La buena tinta cubrió la horma de su zapato y su miedo se expuso para que todos lo conocieran bien. Desde hace mucho tiempo la torpeza es su negocio y los apuros le dañan los pies. Hombre malformado por los escasos gastos y por el infortunio de sus errores.
Se traga las maniobras y se encoleriza con la tierra. Su animal doméstico gana sus protuberancias y el beneficio obtenido amorata el cortejo de los familiares que no se cansan de pedir. Amontona las máscaras y luego disimula hasta que estalla el gran ruido bajo la cama y las supercherías colocan sus fichas para que las ensarten los pabilos.
La mejor hipótesis es la de la gente de mal vivir que en plena fiesta se deshace de sus enemigos y más tarde se conforma con las migajas.
2
Tomar los años y engordar y luego mostrar una enorme barriga como ejemplo. Encenderse y ocupar un sitio donde se pueda levantar acta del cariño que uno le tiene a tal proceder. Casarse y salir en defensa de la soltería. Deducir del color de nuestra sangre que se impone una conquista prefigurada. Igualarse los pies para caminar los mismos trechos.
Las lámparas se guardan de las mariposas que en las noches asesinan las astucias. Llamar al pan después de la tempestad para curar a los cojos. Y así permitir que las moscas entren a los recintos con sus costumbres y sus malos remedios. Si el gato permanece encerrado librarlo de su encierro y arrojarlo por la ventana para que vaya en busca de ayuda.
3
Llegó con el embudo bajo la axila y el estribo tras la oreja. Una cuerda se enrollaba en su lengua y su cuello lucía lleno de agujeros. Su hambre canina le hacía sonar las tripas y su torva mirada tenía sus razones y le había enriquecido el entendimiento. No conocía la calma, pues era gastador y presumía provenir de buena casta. Era un día como todos —tal vez un jueves— y su traje estaba hecho de telas marineras. Traía un grueso anillo en el dedo medio y sonreía con picardía y a leguas se veía que venía en plan de matón.
(Un rasguño y el algodón faltaba, así como también faltaba la brizna en la aprobación del ojo. Absurdo y sin rodeos. Al aguzar el oído la injusticia penetra intacta. Todo sobrepasa a la parsimonia con que se planea el parricidio. Alguien decide recordar y su nariz se le pone recta. Una pieza metálica se desprende de un mirador y estalla la tarde en burbujas).
4
Pasar por alto al personaje que asusta a las meretrices. En el mercado se alude a los beneficios del menudeo. Alguien sale perdiendo con los vidrios rotos y la debilidad en las falsas perlas. También la traición ha encontrado utilidad práctica. Queda cierto derecho al odio exento de matices. Se rompen los huesos si no se cohíben las operaciones de los rombos en el espacio de los juegos.
Existe un sitio donde se emplaza la ambivalencia: la casa que se cerca a sí misma para ser inexpugnable. Luego cualquier obstinación puede convertirse en obra dramática en sus afueras.
La tristeza se ratifica una y otra vez. Lo superfluo fluye por las techumbres al amparo de una estructura que es un sombrero de máximo nivel.
Residuos del espanto se dispersan por los zaguanes y en homenaje a las tormentas las maderas crujen con desatino.
5
Una aventura con ciruelas y ampollas sobre el baúl. Otras piezas accesorias se aprueban, pero nadie se atreve a construirlas. La cantinela reconoce en su mensaje que el descuido era de poca monta.
Los daños colaterales paralizan las actividades en común y por ello se sacrifican los dameros que ya estaban en movimiento.
Blando y colgante puede observarse el atributo de la pasión. Su deslealtad se puso a prueba y todo terminó en un encasillamiento que no permitía ambages.
Entonces que se pronuncien los insectos es la respuesta más lógica a tanto entibiamiento. Las almas se han tornado extrañas y los órganos no levantan los fuelles por temor a causar una debacle.
La verdad escueta: la fatiga regresó por sus fueros y la guerra doméstica empieza a manifestarse y el raquitismo se ensalza para amanecer con las costillas exceptuadas.
6
Diatribas de a tres tonos y los comulgantes avanzan con las manos metidas en los bolsillos. Interrumpiendo la marcha aparece la vieja de siempre. Con sus calamidades despanzurra a la quietud. La eficacia de su verbo es linfa de inadvertida circunstancia.
