Grutas de Longmen (fotografía de Wilfredo Carrizales).
Satula (ca. 1300-ca. 1380)
Sólo se conoce su nombre. Su familia, de religión musulmana, era originaria de Asia Central. Su abuelo y su padre ganaron el favor de los conquistadores mongoles debido a sus proezas militares y ellos fueron asentados en el área que hoy cubre la provincia de Shanxi, en la región norcentral de China. Satula nació allí. Aunque su familia vivía en la pobreza, Satula se las ingenió para viajar a la China central y a las regiones bajas del río Yangze. En 1327 aprobó el examen imperial y ocupó puestos gubernamentales de bajo rango durante el periodo final de la dinastía Yuan. Se cree que posteriormente se retiró a vivir a la ciudad meridional de Hangzhou y que vivió allí hasta los ochenta años.
Satula, al igual que Yelü Chuzai, fue un ejemplo de un talentoso no chino, quien hizo distinguidas contribuciones a la literatura china durante la dominación de los mongoles. Satula es mejor recordado por sus poemas acerca de los paisajes del río Long y de la frontera norteña del imperio mongol. Era un detallista observador y sus poemas celebran tanto el ocio como la reclusión y la trascendencia religiosa. Además, él escribió algunas piezas acerca de asuntos sociales y políticos. También fue un escritor de nostálgicos poemas y un calígrafo diestro.
Por ser musulmán, Satula era notablemente hostil al budismo y al uso de imágenes. Durante sus viajes vio aterradores y costosos monumentos religiosos en las grutas de las “Puertas del Dragón” en la provincia de Henan. Esto provocó que el escritor argumentara que tales derroches de riqueza no solamente eran fútiles, sino que además violaban los valores ascéticos y trascendentales del budismo. En su alta pieza expositiva, Satula aparece impermeable a las cualidades estéticas de las esculturas y a su valor histórico como legado de una era de fe.
A unos dieciséis li al sur de Luoyang hay dos montañas, una frente a la otra, con escarpados riscos de paredes rocosas, llamadas “Puertas del Dragón”. El río I fluye entre ellas, se dirige al norte y desemboca en el río Luo. El lugar también es llamado “Las torres de las puertas I”,2 donde el emperador Yu3 se dice desvió al río a través de las puertas.
Al pie de las dos montañas, algunas fuentes extremadamente puras y frías brotan de las hendeduras de las rocas; sólo tres fuentes al norte y ligeramente al este son calientes durante los meses de invierno: estas son llamadas las “Fuentes Calientes”. Al oeste y ligeramente al norte, bajo el banco del río, hay un pozo, extremadamente profundo. De acuerdo a la leyenda, hubo un animal divino que vivía allí y por eso se la llamó “Pozo del Dragón Negro”. A lo largo de ambos bancos del río, los hombres en el pasado perforaron las rocas para hacer largas cuevas y pequeños relicarios en un número no menor al millar. Ellos esculpieron sobre las rocas imágenes sagradas de varios budas, bodhisattvas, mahãsattvas, arhats, reyes del cielo y dioses protectores del dharma. Allí hay estatuas altísimas y bustos que se proyectan desde los riscos. Las más altas de ellas alcanzan cuatro zhang4 de altitud; las más pequeñas, apenas un chi. Las hay sentadas con las piernas cruzadas y de pie. De acuerdo a esto su número no baja de diez mil. Pero todas esas estatuas de piedra fueron dañadas desde hace tiempo. Ellas han sido mutiladas por la gente. Algunas tienen las cabezas rotas; algunas han perdido sus cuerpos; sus narices, orejas, manos y pies han desaparecido, parcial o completamente. El oro y los ornamentos de jade han sido expoliados: pocas están intactas del todo.
En el pasado, hubo ocho templos; ninguno permanece hoy. En la cima de los riscos orientales hay dos sitios con pilas de piedras; los otros no pueden ser identificados. Existen muchas estelas de piedra. La mayor parte de ellas están tumbadas sobre el terreno; solamente una o dos permanecen de pie. Las inscripciones, todas con dichos de Buda, fueron borradas y no pueden ser leídas. Yo no tuve tiempo para determinar su origen. De la observación de su diseño, parecería que ellas no fueron creadas en un solo periodo. El costo de tales esfuerzos debe haber sido de millones de desconocidas monedas.
