A la sombra de un kiosco

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Tomé una de las manzanas amarillas —recién compradas por la tarde— y me quedé mirando extasiado la estrechura inferior. Introduje un dedo pulgar en el agujero, con lentitud y calculada fruición. La falange acariciaba el ano de Liu Wei o de Lin Hui. Dejé caer mi saliva en el reducto de la fruta. La falange penetró más y empezó a rotar en el interior. La fragancia de la manzana se esparció al abrirse ampliamente su textura y dentro de mi cerebro escuché el gorgoteo delicioso de las aberturas de dos diferentes mujeres.