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Traspasando las fronteras:
V Feria Internacional del Libro en Guatemala

A contrapelo de la llamada estética del desencanto, que predominó (y en muchos casos aún predomina) en las literaturas centroamericanas de postguerra, la realización de la V Feria Internacional del Libro en Guatemala aparece como una apuesta a un futuro con dejos de utopía: “Vamos por un país de lectores” fue el lema de este acontecimiento.

Así como al hablar de Colombia parece imposible evitarse el mencionar el narcotráfico, los secuestros y la violencia cotidiana, dejando de lado la excepcional creatividad de sus habitantes y los esfuerzos por la construcción de un futuro mejor, lo mismo sucede con varios países de Centroamérica, en especial Guatemala. Los años de guerra, la corrupción, la violencia, la estructura patriarcal de la sociedad, el alto grado de analfabetismo, la extrema pobreza de grandes sectores de la población, son males que se ganan los titulares de los periódicos y se convierten en monopolio de nuestra imagen del país. Sin embargo, a pesar de esta realidad agobiante a veces —o quizás justamente a causa de ella, en un acto de inconformismo y rebelión— la gente de Guatemala apuesta a un cambio, se atreve a pensar un futuro de protagonismo y bienestar.

Quizás lo más notable de esta V Feria Internacional del Libro en Guatemala, realizada en la ciudad capital del 25 de julio al 3 de agosto de este año, fue que por primera vez este evento creyó en sí mismo, en su capacidad de convocatoria y en sus posibilidades de éxito. Este año fue un año de pensar a lo grande y no conformarse con una Feria tímida, modesta, a la sombra de sus hermanas mayores de Guadalajara o Buenos Aires. Una Feria que no se conformó con los stands y la venta de libros (de por sí fundamental y necesario) sino que organizó, además, un Encuentro de Escritores Centroamericanos, una Conferencia Internacional sobre Literatura Centroamericana contemporánea, un Taller de Bibliotecarios con el tema “La biblioteca como centro de desarrollo comunitario” y un Simposio Internacional de Literatura Infantil y Promoción de la Lectura, además de las ya consabidas presentaciones de libros, mesas redondas, conferencias y lecturas masivas. Esfuerzos extraordinarios y sin precedentes en este tipo de encuentros en América Central.

En el Parque de la Industria en Ciudad de Guatemala se dieron cita durante diez días decenas de escritores, críticos, traductores, editores, periodistas, bibliotecarios, maestros y público en general, que experimentó, al menos por unos días, un entusiasmo único por la producción literaria y ensayística de los autores de la región, una producción en plena ebullición, con nombres que sin lugar a dudas darán que hablar en un futuro a corto plazo.

Otro aspecto importante de la Feria fue su lograda inserción en el presupuesto nacional. El apoyo económico que la dirección de la Feria (impulsada por la Gremial de Editores y muy en especial por su presidente Raúl Figueroa Sarti) obtuvo del Ministerio de Cultura y Deportes es esencial para transformar el apoyo a la cultura y la lectura no en un esfuerzo individual de algunas personas (que si bien meritorio, no es suficiente) sino en una tarea colectiva, con el compromiso y el apoyo gubernamental. El logro fundamental de Figueroa Sarti y la directiva de la Feria fue lograr el equilibrio de recibir apoyo manteniendo la independencia y el protagonismo del evento.

Y sin lugar a dudas, hay mucho que pulir para las próximas ediciones de la Filgua (que a partir de este año se transforma en anual), porque todo no puede resultar perfecto desde el principio. Sobre todo asegurarse del entusiasmo y las ganas de colaborar del país invitado, para no repetir la penosa escena del stand de Argentina, país invitado de este año, que presentó un stand con libros... en exhibición. Ningún libro a la venta, para desilusión de algunos e irritación de muchos de los interesados visitantes. Si de verdad fue como se dijo, que los libros exhibidos serían donados a bibliotecas (y gracias a eso evitarse los gastos de aduana) o por otro motivo, lo desconocemos, pero lo cierto es que la representación oficial de Argentina no ganó demasiados adeptos luego de este acontecimiento.

Los eventos más interesantes de la Feria mostraron una clara actitud de inclusión y apertura entre los distintos países centroamericanos: el nicaragüense Sergio Ramírez presentando su libro Juego perfecto en la editorial guatemalteca Piedra Santa, la salvadoreña Jacinta Escudos publicando su libro de cuentos El diablo sabe mi nombre en Uruk Editores de Costa Rica o la apuesta de la editorial F&G de Guatemala, que presentó simultáneamente tres novelas de sendos autores salvadoreños: Rafael Menjívar Ochoa, Jorge Galán y Vanessa Núñez Handal. La tan mentada idea de transgredir las fronteras pasó de palabras a realidad.

En resumen, la Feria resultó realmente un lugar de encuentro fructífero entre lectores y escritores, entre colegas, entre el libro y su público. Esperamos una repercusión cada vez más grande de este evento en toda la región y que entre sus expositores se cuenten también las editoriales de otros puntos del continente y de todo el mundo hispanohablante. Y que el lema de la Feria no sea solamente una utopía, que ese país de lectores se construya con el esfuerzo y la alegría de tanta gente que cree realmente en el poder transformador del libro y la lectura.