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Pensar sobre la angustia
a Schopenhauer y Kierkegaard, Uno llama cansancio, destino o libertad al gran vacío que va tejiendo con sus células, mientras convierte su lamento en el motivo de su angustia. Como una abeja en agridulce solitario uno descubre que no puede, después de mil intentos, que no puede, cambiar siquiera su forma de reír o de llorar. De qué sirven entonces los manuales, los espejos y recuerdos, si al fin y al cabo se nos muere siempre en el momento exactamente imprescindible cuando nos es terriblemente necesaria, toda la claridad de la esperanza.
A su derecha está el cielo,
el cielo está a su derecha,
Mientras bebo este café
pienso que el mundo no es
tengo la angustia y la muerdo,
en el universo yo
para ascender y llegar
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