Libación mongola
Es aquí que nosotros le hemos capturado vivo. Como él se batía bien nosotros le ofrecimos servicio: él prefirió servir a su Príncipe en la muerte.
Nosotros cortamos sus corvas: él agitó los brazos para testimoniar su celo. Nosotros cortamos sus brazos: él vociferó de devoción por Él.
Nosotros hendimos su boca de una oreja a la otra: él ha hecho una señal, con los ojos, de que permanecería siempre fiel.
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No reventamos sus ojos como al cobarde; mas cercenamos su cabeza con respeto, vertimos el kumis de los valientes, y esta libación:
Cuando tú renazcas, Tch’en Houo-chang, haznos el honor de renacer entre nosotros.
Escrito con sangre
Nosotros estamos extenuados. Nos hemos comido nuestros caballos, nuestros pájaros, las ratas y las mujeres. Y nosotros tenemos hambre aún.
Los sitiadores taponan las almenas. Ellos son más de cuatro mil; nosotros, menos de cuatrocientos.
No podemos tensar el arco ni gritar injurias sobre ellos; solamente rechinar los dientes por ansia de morderlos.
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Estamos verdaderamente extenuados. Que el Emperador, si él se digna leer esto escrito con nuestra sangre, no tenga reproches por nuestros cadáveres,
Pero que Él no invoque a nuestros espíritus: nosotros queremos convertirnos en demonios, y de la peor especie:
¡Por ansia siempre de morder y devorar a estas gentes!
Juramento salvaje
Tú no saldrás de aquí hasta que el combate finalice entre nosotros. Ve estas lanzas, estos huesos esculpidos; escucha estos gritos, este chocar de armas;
Tú me debes esta vertiente de la montaña, veinte y veinte esclavos amarillos de larga coleta y doce hembras de esta especie china.
No cuentes con ninguno de tu clan para ajustar este asunto: tú o yo o los dos, muertos —eso, ¡te lo juro:
Por esos dos grandes perros de pelo leonado crucificados allá abajo lomo contra lomo!
Cortesía
Yo acepto pues este uso después de la lucha: Si, vencedor, excédete en dignidad a tu vencido, preséntale la copa honorífica (a fin de señalar tu victoria decentemente).
Sucede entonces la batalla y el golpe y el gesto después del golpe: yo prometo ser ceremonioso.
Mas, llenando el cuerno de vino tibio —que él beberá—, yo vertiré, en el pozo sin fondo de mi alma,
Todo el oleaje suave de una risa decentemente ceremoniosa.
Orden al sol
Ma, duque de Lou, no pudiendo consumar su victoria, dio orden al sol de remontar hasta la cumbre del Cielo.
Él le retuvo allá, fijo, con el extremo de su lanza: y el día fue largo como un año y lleno de una embriaguez sin noche.
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Déjame, oh alegría que desborda, mandar a mi sol y devolverlo a mi aurora: ¡Que pueda yo agotar esta felicidad de hoy!
¡Ay! Se escapa de mi dedo tembloroso. Él tiene miedo de ti, oh alegría. Él huye, se esconde, una nube lo abraza y lo traga,
Y en todo mi corazón se hizo la noche.