Escasamente se dilucida un prestigio longevo. Del cajero emerge la droga que habrá de contraer el tiempo hasta hacerlo de alambre. No hay posibilidad de sustraer una cuña para impregnarla con purgante y así limpiarles el buche a las aves agoreras.
Cerca del giro adecuado estábamos, pero una acción innoble frustró el intento. Ahora las callosidades en las nalgas se cocerán al vapor. Hacerlo de esta manera apresurará el reembolso y las diarreas consecutivas que en su momento fluirán. Durante el engatusamiento engañamos al hambre con consignas y si se tuercen los miembros sobrarán las cuerdas de esparto.
7
Vuelven las piedras y caen en el vacío de la ciudad. En vano se gastan las palabras sin sentido y en agosto los arcones se colman de cartas que dan asco.
La mansión se acerca con gran voracidad y sus mil aspectos alteran el tiempo a su alrededor. Retornan también los baches y los discursos que vulneran la paciencia.
Emprenden vuelo unos pájaros de plateados brillos y quien los ve ignora al final qué quieren esos emplumados. ¿Irán a repartir octavillas por los barrios que por propia voluntad permanecen desiertos?
El desánimo se abate sobre nosotros y nos obliga a bajar las cabezas.
8
El clavijero desconcha sus tobillos para que salga la música que logra la ceguera. De un puñetazo se dobla el pene para que armonice con sus compases.
Las notas son peores que saltamontes: brincan y se alebrestan hasta que el mandato las aquieta. Las cuerdas hacen causa común con el ritmo y ambos emprenden la razón de su existir. Así se satisfacen los caprichos y las chispas cauterizan las heridas en los oídos y en los corazones pleiteados.
9
Por un lado me pasa la rabia a una velocidad pasmosa. Detrás la siguen unos ladridos y unas inyectadoras. Nunca sabré si le dieron alcance. Sólo me abandono en elucubraciones.
Mi amplitud de miras no se rompe y me mantengo en forma para hacerle frente a nuevas señales del azar. He discutido ampliamente esto conmigo mismo y estamos plenamente de acuerdo.
Como mi patrimonio que es un bizcocho de nunca acabar. Dejo siempre algunas migajas para las hormigas. Me da pena la flaqueza en la que se encuentran.
En la sombra de mi cuerpo cuelgo un hilo frío y luego les dispenso una donación a mis riñones.
10
Revestidos de azulejos y amortiguados por la sagacidad huimos del azogue como si escapásemos de la observación de los días.
Remo en la bruma y recibo azotes de un genio blanco que combina su mal carácter con el nitrógeno de sus costados.
Quiero ser una variedad de hombre azabachado, jugando a vender aceitunas bajo la más feroz tormenta del verano. La vulgaridad no es un escándalo ni causa acidez. Encima del azimut se notan siluetas de antiguos arrieros y un rufián impregna de aceite a su concubina para aumentar su salacidad.
Separo las piernas y designo un lugar en el piso para mis fluidos.
11
Velozmente. Más velozmente. El beso peor que la caricia. Una palabra, una fácil lección. Con destreza destroza sus poderes y por la mañana los retoma y pronto vuelve a ser la misma.
Por vanidad hablabas por alguna. Contra tus enemigos interiores nada puedes. Alguien te escribió una carta que finalizaba “...cuyos pies beso”. Y esto te hizo rabiar y gritaste “¡Que descanse en paz!” y estrechaste tus manos a una pequeña velocidad y sentiste tu ausencia y adoptaste el falso papel de confesora, pero tus minutos estaban contados, por más que quisiste asirte a las argucias de siempre.
12
Como el caballo diferenciado en la ventana, solitario para encontrarse con el relincho de la noche. Equino que se desvía para reparar la apariencia del establo que imagina. Su error no es gratuito: surge de todas las ventajas.
En lugar aparte, el cuadrúpedo estornuda y se cuartea su soporte. De la madera que lo acompaña surge una astilla que propala unas escapatorias al margen de las sombras.
(El caballo espera por su crucigrama el domingo).
13
Hoy me conmueve el alhumajo. Quisiera más bien que gritaran los girasoles que nunca hubo en mi jardín. Noto la libertad que me barre.
Trato de no romperme el pie. Me achato. Esquivo los posibles golpes. Miro por encima del hombro y descubro que despunta el día, cuidadoso.