¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo

Venus en DashanziVenus en Dashanzi
(película que nunca se filmará)

Guión y fotografía: Wilfredo Carrizales
Protagonistas: Mata Hari, Fu Manchú, Emperador Hirohito.

Sinopsis

A finales de julio de 2007, durante una gran tempestad, apareció de repente la diosa Venus, montada sobre una gran concha marina, en un rincón de una de las calles de la zona artística de Dashanzi, en Peking. La hermosura de Venus era idéntica a la de la famosa pintura de Botticelli. La noticia de la aparición de la diosa pronto se regó por todas partes y, aunque continuaba lloviendo a cántaros, comenzó a llegar una multitud ávida de milagros, deseosa de admirar directamente a la antigua beldad y rendirle pleitesía. Temerosos de que ocurriese un tumulto, los vigilantes de Dashanzi se comunicaron con la estación de policía más próxima. Dio la casualidad de que allí se encontraba de visita el famoso Fu Manchú, quien se ofreció sin dilación ir a investigar y resolver el misterio. No sabía Fu Manchú que entre los curiosos también estaba, de incógnito, el Emperador Hirohito, espiando para sí mismo.

 

Venus en DashanziEscena 1

(En el rincón de la calle. La tormenta ya cesó y reinan una paz y un silencio discretos, nada agobiantes. La muchedumbre se aleja a prudente distancia cuando ve a Fu Manchú descender de un carro policial y dirigirse hacia donde está extática la diosa).

Fu Manchú: ¿Por qué ha escogido este día tan feo para aparecerse en este execrable lugar?

(Venus/Mata Hari no responde. Fu Manchú se lleva una mano al bolsillo del saco y extrae una bolsita de seda llena de opio. Inhala un poco y se queda mirando al vacío. El Emperador Hirohito observa todo desde un improvisado escondite).

Fu Manchú: Señora, ¿usted no necesita que le consiga un abrigo? Permítame darle una mano. (Le extiende la mano derecha y al no recibir respuesta, la devuelve a su sitio original).

Venus: Yo podría paralizarle el corazón sólo con un leve roce de mis labios sobre su carne desgraciada.

(Fu Manchú desvía la mirada y traga grueso. El Emperador Hirohito se relame y quiere gritar, pero se contiene).

Fu Manchú: No lo dudo, señora. En mi mocedad, cuando estudiaba historia del arte universal me masturbé innumerables veces por usted. Jamás me imaginé que un día podría llegar a conocerla en persona... ¡y en la tierra de mis antepasados!

Venus: Todo es posible, mi admirado señor Fu Manchú.

Fu Manchú: ¿Cómo? ¿Usted sabe mi nombre?

(El Emperador Hirohito da un respingo y se cae de culo, asustado).

Venus: Mi querido señor, usted es muy famoso en el orbe entero. Además, no olvide que yo soy una diosa y lo sé todo.

(Fu Manchú enarbola su cabeza con orgullo y voltea para mirar a la multitud con arrogancia. El Emperador Hirohito se amilana aun más).

Fu Manchú: ¿Podemos retomar la pregunta inicial?

(Venus pestañea con coquetería y se pasa el dorso de la mano por la cabellera mojada. El Emperador Hirohito se siente desfallecer).

Venus: Su pesquisa policial me enerva. ¿Por qué no la deja de lado y conversamos como viejos conocidos?

Fu Manchú: Disculpe, pero es que llevo ya tantos años en esto que a veces olvido los buenos modales. Usted me sugería...

Venus: Le solicitaba una conversación madura, de altura, entre seres de una naturaleza superior.

(Está a punto el Emperador Hirohito de levantar la mano para que lo incluyan en el coloquio, pero recuerda a tiempo que está allí para espiar y entonces se mantiene quieto).

Fu Manchú:¿Qué le parece si mientras conversamos, nos tomamos una taza de té?

Venus: Lo siento, no tomo té: lo aborrezco. Lo mío es rakí o, en su defecto, vino rojo, ríspido.

Fu Manchú: ¿No le importa si nos vamos en el carro patrullero? Tiene los asientos quemados por colillas de cigarrillo... Usted sabe, los chinos fumamos excesivamente... Pero el motor funciona a las mil maravillas...

(La multitud rodea a la diosa y algunos jóvenes atrevidos le acarician las nalgas. Fu Manchú hala por un brazo a Venus y se abre paso a codazos y empujones hasta que logra llegar a la puerta del automóvil y la abre. Sube y desde adentro tira de Venus, quien cae sobre sus piernas y se desmaya. El Emperador Hirohito se roba una bicicleta y sigue al auto por toda la zona. Finalmente, el vehículo se estaciona frente a un Club de Diversiones y Karaoke).

