El amor llegó y en esta vida sólo espera a que lo aprehendan para convertirlo en alianza. Se odia al agua que con dificultad transcurre, algo que no es nada magnífico. Bajo la luna y entre los árboles una danza de pasos hoscos.
Amo a la gente que se fue a viajar lejos. No sé si sabrá de las nubes, pero a mí me ciñen y la luz de las estrellas me trae sombras de la noche y me oscurezco para cerrarme.
DEPORTE.-
En la hora del adiós el loco tornó a agitar los gritos del Hombre. Las mujeres de otros —cada una de ellas— se precipitaron después de oscilar. Allí se ve la tumba de la tarde que yo temo llenar: mis palabras no importan con tal de que una sonrisa me acerque un poco hasta Acuario.
En algún momento vespertino deambulamos y nos desbordamos con el río que arrastra las desesperanzas. No pudimos pensar más. Los verbos chapaleaban en charcos tortuosos y hasta el colmo de las carcajadas los paseantes regresaron, enfrascados en sus licores, y se reencontraron precipitadamente sobre una repisa para decirse que nada sabían de los sapos.
FLAMA.-
Un sobre desea agrandarse hasta el tamaño de mi cama. Yo toco parte de mis músculos y me olvido de cerrar las valijas.
GORJEO.-
No anhelo los gorjeos. Apenas me atrevo a lanzar guijarros hacia la noche que atiende. Sin embargo, pienso en los gorjeos y un fuego se riega como betún.
La oscuridad vocifera por gorjeos. Escucho los ruidos que se desplazan sin excepción. Deseo al humo en el monte donde fui, donde un invisible lobo golpeaba con su sombrajo y el curso de otros gorjeos se conoció en aldeas que odiaban al viento y el silencio fue más frío y la bruma bajó hasta toparse con los brazos que sobresalían de los túmulos.
Aun así me apellidé y grité; atendí meneos de falso oro y los gorjeos se encaminaron y encubrieron quietudes que se subsumieron en los torbellinos capaces de deshojar dudas.
DESFILE.-
Aquella noche tendido encima del filo agigantado de la gregaria perseguía precisamente su evasivo deseo. Era la primera vez y era ella misma sin sorpresas ni insólitos corajes. (Una niebla en desuso desvestía a la tierra de su modorra de resentimiento). La gregaria desapareció en una villa y las últimas horas de su estadía se agitaban como una bandera sobre un árbol hueco.
ENVÉS.-
En fin, que algún himno comenzó con una cadencia de trapos portátiles. Toda la locura se elevó y veinte pasos más allá se descubrió la verdad en la entrada, donde los espectadores semejaban satisfechos seres que desfilaban en pos de emociones nada gratificantes.
CAMINO.-
Íbamos dos por el camino. Ella cantó primero, mientras yo enviaba un mensaje a un amigo. La luna parecía una señora harapienta y ella dijo que más bien era una viuda con joyas. Seguimos nuestra marcha y entonces era la luna la que cantaba con lágrimas de ruina. Para aliviar nuestros trances rememoramos escenas de “Closer than close” y al final un spiritual se escuchó en el vacío.
REYES.-
Reyes de la claridad como el sentimiento del agua que controla su dominación. Sin rostros, anónimos, entidades que carecen de bordes para la autoridad. Irresponsables por sus últimas posesiones donde vagan soldados sin empleo. No pueden ser inocentes si sólo siguen sus órdenes. La lealtad a los reyes carece de visibilidad y no hay ningún lugar en la tierra para sus estúpidas coronas.
PIEDRAS.-
Sobre las piedras dibujar llaves con las que luego se puedan abrir los edificios que se han vuelto fetiches. Será el yeso el encargado de moldear algún tipo de crujido. Hay que cerrar a los hombres con las llaves para evitar que se pierdan o se encaramen a las ventanas.
PLANTAS.-
Dentro de las plantas deben crecer casas con luces eléctricas. Las raíces incidirían en los propósitos de los sótanos. Los significados de las plantas, por lo general, donarían lo atinente al buen vivir.
