
II
En la Fiesta de los Faroles los niños estimulan la imaginación. Salen todos de sus casas vistiendo trajes recién estrenados. La emoción la traen en los bolsillos y sus peinados son para la ocasión. Flecos rojos, varillas, papel y engrudo van de mano en mano y la obra salta a relucir por el aire.
El conejo que estaba en la luna macerando en un mortero baja y, a brincos, emblanquece a su niño poseedor. Del estanque brotan los peces dorados y se vacían de sus aguas. Luego, se colman de velas encendidas y alumbran los patios. Las esferas púrpuras inflaman sus alegrías para dejarlas colgadas de los extremos de las ramas.
Durante la noche de la Fiesta de los Faroles las estrellas alumbran a nivel del suelo y los niños saltan por sobre ellas a la pata coja.