Consejos al buen viajero
Ciudad al extremo del camino y camino que se prolonga a la ciudad: no escojas pues entre uno u otro, sino una y otro alternadamente.
Montaña cercando tu mirada, la visión y el contenido que la llanura redonda libera. Gusta de saltar rocas y escalones; pero acaricia las losas donde el pie se apoye bien en lo plano.
Descansa del sonido en el silencio, y, desde el silencio, dígnate volver al sonido. Sólo si tú puedes, si tú sabes estar solo, derrámate a veces hasta la muchedumbre.
Cuida bien de elegir un asilo. No creas en la virtud de una virtud durable: rómpela con alguna fuerte especia que queme y muerda y dé un gusto incluso a la insipidez.
Así, sin parada ni pasos en falso, sin cabestro y sin establo, sin méritos ni penas, tú alcanzarás, amigo, no al pantano de los gozos inmortales,
Sino a los remolinos llenos de embriaguez del gran río Diversidad.
Tierra amarilla
Otros montes desgarran al Cielo, y elevando lo más alto que pueden las tormentas de sus cimas, dejan hundir profundamente al valle.
Aquí, la Tierra invertida esconde en los huecos de los flancos sus grietas, oculta sus resaltos, extingue sus picos —y muy abajo
Las olas de lodo cargadas de oro, desmoronadas por las sequedades, pulidas por las lágrimas subterráneas guardan por algún tiempo la forma de las tempestades.
*
Mientras que, superior, ignorando los tumultos, derecha como una tabla y alta al igual que las cimas —la llanura extendida
Nivela su cara amarilla bajo el Cielo cotidiano de los días que ella recoge en su superficie.
El paso
Dos mundos se empalman aquí. Para subir aquí, ¡cuántos obstáculos!, ¡cuántos retrocesos de las caravanas!, ¡cuántos intentos repetidos!, ¡cuántas esperanzas!
Heme aquí, ¿dices tú? Resopla. Mira: a través del arco de la Larga Muralla, toda la Mongolia herbosa despliega su harnero en el borde del horizonte.
Están todas las promesas: la caminata, la carrera en el llano, el amblador en la etapa infinita, y el ensanchamiento sin hitos, y la huida, la dispersión.
*
¿Todo eso? Sí. Pero mira una vez más hacia atrás: la áspera subida, el rocalloso deseo, el esfuerzo alegre y aligerante.
Ya franqueado el Paso, tú no lo sentirás más. Esto es verdad.
Estela de los llantos
Si tú eres hombre, no leas más: el dolor que yo llevo es tan vasto y grave que tu corazón se ahogaría.
Si tú eres Chenn, desvíate más rápido aun: el horror que yo señalo te pondría pesado como una piedra.
Si tú eres mujer, atrévete y léeme para que prorrumpas en risa, y no olvides jamás dejar de reír,
Mas si tú sirves como eunuco en Palacio, colócate frente a mí sin peligro ni rencor, y guarda el secreto que yo digo.
Estela del camino del alma
Una insólita inscripción horizontal: ocho grandes caracteres, de dos en dos, que deben leerse, no de derecha a izquierda, sino al contrario —y lo que es más,
Ocho grandes caracteres invertidos. Los transeúntes exclaman: “¡Ignorancia del grabador!”. O bien “¡Singularidad impía!” y, sin mirar, prosiguen su camino.
Vosotros, oh vosotros, ¿no la traduciréis? Estos ocho grandes signos retrógrados marcan el retorno a la tumba y el Camino del Alma —ellos no guían los pasos de los vivos.
Si, desviados del aire suave para los pechos, ellos se clavan en la piedra; si, huyendo de la luz, dan con la profundidad sólida,
Es, claramente, para ser leídos en el envés del espacio —lugar sin caminos por donde avanzan fijamente los ojos del muerto.