Las plantas también deben convertirse en cuevas adonde los rayos ultravioletas lleguen con todos sus sabores. No habrá basura porque existirá suficiente humus que la devorará casi al instante.
Cuando llueva se instalarán terrazas para purificar los anteojos que permanezcan guardados en las artesas.
MUNDO.-
El mundo no existe más que por reflejo de los momentos de infelicidad. Ya va siendo hora de que algo suceda con tanta energía para que todo se trastoque.
Es duro decirlo, pero los soñadores no quieren ser independientes y prefieren avenirse a los nuevos zoófagos.
La mismidad flota como un bote y el mundo parece que se decide a marcharse.
TIERRAS.-
Antes de ahora había tierras nativas que eran conocidas como “largas blancas”. Fueron descubiertas —según parece— por un conde que de tanto hesitar dio con ellas. Ese conde vivía tan distante de las “largas blancas” que cuando comenzaba a percibir una brisa distinta empezaba a perder su identidad. Entonces decidió diseñar un estandarte, el cual sorprendió a muchos por sus dibujos en espiral y su motivo central: una hormiga defecando.
FUTURO.-
El pasado se cortó y nació el futuro. Comenzó a moverse hacia diferentes puntos a la vez y donde se encontraba con dificultades se doblaba y finalizaba su cometido.
Un marino se hartó de su arquitectura y lo pintó con colores ecologistas. Para justificar su actividad inventó que la humanidad amenazaba con una conclusión.
Al final el futuro figuró con un arte recién creado y aun así homenajeó al sentimentalismo con una joya que no sabía decir que no.
PÁJARO.-
Cuando el pájaro vuela en línea recta hacia arriba algo extraordinario debe estar aconteciendo. Sus garras se transforman en finos dedos de mujer y las bandadas de otras especies de aves le construyen un nido en el aire.
La distancia a vuelo de pájaro es una caligrafía donde un país se desmoviliza o se pacifica. El trino se expande y un ambiente de flores huye en desorden.
MORDISCO.-
El hijo del monstruo muerde las brechas y se tiñe de negro los labios. Su paciencia se extingue y su madre debe cuchichearle al oído, pero él pide auxilio o de lo contrario cometerá un crimen para el cual no hay castigo posible.
ADULADOR.-
Hábil en hablar. Adula hasta las estatuas. Consigue favores con voz melosa. Se le pegan las moscas y a ellas también las lisonjea con pelotillas de azúcar.
NUDO.-
Vira la mano y encuentra el nudo. Protuberancia que le sirve de agarradero. Objeto para torcer y para caminar de forma amanerada. Anuda los botones y se torcerá un pie.
GAVIOTA.-
Se pacta con las gaviotas y se celebra el acontecimiento. Se canta hasta que se rompen las raíces y ya nada se nombre. Se golpea con el puño sobre la arena y se escucha cabalgar a los hipocampos. Las gaviotas se retiran y tú puedes meditar aparte.
CAÍDA.-
Caer de bruces y luego gatear. Encontrarse con un rastrillo y embellecerlo con cuerdas. Luego trepar para lanzar las redes desde lo alto, pero en un descuido la gravedad te arrastra hacia abajo y caes cual un abanico de hojas de palmera.
CICATRIZ.-
La cicatriz entorpece que las señales del incienso lleguen al segmento de la fruta. La cicatriz puede devenir en mancha de la piel y así el pétalo de alguna flor deja su rango sobre la marca. La cicatriz acaso sea una señal donde se da un traspié y nada acaece.
LÍMITE.-
Límite de un campo donde se blanquea el horizonte que ya no sirve. Elevación de un terreno para desde allí desertar o sublevarse o violar un pacto. Sendero entre las tierras donde se funden los estanques y el fundamento permanece.
GARROTE.-
Garrote empleado con arte para hacer entrar en razón. La música que produce resuena fuerte en las costillas. Se marca el ritmo y la maravilla viene rápido en ayuda.
