos del pasado. Desgraciadamente y por falta de orientación muchas veces esa carrera termina infructuosamente o, peor aun, en forma trágica y esclavizante, en las garras de una adicción. Las expectativas viven, de repente, en torno al desenlace del pensamiento, del lenguaje y del universo que acompañarán a las nuevas generaciones. =========================================================================== La edición electrónica de este libro se terminó en agosto de 1998 y está disponible en http://www.letralia.com/ed_let/lenguaje =========================================================================== (C) 1998, Daniel Stack Editado por la Editorial Letralia. Internet, agosto de 1998. La Editorial Letralia es un espacio en Internet patrocinado por la revista Letralia, Tierra de Letras y difundido a todo el mundo desde la ciudad de Cagua, estado Aragua, Venezuela. Contáctenos por correo electrónico escribiendo a editorial@letralia.com. Editor: Jorge Gómez Jiménez (info@letralia.com).