 

Venus en DashanziEscena 2

(En un reservado del Club. Venus se ve repuesta. Su rostro brilla con destellos de un nuevo Olimpo. Está sentada en un largo y muelle sofá; no lleva ningún traje encima y sólo su rubia cabellera cubre su pubis. A su lado, Fu Manchú fuma un habano y los dedos de su mano libre juguetean con una de las rodillas de la diosa. El sombrero de Fu Manchú y la concha marina de Venus cuelgan de un perchero. De pronto, se abre la puerta y entra el Emperador Hirohito disfrazado de mozo de servicio. Trae una bandeja con una botella de vino italiano, dos copas y una fuente rebosante de pistachos y nueces. Coloca la fuente sobre la mesa baja y sale. Mas queda vigilante afuera y de vez en vez mira hacia adentro por una ventanilla practicada en la puerta).

Fu Manchú: Antes de iniciar el diálogo, le propongo un brindis. (Toma la botella de vino y la descorcha. Luego vierte el rojo contenido en las copas). Por esta memorable fecha. ¡Salud! (Chocan las copas).

Venus: ¡Salud! Usted es más caballeroso de lo que yo imaginaba.

Fu Manchú: ¡Uhhhh! ¡Qué vino tan exquisito! Tiene un cuerpo... cómo decirlo... (Pasea con descaro sus ojos por el cuerpo de Venus. Ella se hace la desentendida. El Emperador Hirohito rasguña la puerta con aprensión).

Venus: ¿Deseable?

Fu Manchú: Eso, deseable. Vino con un cuerpo deseable. Usted parece que tiene siempre en sus hermosos labios la expresión más exacta... ¿Ahora me permite hacerle algunas preguntas? Le ruego me disculpe, pero debo justificar mis honorarios aquí...

Venus: El vino me reanima y me vuelve locuaz. Pregunte lo que quiera y sírvame antes otra copa. (Fu Manchú llena de nuevo ambas copas).

(Se abre la puerta e ingresa el Emperador Hirohito con cara de perro apaleado. Enciende el sistema de karaoke y selecciona algunas viejas canciones románticas. Ajusta el sonido a muy bajos decibeles y sale dando un portazo).

Fu Manchú: Dígame, sin más dilación, ¿qué vino a hacer a este extremo rincón del mundo? (La mano libre de Fu Manchú se desliza desde la rodilla de Venus hasta lo alto del muslo. Afuera el Emperador Hirohito se come las uñas).

Venus: ¿Sabe? Los últimos diez años los pasé muy mal en Rumania, adonde me había retirado para evadir el acoso de los traficantes de blancas. Mi concha estaba perdiendo brillo y nadie me daba empleo. Un día, un amigo moscovita me sugirió que me trasladase aquí y buscase trabajo como lolita rusa. Según él, los nuevos ricos chinos me llenarían de dólares.

Fu Manchú: Más bien te llenarían de dolores. Esos te pedirían constantemente rebaja por tus servicios... ¿Por qué vía ingresaste al país? Llegaste tan intempestivamente...

Venus: Por la única vía que me es permitida: la taumatúrgica.

Fu Manchú: Debí imaginarlo, tratándose de una diosa.... (Le presta suma atención a la letra de la canción que se escucha levemente, la tararea un momento y se pone romántico). Nunca he estado en Casablanca, ¿y usted?

Venus: Durante milenios sólo me he movido dentro del perímetro de la cultura grecolatina. Más allá de esa frontera no me interesaba nada más... Y míreme ahora, en este lugar, casi a punto de malvender mi querida concha para no naufragar... (Finge un sollozo. Fu Manchú se conduele y su mano asciende hasta el lugar del corazón, al cual siente tembloroso y agradablemente cálido y turgente. El Emperador Hirohito se tira de los pelos).

