Yo vi una linda ciudad cuyo nombre olvidé
donde los ángeles sordos recorren las madrugadas tiñendo
sus ojos con lágrimas invulnerables
donde niñas católicas ofrecen limones a los
pequeños paquidermos que salen de sus escondidijos de las cuevas
donde adolescentes maravillosos cierran sus cerebros
a los tejados estériles e incendian internados
donde manifiestos nihilistas distribuyendo pensamientos
furiosos tiran la descarga sobre el mundo
donde un ángel de fuego ilumina los cementerios en
fiesta y la noche camina en su hálito
donde el sueño del verano me tomó por loco y decapité
el Otoño de su última ventana
donde nuestro desprecio hizo nacer una luna
inesperada en el horizonte blanco
donde un espacio de manos rojas ilumina aquella
fotografía de pez oscureciendo la página
donde mariposas de zinc devoran las góticas
hemorroides de las beatas
donde las cartas reclaman brindis de emergencia
para lindos tobillos arañados
donde los muertos se fijan en la noche y aúllan por
un puñado de flacas penas
donde la cabeza es una bola dirigiendo los acuarios
desordenados de la imaginación.