ROSTRO.-
Rostro que se agiganta y se torna confuso. Con ese rostro se anda errante y se duda de cualquier apoyo. Cuando las cejas se notan entrecanas parece que el crepúsculo vespertino comienza a hacer sus preguntas.
BURBUJA.-
La burbuja va a la zaga de la sombra y pretende sumergirse en el agua. Se frustra su esperanza y brota la ilusión. (A lo lejos una mujer es cortejada y sólo espuma tiene en sus labios). Una emisión da largas para salir, mientras una parábola busca una trayectoria adecuada en el lenguaje.
ESTERA.-
La estera cubre la barca y la ventana se hincha hasta dar con el clavo. Cacharros caen al agua con gran estruendo. Los amigos interrumpen el banquete y aplauden la casualidad del suceso.
NARIZ.-
Principio de la vida humana y asa para adornar al fundador de la familia. En el gangueo respira una vocación. Se clausuran los aprietos y se busca un lugar donde mejor hibernar. Los mocos se retuercen y bajan la guardia hasta el próximo día.
2
REALIDAD.-
La realidad invade la razón y la transforma en gusanos que reptan por entre los intersticios del cerebro. Luego los gusanos construyen estructuras rectangulares, cuadradas o piramidales.
La realidad entonces vuelve por sus fueros y nubla todo hasta más allá de la raya donde decaen los saltos de la memoria.
ANTIGÜEDAD.-
La mujer despertaba desnuda en medio de la antigüedad de unas construcciones derruidas. Siempre encontraba una espada recostada de un árbol seco. La blandía y comenzaba a dar mandobles a diestra y siniestra hasta que el aire se ensangrentaba y los grandes bloques de los edificios antiguos se partían y caían al suelo, sin estrépito, sin levantar la más mínima pizca de polvo.
ARMA DE FUEGO.-
En su mano derecha aferraba un pesado revólver de cañón largo. Algunas balas descansaban sobre la mesa y también un compás y una escuadra. Frente al portador del revólver estaba sentado un hombre que sostenía su cabeza con una mano cruzada por venas sobresalientes y que miraba fijamente al del revólver. De pronto la cabeza del hombre del revólver comenzó a crecer en su parte posterior y a perder el pelo de forma rápida. A medida que la cabeza iba quedando desprovista de cabello las venas de la cabeza empezaron a hincharse.
El hombre del revólver dijo: “Ahora le toca el turno al arma de fuego”. Al terminar de hablar abrió la mano para que el revólver reposara sobre la palma, pero el arma se había reducido hasta límites excepcionales.
El hombre del revólver sonrió y le dio el arma al otro individuo. Éste la tomó, apuntó a la enorme cabeza ya deformada y la testa explotó y se abrió como una calabaza. El revólver regresó a la mano de su dueño y éste se marchó dejando tras de sí un reguero de semillas.
CADÁVER.-
El cadáver de la mujer está tirado sobre la grama, boca arriba. El patólogo se sentó al lado sobre una pelota grande de playa. El médico observa el cuerpo desnudo a través de un cristal. De repente, unos perros detrás de él ladran y el médico se sobresalta y mete uno de sus pies dentro del abdomen del cadáver. Una pasta púrpura brota del interior de las entrañas y mancha el pie del patólogo hasta el tobillo. El ambiente se va llenando de mariposas blancas que vienen a beber el jugo que rezuma el cadáver. El médico se resigna a quedarse en la misma posición para no espantar a la especie de mariposas que tanto le gustan.
TIEMPO CALUROSO.-
Mientras un hombre orina detrás de una alta columna solitaria saltan de un estanque varios peces y caen sobre el embaldosado. El hombre huye con las manos en la cabeza. Los peces continúan dando brincos sin cesar hasta que viene una mujer con una daga muy puntiaguda y le vacía con ella los ojos a los peces. De inmediato los peces se aquietan, tal vez muertos o paralizados. La mujer sonríe con malicia y de su larga cabellera se desprenden decenas de anzuelos.
