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“Una de las más ardientes”
y otros poemas de Charles Bukowski
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el final de una breve aventura
esta vez
lo hicimos de parados
por lo general esta posición
no es la mejor
pero
aparentemente estaba dando
sus resultados
ella:
“¡Ooooh dios mío
tus piernas son
hermosas!”
todo
estaba
saliendo bien
hasta que ella
saltó
suavemente
y enroscó sus piernas
alrededor de mi cintura
ella:
“¡Ooooh dios mío
tus piernas son
hermosas!”
pesaba sus kilos
y estaba colgada
de mi cuerpo
yo
hacía mi trabajo
cuando acabé
el dolor
me atravesó
la médula
de punta a punta
estallando
en mi cerebro
la dejé caer
sobre el sillón
y comencé a caminar
en círculos
por la habitación
el dolor
estaba ahí
pellizcándome
desde el culo
hasta la nuca
le expliqué
que era mejor
que me dejara solo
que
tenía que revelar
un rollo de película
se vistió
y no la volví
a ver
caminé despacio
hasta la cocina
me serví
un vaso de agua
el dolor explotó
repentinamente
en el interior
de mi cráneo
el vaso
escapó
de mis
manos
haciéndose añicos
en el piso de la cocina
llené la bañadera con agua muy caliente
agregué sales al agua humeante
y luego me metí muy despacio
el calor inundó mi cuerpo
aliviándome
sonó el teléfono
me enderecé
y el dolor me paralizó
mis pies estaban
algo acalambrados
salí
de la bañadera
gateando
rayos multicolores
volaban
dentro de mi cabeza
el teléfono
seguía sonando
levanté
el tubo
¿quién es?
“te amo”
contestó
ella
“gracias”
le dije
“¿sólo eso vas a decir?”
“sí”
“andate a la putísima
que te parió”
aulló
y colgó
mi espalda
ya no dolía
tanto
el amor se seca
pensé
sí
se seca aun más rápido
que un charco de semen
en el ombligo de una mujer
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