Indudablemente, las esculturas más grandes deben haber sido encargadas por soberanos; las siguientes en tamaño menor, por príncipes, dignatarios y otros miembros de la aristocracia y las de último tamaño, por personas ricas. En este orden fueron creadas.
Aunque yo soy ignorante de los libros budistas, he oído que Sãkyamuni fue un sabio de las regiones occidentales quien nació en un palacio real y fue el príncipe de la corona de un país. Él abandonó su noble posición y llevó una vida humilde. Rechazó su gran residencia por una residencia de más baja categoría; abandonó la elegante belleza por ropas sin adornos; aborreció la riqueza y lo atrayente, mientras prefirió la simpleza y la sencillez. Él practicó una estricta disciplina para obtener la budeidad. En sus propias palabras: “No hay señales de la existencia independiente”; “Todas las formas son vacías”; “Hay que regocijarse en el nirvana”. Su mente estaba totalmente libre de deseos. ¿Cómo hubiera podido él haber deseado malgastar la riqueza de otras gentes, dejar exhaustas sus energías, esculpir y tallar la estructura de las montañas, mutilar su energía primordial y tomar a las insensibles rocas, decorarlas con oro y pintarlas de colores para atemorizar a los humanos?
Realmente, aquellos quienes practican el budismo siguen falsos puntos de vista y están confundidos con respecto a la verdad. Ya engañados, ellos dicen que el más alto grado de esplendor es necesario para hacer que el hombre reverencie y ofrezca homenaje al poder de Buda. Además, ellos manipulan las teorías de la reencarnación y la de causa y efecto para decir que la riqueza y la nobleza, la pobreza y la degradación, la longevidad o la muerte prematura, la inteligencia o la estupidez, todas son el resultado de anteriores existencias y que cualquier cosa que uno recibe en esta vida es debido a esto.
Si uno solamente se ajusta a tal o cual práctica y lleva a cabo tal o cual caridad, uno podría escapar a los males del infierno y buscar bendiciones del cielo, obteniendo buen karma para las futuras vidas. Pero el pasado no puede ser visto y el futuro es desconocido. Estas extraviadas gentes siguen a lo largo de una oscura y confusa senda. Tales entusiastas seguidores del budismo llegan a estancarse en esas teorías, inconscientemente creen en ellas a profundidad y gustosamente aceptan tales desilusiones, al extremo que ellos cometen suicidio, se queman por sus propias manos y dispersan su riqueza para lograr un último mérito.
Si el budismo fuera gloriosamente manifestado en el mundo, aquellos que lo logran ciertamente serían recompensados y aquellos que reciben perjuicios con certeza recibirían retribuciones. Los ocho templos aquí permanecerían de pie en su imponente grandeza. Todas las estatuas se mantendrían bien. Habrían campanas matutinas y campanas nocturnas. Los monjes celebrarían y glorificarían a Buda. Lámparas votivas se extenderían sin fin. No obstante, ¿cómo pudieron estos edificios cubrirse de malezas, las estatuas dañadas o destruidas y todo sumido en la desolación y el silencio? No fue ciertamente Buda, exaltado como un rey humano, quien sintió bondad y compasión en su corazón; quien ciertamente no persiguió intereses para sí mismo y alejó las calamidades de la gente y, aun más, quien no exaltó a tales imágenes para engañar a la gente.
Yo hasta entonces había registrado una descripción general de este lugar y entonces agregué un escrito para dispersar la confusión de los budistas. Además, yo deseo precaver a aquellos quienes practican el budismo que no violen las doctrinas de sus maestros en la búsqueda de la budeidad en las cosas externas, mientras no buscan a Buda dentro de sí mismos. Por la iluminación de la mente y la mirada dentro de la propia naturaleza, uno puede acercarse a ser un discípulo de Buda.
Notas
Las “Puertas del Dragón” están localizadas a unos diez kilómetros de la actual ciudad de Luoyang, provincia de Henan. Es un complejo de cuevas con esculturas budistas que datan del 493 d.C.
Antiguamente los bordes del río estaban fortificados para facilitar su desagüe en el Río Amarillo.
Mítico emperador que domeñó las crecidas de los ríos.