

Los mitos
"El pensamiento científico plantea preguntas, el pensamiento mítico da las
respuestas, las explicaciones que no se sitúan evidentemente en el mismo
registro que la interrogación erudita. Son dos usos de la razón, dos
procedimientos que permiten poner orden e inteligibilidad en el universo"
(6).
Los mitos, presentes en todas las sociedades, son también una forma de
interpretar la realidad. Siendo el mito no una fábula, sino una "historia
verdadera" (7). Es realidad misma que da sentido y determina las
actividades en la vida de las personas. Los mitos forman parte de la
interpretación que hacemos de la realidad y por lo tanto establece el
comportamiento. Lévi-Strauss nos muestra un hermoso ejemplo de la realidad
mítica en los indios Cunas de Panamá, en un canto sahamanístico curativo
que es utilizado por los indios Cuna cuando hay dificultad en el parto.
Después de la narración y la explicación de este canto chamanístico, en el
que el autor nos lleva por todo el proceso en que el chamán introduce a la
enferma a esta realidad, para después ir despejando el camino que ha de
recorrer el nacimiento, termina diciendo: "Que la mitología del shamán no
corresponde a una realidad objetiva carece de importancia: la enferma cree
en esa realidad, y es miembro de una sociedad que también cree en ella"
(8).
¿Qué es lo que hace que el hombre tome decisiones? ¿Qué es lo que mueve al
hombre a actuar? Inmensa pregunta cuando de tan amplia no cabría en una
enumeración. Aunque, a preguntas tan generales, respuestas también
generales. Y nos equivocaríamos al decir que las decisiones son el
resultado de valoraciones que dependen del interés propio, y éste a su vez
es el resultado del proceso de socialización que el hombre va teniendo en
el transcurso de su propia historia; historia que en mucho es un cuento
compartido por muchos más, y no se entienda por cuento el que no tenga
fundamento de veracidad, es cuanto en la medida en que es contado, en la
medida en que es aprendido, transmitido, asimilado y compartido. A fin de
cuentas a quién le importa si los cuentos son o no verdad, si al cabo lo
que es importante es la capacidad que éstos tienen para guiar el
comportamiento. ¡Tanta verdad hay en la ciencia, como en el pensamiento
mítico!, si por verdad buscamos la explicación del comportamiento.
"Mientras el lenguaje corriente confunde al mito con las 'fábulas', el
hombre de las sociedades tradicionales descubre en él, por el contrario, la
única revelación válida de la realidad" (9).
En el proceso de socialización el hombre ha aprendido cuáles son las
alternativas más convenientes en su toma de decisiones, anteponiendo el
interés particular, aunque éste no lo sea a nuestros ojos. La sociedad nos
enseña a reconocer y jerarquizar las distintas alternativas a las que
podemos acudir, y estas distintas alternativas están también en función de
las circunstancias en las que nos encontremos para optar por determinados
actos; aunque en algunas ocasiones el comportamiento esté determinado de
manera directa por la sociedad misma, quien ya tiene la decisión de cómo
enfrentar diferentes aspectos de la vida social. Este interpretar la
realidad, es resultado de la formalización que hacemos de la misma. Lo
absolutamente informe es incognoscible. Sólo la forma es pensable. Así el
conocer se da en nuestra subjetividad, formalizando lo que percibimos,
incluyendo nuestras sensaciones. Sólo al dar una representación mental
estamos ante realidades conocidas. Formalizamos a partir de los contextos
que nos ha ido proporcionando la sociedad donde hemos sido educados,
tomando con naturalidad lo que para otros podría ser un comportamiento
extraño. Lógicas que encuentran su razón en la explicación que se nos ha
dado, y que como experiencia se ha convertido en parte de nuestro sentido
común, en un saber, como si nos fuera innato, lo que es válido, lo que no
lo es, lo justo y todo lo que va conformando la interpretación que de la
realidad tenemos. Al ir conociendo y a la vez formalizando, damos formas
que dependen de un contexto; y esto es tan claro que nada tiene
significado cuando no hay contexto. Así nuestro entender, interpretar, dar
forma, va a depender de nuestra cultura, es por esto que podemos entender
la presencia de elementos afines en amplios sectores sociales, que son los
que conforman la identidad cultural.
El mito, así como el conocimiento científico, se transmite a través de las
instituciones encargadas de la educación, de la divulgación del
conocimiento, el que puede ser de manera abierta como es en las escuelas o
de manera restringida como es el caso del conocimiento iniciático que se
enseña de manera secreta. Pero independientemente de la forma como se
trasmita el conocimiento, es en la sociedad misma donde se gesta la
posibilidad de interpretar la realidad; ya sea en base al conocimiento
científico, laico, desacralizado; o en base al conocimiento mítico, sagrado
y alegórico; aunque en muchas de nuestras prácticas no nos demos cuenta de
que éstas están basadas en interpretaciones míticas de la realidad.
