Claves lanzadas al espacio o a las aguas • Wilfredo Carrizales
XXXI

Kefir sobre la esplendencia de la yerba que se acogota. Kinkayú que forma una enroscadura pequeña. Caimanes se han movido con total negligencia en los pantanos del traspatio. Cayenas en la abundancia de la luna mientras cabalga un jinete con poca cabeza. Icacos moreteados por la sabrosura del verano. Resumen de vistosidades.

Vil dispersión por el aire. Se remueven los tizones de las enfermedades del fuego. Se eleva la presión de las pasiones. Muere el tirano suspenso de un gancho.

El caballo de la profundidad apoyó sus dientes sobre la corriente del vicio. Era de tiro el equino y su porte se usaba en distintas alusiones. Tiritaba al momento de sufrir daño moral y pronto alcanzaba el suelo. Con correas se le halaba hasta el establo sin piedras. Allí se asía a su trayectoria y la distancia le llegaba con holgura.

Surgen los señores de las estelas de la parte austral del foso. Se allegan sin adornos y sin genética. De improviso forjan fantasías. Convierten el quimo en torsión de arbustos lelos. Se marchan por los valles en medio de sustancias de un solo pelo.

La ruina de las odas frente a la casa de huéspedes. Purgatorio sujeto a la voluntad de los arrumacos. Anuncios de manos cerradas y postillas en los ojos del sexo.

Desde la ebullición compiten los cinceles y las guarachas de pitones vivos. Hablando se sobrepasan las cuitas. Una rotación de manubrio determina el aullido del alma dura. Instantes de los contrastes en las puntas de las guitarras. Acaecen las punzadas astronómicas del corazón. ¿Atacarán las tajadas de la carne en su fase larvaria?

Recordar las pulmonías bajo el granado. Sobar con nostalgia los machetes. El aguamiel estará en el tanteo de su ebullición. Maletas para el teclado y predicaciones de los tentáculos. En la extrema porfía una pulga apuesta por un gatillo que pule.

Concierne a lo pueril. Limpieza y pretensiones. Edad que media entre gozne y resorte. Los anillos ruedan en la viscosidad del plenilunio. Se alternan los síntomas y los apuros. Un rapto se produce cónsono con la higiene del agua. Drama de la heredad.

Propincuo, el órgano de la gratificación. Se esmalta al vaivén por añadidura. De tres naranjas, dos rozan preferidas. Nuestra prédica se queda en las manos.

Nubes en las gargantas y nudos en los momentos eclécticos. Se oscurecen los juicios y se eslabonan los zoquetes. El que cuida las almendras pronto se despabila. Se nota una mujer que arrastra una infamia. El público disciplina su perspectiva.

Contrapunto del lobo sobre la azotea. Pérdida del tiempo en bondades. Proceso de la renovación que se advierte. Los aliados se soplan las sevicias. Las incorporan a sus aceros. ¿Dónde se esconderán los reparos con el advenimiento de las trochas?

No ganar para árboles. Ni qué mencionar las semillas. Los nordestinos abrevan en aljibes que no existen. La gramática se vuelve vituperable. Arden las razones y los rudimentos. Un animal noqueado: hito para los tuertos. Falta un aparejo en el pedregal.

Se retuercen las cuerdas. Se afloja el corral. Las torceduras producen choques adelante. La menor evasión se ejecuta en medio de montones de migajas. Según la tradición. Hormas, de las dulces. Cualquiera padece una galladura. Responde lo macizo el intento de la protesta. (Siguen las galaxias su desconocido vuelo, arrastrando argucias, despejando cienos). De huevos, se colman los parajes y se caldean las nervaduras que refuerzan los muros. (Donde no hay llamado expira el mudo).

Guía saturada del aceite de lo único. Breve bagatela para pies campesinos. Fin y convención. Si no se muestran manchas en la entrada, el ánimo se magnifica.

 
 

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