Una producción de JGJ Binaria Cagua, estado Aragua, Venezuela info@letralia.com Resolución óptima: 800x600 Todos los derechos reservados. ®1996, 1998
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Edición Nº 60 7 de diciembre de 1998 Cagua, Venezuela
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La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
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| Letras de la Tierra de Letras |
Advenimiento de la sed
Yamil Rodríguez Montaña
Advenimiento de la sed
Llega el cuerno del eclipse a domesticar la rabia
que estos huesos anidan sin rencor.
la miel se ha ido con el alba
con los hipocampos muertos en la arena
y la garra muda de estos días salta hacia la sombra
que otros nombraron plomo
agua arremolinada del estío
vendaval trashumante de la sed.
Esta es una noche de ajenjo y de espuma
de máscaras y feria taciturna,
una cifra que marca como un signo
donde puedo leer el hambre de los duendes,
degustar la oscuridad del unicornio
que pasta en el asfalto.
Y en la otra orilla la luz hace su nido para nadie
como si los perros no supieran jamás del paraíso
como si las mil decapitadas alas no volvieran al viento
blandiendo esas dulces herejías
con las que se besa un cuerpo malherido
y se ama el vacío de los otros.
Oh, esta noche, precisamente ésta
es un árbol talado a los pies de un fauno triste,
la sombra del arpa ciega de locura,
una tristeza más en el espejo de los días
hasta donde llega el rayo cruel de la demencia
a acariciar el sueño de la luz.
Camagüey, 25 de junio y 1998.
Desnudo de la sombra
Los tambores se comen el paisaje de la noche
adornada por una triste algarabía
que destila alcohol y lágrimas secretas,
canciones y palomitas de maíz.
En este rincón alucinado de la isla
están los monos viejos y los diablos
reclamando los antiguos adoquines y la fe
que una vez les profesaron.
Vienen y van las cuchilladas del amor,
pétalos dulces de metal buscando polen
entre la hojarasca de una estación
más pobre que los dientes secos por el hambre.
Y pasa Dios con la cabeza gacha
aún sin paladear la sed de los disfraces
con los ojos sucios de la amargura de las calles
y en las manos la mordaza del silencio.
Esta ciudad apuntalada muere
como una ballena enamorada de su arpón
que abandona a sus hijos en letargo,
piedra a piedra se viene abajo hastiada del beso de los siglos,
tocada por la garra de este circo que se harta
con el fino menstruo de la nada.
Aquí, he visto los venablos de la luz hoy tan lejos como nunca,
encorvados de espaldas a esas carrozas que el esplendor olvida
mientras llega el sutil fragor de la carne,
beoda y rancia, a sepultarlo todo,
como un golpe de espadas que desvirga.
Sí, aquí está la sombra en el declive de la sombra,
el cáliz del silencio;
he aquí la magia de estas piedras derruida,
la miel de la euforia perdiendo el equilibrio,
cuando no falta casi nada de la noche
y la ciudad indiferente es un secreto caballo de madera.
Camagüey, 2 de junio y 1998
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