Ungido para emprender la obra como el desesperado a punto de ser picado por el alacrán. ¡De acuerdo! La ociosidad hila los nuevos trajes y luego los ofrece con su cebo para soportar la publicidad. Las gotas de sudor se llevan de maravilla dentro de los pantalones que se ahuecan y de esta manera atraen a los dragones que se solazan con el deseo.
Los ofensores de las labores maestras se sientan, aplauden y luego se desplazan bajo los cimientos. Ese espectáculo lastima los ojos porque falta a las reglas del buen gusto. En mejor situación está el eficaz postor de la oferta y la demanda con su ámbito desinteresado y productivo.
No estoy con una mano sobre la otra a menudo, sino que ejecuto las cartas para pasárselas por las axilas al funcionario que se ausenta con frecuencia de su sitio y mira la oportunidad de lanzar pedos al salir del cascarón.
2
Mis órganos son mi orgullo debido a que valen su peso en rulos. Rezo para seguir la tradición, pero no delante de un oráculo. Prefiero la oración dominical con una borrasca a cuestas que me tienda un puente hacia el país de la porfía.
Debajo de las uñas suelo encontrar pétalos de amapola, especialmente durante los onomásticos de aquellos recién operados.
La opción de los oprimidos pasa por no lamer con tanta fruición las cadenas que les donaron los Partidos, los Estados y las Iglesias. Oralmente sabe más agradable el jugo de herrumbre que inyectado en las venas.
En los alrededores un orangután ha organizado una orgía para los nuevos ricos que ahora conocen el sentido de la orientación. ¿Dónde viven ellos? Donde el acento va en la e de tuétano.
3
Se hace la noche a fuerza de matar cuervos. Un ciego se voló la cabeza con un artefacto de relojería. Nos perdimos la función, mas ciertos monstruos estaban allí para filmar el acto. Sobraron las rebanadas de pan, las notas musicales y las plumas para borronear argumentos.
En otro sitio vecino los hechos de las putas acontecían con sus cuerpos a la medida, como criaturas que se desplazan sobre cuatro ruedas mientras el aire se azulea. Olía a difuntos también: tal vez sacados de los trazos de alguna novela de lomo dorado.
Llovía por los mares donde vivía la académica con rostro de cáscara de limón. Debí declarar inadmisible el cambio brusco del tiempo. Tenía que irme a veranear donde el vino me sienta bien y no pensaba llevar ni valija ni maleta. Estas vaguedades no poseen interrupción. Si me leyera alguna persona severa o malintencionada se alejaría con ínfulas de arrogancia y daría el alerta en la primera comisaría que encontrase. Vale un alfiler tal hazaña. Lo que verdaderamente importa es recordar con nostalgia a Caín y tener la mirada perdida en la quijada de burro.
Se hace tarde y no llega. ¿Me hará lo mismo que ayer? Debo ir a lavar los platos y a vencer los obstáculos que me esperan en el fregadero.
4
Como un gallo escribidor sobre la cabecera de la cama. Echa rayos y centellas por la boca y luego se pinta los labios. Se sube a la ventana y se lanza al vacío para llenarse con los colores de la aurora...
No hay por qué atormentarse con tales historias. Un clavel encarnado en el ojal es la mejor ficción que se pueda hacer. El mecanismo de la tinta funciona con energías sencillas. Si algo estorba se le pone de lado y a continuación se masajea la rótula con algún objeto apropiado que se tenga a mano. Rodillo o bacinica, por ejemplo.
El ideal siempre será dormir sobre un lecho de rosas con pocas espinas. Con la mayor naturalidad. Sin pensar en abejorros, ni en chinches ni en conjeturas de arañas viudas. (La sombra de un detective podría insinuarse en ese momento).
Los asuntos confusos no son apropiados para el cerebro. Al invierno riguroso hay que celebrarlo con licores de contundente medida y después se hace rodar, a discreción, la bola de nieve que nunca cayó.
5
Un padre le debe a la hija algo más que el apellido y no tiene manera de pagárselo. El plazo se vence y por más que trata de parar las agujas del reloj no lo consigue. Su esperanza se marchita. La mujer se suicida arrojándose desde su vehículo en marcha e ingresa a las estadísticas de las deterioradas señales de tránsito...
Con los maxilares se pueden hacer excelentes alcancías, al tiempo que adelgazan los anillos de rubíes. Con apremio se concluye la transacción comercial. Se menea el aparato reproductivo y sobrevienen las ganas de mear y orinar y el fluido espumoso se desparrama por la maleza y esto es algo moralmente aceptable. Los bromistas nunca escasean y lanzan trompetillas y preservativos. Hermosea el paisaje. Se adjunta una notoria risa. Los tarados tararean. (De acción retardada son sus muecas).
Más arriba se puja y se puja... en la subasta y no se saca nada. Ni un simple hito o mojón. Al minuto el hombre logra su jubilación y se sorprende y exclama ¡caray! En el interior de su hogar todo marcha bien: su ley es una virtud y su cinismo, un lenguaje cultivado. Hay señales de prohibiciones por doquier y los viejos peines aún se usan contra la calvicie. Total: para cada asunto existe un atajo.
En el día señalado matará varios pájaros de una pedrada y luego esconderá las plumas del delito. Sin embargo, sabrá a qué atenerse, pues duerme con el moho bajo la cobija.
6
Mirar, pero mirar adecuadamente. Las cárcavas humanas que nos atosigan los ojos. Mirar de frente o de lado o perpendicularmente. Un primer encuentro para fijar la mirada.
El vértigo en el rostro que sufre. La primera intención con el cuerpo a bordo del barco de viento. Denegación de la fuerza que no huye; abdicación de la resistencia sin respeto. Partir con el mundo en su hora límite. Exploración de los territorios donde se tuerce el esfuerzo. La seguridad de que los muertos se marchan con sus segmentos verdaderos. Sed más que suficiente para arrojar afuera la destreza de la garganta. Ciertos retornos que no pasan de entradas. Los limbos peligrosos en las aventuras de las turgencias.
Rústicos hasta decir basta. Ningún modelo para después; ninguna documentación que sirva para las aprensiones. Una evanescencia por otra. Sentirse pensionado en los momentos de la edad más inocente. Los ruegos que traspasan las líneas del fuego. El asilo que se imagina sobre las manos que se fortalecen íntimamente. Rarezas que el creador transporta hasta el paroxismo de la encarnación. La duda se visualiza alejada de la puerta que no baña la luz del sol sin fecha. Enfermedad mental de los pasos incesantes.
Justo donde hombres y mujeres se parecen a los duendes mentados mucho antes de la invención del lenguaje. Grandes comentarios sobre la piedad, la pornografía y la provocación.
No se acota la compasión debido a que engaña con la violencia de su tratado de las formas. La puesta en escena del Hombre finaliza con su definitiva reclusión. Sólo tendrá una silla y el padecimiento que es todo suyo.
Se aproxima el animal que llevamos dentro. La exposición de su verga causa un escándalo de proporciones mayúsculas. De prisa corre la electricidad hasta llegar a ser una cualidad absoluta. Se permea la moriencia, la tosquedad y el cese de las flaquezas. La figuración de un malentendido que abre sus postigos con un riel de óxidos.