El mito se nos muestra en su realidad, al interrumpir el tiempo profano,
para dar paso a otro sagrado y trascendente (10). En un momento sin tiempo
y en un espacio sagrado, para vivir en el acto de los ritos, para hablar a
través del ritmo que se muestra en la danza, cantos, rezos, máscaras,
marcas, atuendo; y enseñarnos los modelos de comportamiento a través de la
experiencia de los mitos, que son los ritos.
Maurice Leenhardt, misionero que vivió en Melanesia, nos dice que perciben
un mundo en el que lo real y lo mítico se unen sin que se pueda notar dónde
termina uno e inicia otro. Y cuando uno ve al melanesio, al polinesio
(canaco): retirado, retraído; en espera de la revelación, sentado en el
altar y rodeado de objetos mágicos, consultando a sus antepasados, "se
comprende claramente que el altar es el verdadero punto de apoyo de su
pensamiento, porque es el punto de apoyo del mundo social y del mundo
espacial. Es en el altar donde el canaco se busca a sí mismo. Es alrededor
del altar donde su sociedad se concentra y guarda su ordenamiento" (11).

La interpretación mítica de la realidad no está presente solamente en las culturas llamadas tradicionales, está también presente en la cultura occidental y se encuentra de manera constante en nuestro comportamiento cotidiano.
En la cultura occidental encontramos comportamientos míticos presentes. Y los cristianos, vale decir sólo aquellos que han trascendido lo mundano al realizar el ritual sabiendo y sintiendo sus implicaciones, regresan al tiempo sagrado al recibir la eucaristía. Y en el rito la bendición del Señor los alcanza al surgir el mito en rito; y se vierte nuevamente la sangre-vino y el cuerpo-hostia, en un nuevo sacrificio, que es el mismo; para librar de pecado, eximiendo de culpa a los hombres, que humildemente entienden que se está nuevamente ante el sacrifico original. Acto que en su plenitud sólo está al alcance de aquellos que han tenido un proceso de preparación que les permite alcanzar el estado de conversión en el que dejan de ser ellos mismos y son entonces la encarnación de la divinidad, son en realidad los dos seres en el mismo cuerpo. En la Santa Biblia, Mateo habla así de la institución de la Eucaristía:
"Mientras comían, Jesús cogió pan, rezó la bendición, (lo) partió, (lo) dio a los discípulos y dijo: `Tomad, comed; esto es mi cuerpo'. Y cogió un vaso, rezó la bendición de gracias y se (lo) dio, diciendo: `Bebed de él Todos, pues esto es mi sangre de la alianza, la derramada en favor de muchos para perdón de (los) pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros nuevo en el reino de mi padre'" (12).
Y San Pablo en la 1¦ carta a los Corintios les dice: "El vaso de bendición que bendecimos, ¿no es (un entrar en) comunión con la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es (un entrar en) comunión con el cuerpo de Cristo?
"Porque (es) un (solo) pan, somos todos un (solo) cuerpo, pues todos participamos del único pan" (13).
San Buenaventura va a ser todavía más claro, en cuanto a lo que sucede o debiera suceder en la Eucaristía: "Pues la eficacia de este pan consiste en transformar al hombre en Cristo, quien, siendo bienaventurado por esencia, nos hace bienaventurados por gracia, Por esta razón el Señor dijo a San Agustín: "No me convertirás en ti, como el alimento se convierte en tu propio cuerpo, sino tú te convertirás en mi" (14).
La interpretación mítica que hacemos de la realidad, la vemos constantemente en el uso de amuletos, que como espadas protectoras la gente porta para defenderse. Ejemplo de esto lo tenemos en la "Mano de Fatma" que es uno de los amuletos más importantes en Marruecos, debido al poder protector que le atribuyen. Este amuleto es la representación de una mano con sus 5 dedos extendidos, y a pesar de que existe un culto pentalátrico en Marruecos, en el que el número 5 es protector, no es el número el que está en juego en el caso de la "Mano de Fatma", ya que muchas veces estas manos las encontramos con 3, 4 o 6 dedos. Lo importante es la presencia de la mano extendida, que en posición abierta detiene a lo que a ella se enfrenta. Este tipo de amuleto no es exclusivo de Marruecos, se extiende por todo el norte de Africa. La "Mano de Fatma" se llega a ver en las esquinas de las puertas y ventanas de algunas casas en Marruecos y sugeridas por representaciones estilizadas protegen a los moradores de las viviendas (15).