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¿Por qué Letralia es gratuita? Suele sorprender, a quienes visitan la estrecha oficina desde la que dos veces al mes emitimos esta revista, que tanto el esfuerzo que imprimimos en ella como en nuestro sitio asociado, Documentos Binarios, siga siendo un esfuerzo no remunerado pese a que ha producido dos de los sitios más nutridos de la Internet venezolana. La pregunta de rigor para muchos de quienes nos conocen en persona, y unos cuantos de quienes se nos acercan a través del éter, es cuánto cobramos por hacer esto, a quién le cobramos, y, dada la ya fatigada respuesta de que lo hacemos "por amor al arte", por qué no cobramos. Pregunta más que pertinente si consideramos que Venezuela atraviesa por una grave, y ya quinceañera, crisis económica. Nuestra pequeña empresa de artes gráficas, con la que a duras penas nos garantizamos el sustento, no ha dejado de resultar afectada por la situación del país. Y ahora, aunque la ascensión al poder del teniente coronel Hugo Chávez Frías —retirado del Ejército como penitencia por el intento de golpe de estado del 4 de febrero de 1992— inspira aires de esperanza a muchos en Venezuela, nosotros personalmente preferimos apartar el optimismo, mala hierba para países en crisis económica y moral, y sustituirlo con nuestras muy particulares intenciones de seguir trabajando, venga lo que venga. Detrás de la gratuidad de Letralia, Tierra de Letras, hay todo un planteamiento. En primer lugar, la creamos como respuesta a la evidente dificultad que existe en Venezuela para la difusión del trabajo de los escritores. Ya es difícil publicar en medios regionales de comunicación, y no siempre la aparición en papel implica la difusión del material. La multitud de opciones que Internet presenta se convierte, a nuestros ojos, en un manojo de oportunidades. Así, en 1996 salimos al ámbito ciberespacial con la idea de contribuir a que la literatura venezolana, y más tarde la hispanoamericana, dejara los cerrados simposios y llegara, cual sueño nerudiano, a las oficinas, las casas, las escuelas. La información es un valor. Aparte de su mente, estimado lector, los viejos conceptos según los cuales información es reseña o crónica de la actualidad: el valor al que nos referimos es el que guarda la información en su estado puro, la transmisión de contenidos. La publicación de unos poemas de un oscuro autor uruguayo, boliviano o mexicano, en Letralia, no es sólo la aparición del escritor en una revista electrónica; se convierte en un contenido informativo del que usted, el autor y nosotros nos nutrimos. Ahora bien, si la información es un valor, ¿por qué sigue siendo gratuita Letralia? Razones intrincadas de explicar soportan el hecho. Además de ser un valor, consideramos que la información tiene la categoría de un derecho humano. La información forma, y la formación es un derecho que todos tenemos. La producción de contenidos en Internet debe interpretar esto como un principio básico para impulsar sus proyectos y centrarse en hacer que tales contenidos lleguen a todo aquél que disponga del canal esencial, que en el caso de Internet es una computadora y acceso a la red. Y, bueno, ojos para leer y una mente para entender. Parece paradójico, pero una de las aristas de este planteamiento es que el valor de la información disminuye cuando se le impone un precio. El valor de la información no se determina por un índice de costos en moneda, sino por los frutos que pueden cosecharse después de que la información llega a su destino, en nuestro caso los lectores. Si la información sólo puede ser leída por unos pocos, quizás aumente su precio, pero su valor se reduce a lo que con ella puedan producir los que tuvieron la oportunidad de obtenerla. Es por esto que Letralia es gratuita. Disfrute usted, estimado lector, de este pequeño producto hecho en Venezuela, que le entregamos sin mezquindad, y aumente su valor difundiéndola por todas las vías que tenga a su disposición.
Jorge Gómez Jiménez Letralia, Tierra de Letras, es una producción de JGJ Binaria. Todos los derechos reservados. ©1996, 1998. Cagua, estado Aragua, Venezuela
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