Onanismo por derivación y por impresión en los olfatos. Si aullamos encontraremos la morada del olisqueo. En las riberas de los ríos los efluvios se aficionan al retorcimiento de los músculos. Desde los orificios de la nariz hasta el ombligo siempre omiso se derroca una ubicuidad de miedo. El mismo impudor alborotando su vino.
Ejercicios de la aguja y la tachuela en el centro del perfil. Los residuos del humo acompañan a la estocada en su ataque contra los frutos. Por de pronto, los husos se ahuecan y rápido pasan de moda. Irrisión hacia la profecía de los relieves. El gerundio arrebatando por el suelo y del subjuntivo tengamos lo que se mueve. ¿Decía nervioso?
El deseo dota de una mosca exuberante que salta y revolotea encima de la frente. Por añadidura, se invierte la frontera entre lo caduco y lo profano. Unos vientos iban dulces y se anticipaban al fallecimiento del predicador. Un líquido tomó terreno delante de la esperanza del gnóstico. Flauta y dos conejos en el itinerario del invulnerable.
El combate introdujo la ofrenda dentro del candil y la llama ganó la intrusión en el otoño que se alteraba poco. ¿Temporada de enredos y de referencias al patente lugar? ¡Yesca, pequeño mal de la fertilidad! La memoria se lastima con descomposiciones del mundo. El mosquito se resbala en la ensalada después de haber servido de peón. Desde los huecos una sinfonía de hocicos aceran la audición y logran enfermar a los voluntarios de la diversión. (De paja crece lo recóndito en medio de la veneración de las iguanas). El que ha llegado a la edad de nombradía muestra su oficio en las uñas.
Se extirpa el agua y se inicia la rabia. El simplismo gana suficientes adeptos allende las barriadas. Todas las enfermedades se tornan menos esquivas y los hombres inacabados salen a templar heladuras. Ha de hacinarse la gravilla y el canto del funeral. Las viseras facilitan su rotación: burbujas infames entre el espesor de los ruidos. ¿Y si repiten el guiso de gorgojos? ¿Cuál será el extremo del hilo? ¿Su básico proceder?
Redecillas de la vida holgazana. Sonoridades en el uso de las ruedas. Cargas y tosquedades. Amasijo de espíritus en campaña. Células asesinadas, encarceladas, troceadas... Variaciones en las fases de la bajura. Garbanzo más blanco que una trampa. ¿Palabrotas? ¿Palabritas? Groserías de ganchete y fruncimientos de los apáticos. La anatomía se incomoda de desidia. ¿Se volteó la comparsa y sus nudos? ¿La polvareda que centellea con el bastidor inmundo y el resto del basilisco? ¿Refino impedido?
La máquina de florear, al fin, flipa. El dictamen es por el oro. ¿Alguien lo dudaba? Imitación del calendario con piropos, natas y cursilerías. Justicia para el jabón, hablando de lo mohoso. El rasgo más aparente es el mejor formado. Los cármenes del litoral se enaltecen de petunias hediondas a escamas. Por esos lugares, los fantasmas saben de baladronadas y coleccionan espuelas para los gallos del agua. Los fanales confían en sus famas y se aplican al estallido de sus luces por debajo de lo negro más bajo.
El errabundo ha descubierto las tablas y las cree inmaculadas y estampas le dedica. Esos hombres atraen la actividad solar y se derrumban y se les alojan cangrejos en el pecho. ¡La zoofilia es un sueño que se prolonga, a veces, en vano! Partículas que en mirándolas se desvanecen o, de súbito, se agrandan y buscan pelea. Es más favorable haber nacido con una resistencia negativa y un vacío en el esternón. Al expeler un eructo se piensa en los hombres ilustres de la patria. Vamos a desear tan solo una anchura para poner los pies y despabilarse y sobresalir manejando con destreza la botella de licor y separar los ejes inerciales para que adquieran cinetismo y con el demostrativo de la tardanza quedarse dormido por siglos y siglos.
•
I •
II •
III •
IV •
V •
VI •
VII •
VIII •
IX •
X •
XI •
XII •
XIII •
XIV •
XV •
XVI •
XVII •
XVIII •
XIX •
XX •
XXI •
XXII •
XXIII •
XXIV •
XXV •
XXVI •
XXVII •
XXVIII •
XXIX •
XXX •
XXXI •
XXXII •
XXXIII •
XXXIV •
XXXV •
XXXVI •
XXXVII •
XXXVIII •
XXXIX •
XL