NIÑO.-
El niño es macrocefálico y su cuerpo muestra evidentes señales de desnutrición. Camina muy despacio, casi sin fuerzas y se acerca a su madre que zurce un vestido sentada sobre una silla. La mujer mira al niño un momento y luego lo expulsa a puntapiés. El niño rueda por el suelo y su gran cabeza va rebotando sobre el piso de madera y asusta a los vecinos de abajo.
CASA.-
La casa fue construida con algodón, pero si se la ve desde afuera pareciera que el mármol constituyera su armazón. La blancura de la casa resalta a cientos de kilómetros. Una enfermera se asoma por una de las ventanas del segundo piso y alguien le da un empujón desde atrás. La enfermera choca contra el vidrio de la ventana, lo rompe y cae descabezada frente al portal y rueda unos cuantos metros más allá junto con la cabeza. Dentro de la casa se escuchan estridentes carcajadas y unos perros son azuzados para que devoren el cadáver.
CAZADOR.-
El cazador esperó largo tiempo a que el invierno se tornara muy helado. Salió de su cabaña un atardecer y traía consigo su vieja escopeta. Se dirigió al lugar más desolado de todo el contorno y cuando divisó a un conjunto de cuervos graznando sobre un árbol seco les disparó sin más con la escopeta y los cuervos cayeron al suelo perforados. El cazador empuñó entonces su cuchillo montés y le abrió el pecho a los cuervos. Sólo comió sus corazones y despreció el resto de las presas.
FESTIVIDAD.-
En el lujoso palacio se anunció la festividad que debía realizarse con gran pompa. Las invitadas llegaron y sin mayores preámbulos se despojaron de sus vestimentas. Desnudas se lanzaron a la alberca para abrazar a los cisnes, para corretear con los perros caniches o simplemente para tomar el sol. Pasaron las horas y ningún invitado masculino se apareció. Sin embargo, las mujeres sintieron que desde atrás de las pilastras del jardín alguien las observaba. Entonces se dedicaron entre ellas a todo tipo de juegos eróticos buscando con esto atemorizar al furtivo espía.
MANO.-
De lo más profundo de la oscuridad emergió una mano. Imposible saber si masculina o femenina. La mano se detuvo cuando percibió que una leve claridad la iluminaba. La mano abrió los dedos y brotaron nueces, caramelos, botones y pedazos diminutos de viejos periódicos. La mano hizo un chasquido con los dedos y una cuerda traspasó los botones y anudó a las nueces y caramelos. A los pedazos de periódico no, porque los retazos de noticias que allí se leían no tenían nada que ver con la acción del momento.
MUERTE.-
La muerte la sorprendió mientras descansaba al descampado. La atrapó por un pie y comenzó a hacerla girar en el aire. Cuando al fin la soltó, la mujer cayó liviana al suelo, con menos huesos y las facciones de su rostro desvanecidas, como si las hubiesen borroneado.
LIMPIABOTAS.-
El niño limpiabotas era ciego y por eso la mujer lo escogió para que le diese brillo a su calzado. Se sentó en el alto taburete del niño y se subió la falda hasta la ingle. Debajo no llevaba ropa interior y el niño oyó cómo retumbaba su carne.
El niño comenzó a lustrar las botas de la mujer con un cepillo de cerdas ásperas. El cepillo subía y bajaba por las botas y la mujer sudaba copiosamente y se abanicaba con la falda. El niño estaba arrobado con el aroma que se desprendía del entremuslo de la mujer y sentía que nunca antes había hecho un trabajo tan metódico y gratificante.
Una hora después las botas de la mujer relucían y sobre la frente del niño unas gotas de esfuerzo se deslizaban con lentitud. Cuando la mujer quiso pagarle, el niño optó por pasar su mano por el cuero del calzado de la mujer y visionar aquel otro brillo ubicado más arriba y que le estaba prohibido.