Fu Manchú: Mi sublime diosa... Ya no soy capaz de continuar con el interrogatorio que me había propuesto hacerle... Yo la amo a usted, la amo desesperadamente desde mi pubertad y en este instante la puedo tocar y sentir que usted me ha rejuvenecido y que yo... (No termina la oración y la cubre de besos. Venus le alborota el cabello y una mano suya baja hasta la cremallera en busca del miembro viril que pugna por saltar afuera. Fu Manchú se despoja como puede de los pantalones, aparta la cabellera de oro de Venus y la monta de un solo brinco. La diosa relincha y se encabrita. El Emperador Hirohito no ha perdido detalle de nada. Bota espuma por la boca y sus ojos se le brotan espantosamente. Extrae un filoso cuchillo y abre la puerta de una patada. Cuando quiere abalanzarse sobre la pareja, Fu Manchú mete la mano derecha en la sobaquera y saca un revólver. Le da cuatro balazos al Emperador, quien se desploma encima de la mesa como un kamikaze de utilería).

Fu Manchú: Éste me debía una y yo le di el vuelto con tres demás. (Mueve con más furor la cintura).

Venus: Usted es mi héroe televiso... Mi vengador favorito... Mi...

Fu Manchú: Me vengo... Me vengo... ¡Ahhhhh! ¡Me vengué!

Venus: ¡Por Zeus! ¡Bendita venganza!

(La pareja queda unos minutos quieta. La acelerada respiración opaca la canción de fondo. Sin embargo, se logra escuchar, con altibajos, la conocida letra).

Fu Manchú: (Remedando al cantante) “¡Myyyyyyyywayyyyyyyyy!”. A mi manera le amaré, diosa. (Se pone de pie y con una servilleta de papel se limpia y luego limpia la entrepierna de Venus). Yo no la denunciaré a la policía por haber ingresado ilegalmente y sin documentos. Ya le dije que le amo. No obstante, mi salario no alcanza para los dos... El dueño de este club es amigo mío. Hablaré con él para que te contrate por debajo de cuerda. Él siempre está necesitando espectáculos novedosos y yo le voy a proponer uno que con toda seguridad, usted ejecutará a la perfección.

Venus: (Se le tira al cuello y le besuquea las mejillas) ¡Mi salvador manchú!

 

Venus en DashanziEscena 3

En el teatrino del Club de Diversiones y Karaoke. Un numeroso público, mayoritariamente masculino, ocupa todos los asientos del local. Algunos clientes ya están borrachos y gritan obscenidades y meten ruido con unas manos de plástico que baten sin cesar. Desde hace una semana se anuncia el espectáculo titulado “El Nacimiento de Venus / Streap Tease al Revés” y los boletos se agotaron. Ya todo el mundo sabe que la actriz es una rubia mediterránea, pero nadie la ha visto todavía. De allí la expectativa.

Se apagan las luces del teatrino y se escuchan silbidos de aprobación. Una voz femenina en off anuncia el inicio de la función. Se abren las cortinas y aparece Venus, desnuda, de espaldas, montada sobre su concha marina. Un reflector destaca su blanquísima piel y los espectadores enmudecen. El brillo de su cabellera resulta inaudito. Aparece un enano disfrazado de fauno y hace girar la concha hasta colocar a la diosa frente a su público hambriento. La cabellera le oculta el pubis, aunque más bien deberíamos decir que se mimetiza con él, dado que ambos son dorados. Se incrementa el nerviosismo de los asistentes y el humo de los cigarrillos forma una densa nube. La diosa permanece con la mirada baja. La plena inocencia es su insignia.

Comienza a escucharse una flauta de Pan. El enano-fauno extrae de un bolso de cuero que trae colgado del pecho unos velos largos y transparentes. Le da uno a Venus y la diosa lo toma, al tiempo que aparta la cabellera y deja al descubierto al vellocino de oro. Se escuchan rumores de asombro entre el público. La diosa mira hacia el frente y se cubre el cuerpo con el primer velo. Sucesivamente el enano le va dando velo tras velo hasta completar la cifra de siete. Antes de retirarse, el enano posa sus labios sobre las nalgas de la diosa y el público aúlla y patalea. Aunque la diosa está velada, las voluptuosas formas de su cuerpo resaltan con mayor magnificencia. Concluye la música de la flauta y es sustituida por una grabación del ruido del oleaje del mar. Venus levanta su mirada y las manos. Un torrente de agua cae sobre ella y la desembaraza de los velos. El público grita y aplaude a más no poder y se apagan las luces.

Breves instantes después se vuelven a encender los focos y en el escenario aparece, también desnudo, Fu Manchú, pero con una máscara de Dionisos. Sin pérdida de tiempo, comienza a halar la concha marina donde va Venus por todo el escenario y el público se pone de pie y lanza al interior de la concha billetes y monedas. Venus y Dionisos agradecen las contribuciones. Cae el telón y se lee una frase: “Venus es inmortal y puta”.